miércoles, 22 de octubre de 2008

La vida y la letra, 3

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El gorrión de Gombrowicz. Parte 1 de 2
,Parto de la “falacia de la creación”, esa caracterización del artista, del poeta, como el místico que saca mundos de la nada, como conejos de chistera. La metáfora del mago no es gratuita: hay más de ilusión (de simulacro, de percepción dirigida) en los efectos que la poesía consigue que de magia verdadera.
,Como en los antiguos, la magia consiste y acaso siempre consista en un trabajo de voluntad que involucra un modo de fe con un efecto en el mundo; pero al final, la magia surge sola y casi como a pesar de lo que podamos decir o hacer. Al igual que en el tiempo mágico del sueño, la conciencia asiste únicamente al instante mágico, inflexible ante su voluntad. Blanchot: “uno escribe un poema, pero no puede hacer, por su sola voluntad, la Obra” (o algo así, de “El espacio literario”).

,No hay nadie más escéptico que yo sobre aquellas teorías del “hombre cósmico”, o “el destino del hombre en el universo”, etc. Me parecen mala literatura e ideas muy gratuitas. Pero una cosa no deja de ser cierta, si se quiere, en términos físicos: la materia no es permanente, sino que es permanente estado de mutación, de revolución, de cambio. Aquí está la mística oriental, el I-Ching: lo permanente es el cambio, idea cara a Octavio Paz para caracterizar el flujo de la historia y de la literatura. Así, no me parece excesivo hablar de un movimiento astronómico en clave dialéctica de creación-destrucción como un transcurrir traslapado, simultáneo, del que la vida, la obra humana será un eco ínfimo e inapreciable. La vida del universo, podemos decir sin violencia, excede fácilmente toda medida temporal humana.

,La “obra humana”, la Historia o lo que se quiera -harto más frágil que el universo, ese contexto excesivo e inapresable, está condicionada a reducirse, o si se quiere, a reintegrarse a la nada absoluta del mismo devenir del universo. Si hacemos caso a los físicos doctos en estrellas, nuestro planeta es joven, pero nuestro sol envejecerá y nos engullirá, o un astro colosal barrerá todo nuestro orgullo humano con todo y sistema solar, en cualquier momento. Ojo: no soy fatalista, es el contexto en que se posibilita la vida. Esa reintegración o reducción a nada será ulteriormente tan absoluta, tan total, que no podemos imaginarla en cifra de olvido –una pequeña nada que se da por descuido o saña contra el otro-; una Nada tan absoluta que será como si el hombre nunca hubiera existido: tendríamos que destruir el universo en su totalidad, como un acto humano supremo, para marcar una impronta real en el devenir de lo cósmico. Y si a eso, a la desaparición, se reduce lo humano, bueno, uno puede trabajar y vivir en el mundo con el cuello de la camisa un poco más holgado.

,Pensaba, caro Lector, en estos días raros en que cumplo por cierto 23, que si, como los cristianos en sus momentos más felices, yo también podría ver en mi vida una misión o algo que se parezca a un destino en mi día terrestre. Uno se pone místico en fechas que constatan el paso del tiempo. Y pienso que si he venido a algo ha sido a leer. ¿No a cortar el césped, no a atender una pizzería, a conducir un camión? No: a leer, a aprender a leer, a tratar de leer el mundo, a recibir, que es una forma de darme al mundo, de estar en él.

Lo que pomposamente y no sin sonrisa podría llamar “mi escritura”, si parte de algo, parte de la ruina. Pienso en la María Zambrano de “El hombre y lo divino”: no se puede partir, trabajar sobre algo que ya está hecho: el parto mismo, el dar a luz, es nacer a partir de la ruina, de la muerte del feto, de dejar el cuerpo de la madre destrozado por nuestro paso brutal al mundo; el proceso histórico de conquista, la historia de los imperios, para su constitución, no parten de nada, de algo virgen, sino que, o se hace tabula rasa como en la colonización sajona de norteamérica, o bien se asume la ruina como cimiento para el mestizaje cultural, como en la conquista de México, proceso de asimilación no exento de una brutalidad similar a otro parto. Partir de la tierra fértil dejada por el paso de la piedra volcánica que ha arrasado con lo que había, y deja la devastación lista para lo que viene. Partir de la ruina: ¿cuál? La de los ídolos, las utopías, las ideologías, que como vestigios conforman momentos de lo real y se suceden ante nosotros; o de esa otra ruina que es la palabra, imaginada torre de marfil para lo más grato que puede dar el hombre (los salmos del Rey David, la Vita Nuova de Dante, Platón mismo); pero también de su contrario, la constatación del fracaso de lo humano, del dolor, de la imposibilidad de ser algo más que sí mismo (el libro del Eclesiastés, Job, Rimbaud, Philip Roth)

,Todo trabajo, toda escritura, parte de una grieta, de una escisión que amenaza con rompernos. El poeta Milán ha dicho que la permanencia abierta de la herida es lo que hace posible la escritura. ¿Cuál es esa herida, esa grieta? Primeramente la inserción violenta en el mundo, el sí-mismo de ser hombre. Si a mis tres lectores les parece demasiado gratuita mi respuesta, piensen que no sólo la escritura, o el arte, sino cualquier actividad humana parten de la existencia en el mundo (aquí me confieso existencialista irremediable) para dar paso a lo demás, y que lo demás, es decir, la vida en el mundo, está limitada por la condición mortal, y posteriormente, excediendo todo término humano, por la del proceso de destrucción en que se debate la vida del universo. Así, no sólo la escritura, sino la contaduría, la alfarería, la pesca deportiva, el tenis de mesa, cualquier actividad humana, es prolongación, remedo del nonsense que da lugar al universo. No estamos hechos para durar: nos hacemos creer que duramos (oh, Augusto) para no pensar en la muerte, la mayor cobardía imaginable. ¿Aceptaremos los dones de la vida y no la condición mortal que los hace posibles? El empeño, la necedad, de la creación poética es la intuición de ser eco de ese movimiento mayor del universo; que ante la palabra somos un poco eternos, como dios, esa forma en que el universo se concreta, sin dejar por ello de ser hombres. De ahí nuestro entusiasmo; de ahí nuestra derrota.

,A veces imagino que ese gorrión colgado (que es pretexto y principio de esa novela diáfana y enfermiza que es “Cosmos” de Witold Gombrowicz) que encuentra el personaje Witold en medio de unos arbustos, no fue muerto y luego colgado, o apretado por una mano siniestra hasta la muerte, sino (ay, si seré cruel por imaginar estas cosas) atado vivo por el cuello de un cordel acaso muy corto, donde para respirar, para seguir un vivo, el gorrión no podría sino volar. Imagino a veces que somos como ese gorrión colgado, condenado a su aleteo feroz y desesperado –desesperado por la pérdida de toda esperanza, como en la entrada al Infierno de Dante-, y ya por desesperado, por irremediable, placentero -como el Infierno de Elizondo, donde en lo Eterno el tormento físico sería expresión divina, por tanto comunión con Él-; o si no placentero, por lo menos no inmediato; y en este no-ser-inmediato, lo suficientemente extenso para ensayar el vuelo acrobático, la arquitectura de catedrales efímeras de vuelo, teorías veloces de los mejores modos para enredar la soga del cuello y desenredarla, escritura de alas, conocimiento basado en la fenomenología del vuelo circular hacia la muerte; incluso canto.

Será necesario cantar incluso en el agotamiento de fuerzas, el suave sopor de los músculos de las alas, alas que poco a poco se enredan en sí mismas, el mareo de vuelta y vuelta por el eje terrible de la rama donde no podemos posarnos, la presión de la soga alrededor del cuello que sugerente invita más bien a rendirnos que a continuar el vuelo hacia ninguna parte; todo mientras se cantan los estados del cansancio, las flores que se ven alrededor, el sol altísimo, el niño siniestro que nos observa a distancia prudente, y cantar durante el trayecto circular las estaciones de nuestro patíbulo de aire.

,En estos términos, la "falacia de la creación" equivaldría a decir que ha sido el gorrión mismo el que se echó la soga al cuello. Lo más cercano a la verdad, según mi parecer, sería asumir que la condición del canto es la cuerda; que acaso enmudeceríamos sin la bendita cuerda: seríamos inmortales. Qué severidad...

Imagen: http://2.bp.blogspot.com/_jgD3cpBo9Do/RXRaHFTTY-I/AAAAAAAAAAk/Ap0m-JXkDRs/s1600-h/Witold+Gombrowicz+COSMOS.JPG

2 comentarios :

  1. Simple como decir MANCHA:_ yo me contradigo. No importa, Mancha, es mancha mancha

    No importa: propaganda???

    Sonrisas.
    rISAS:_ JAJAJAJAJAJA
    RISAS ESTILO SANTA CLAUS: JO JO JO

    etc
    Un zuuuuuuuhm largo.

    aQUÍ MANCHAS,. ESTUDIAMOS ESTUDIAMOS ESTUDIAMOS
    GRITOS

    UUUUULKSÑDFJ DKDF

    SDKNFMKNCIODF

    MANCHA
    SIGNIFICA MANCHA

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  2. colabora con MANCHA, envía tus textos a nuestro correo. Pronto serás publicado. Un abrazo desde Urbilandia. México d.f
    nos vemos somos de Me´xico CU estudiantes??
    si te interesa unirte a MANCHA. PREGUNTA-.--

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mis tres lectores opinan: