miércoles, 31 de diciembre de 2008

Para recibir el año que nadie parece querer

No conozco la etimología de "nueve", y sería sencillo googlearla, pero prefiero no saberla de cierto para suponer que viene de "nuevo", nuovo, lo más reciente de cuanto hay. Las noticias con respecto al mundo para el año que llega son poco alentadoras. Al parecer se nos vendrán encima las consecuencias de todos los años anteriores. Será entonces un año de cancelaciones con el pasado, una erupción volcánica sobre un prado gastado de cuyas negras rocas nacerá todo lo que no puede haber aún. Para perderle el miedo al nueve
Ah, si quieren saber el futuro llamen a madame Sasú o a Walter Mercado. El mañana es un misterio y el presente es un regalo. Por el tiempo se agradece, ¿a quién?, es lo de menos. Vivimos el mismo día perpetuo de la creación del universo, venimos llegando, como dice el querido Gonzalo Rojas, si separamos las estaciones, los días, las horas, es para entender nuestro "cuándo". Eso es un año y nada más, un cuándo que se objetiva en un día preciso al principio de las calendas. Lo recibimos con fiestas porque es un regalo; hacemos toda clase de rituales (barrer las entradas, salir con las maletas a la calle, tirar moneditas de baja denominación en las banquetas) para que la buena fortuna venga a nosotros y se quede todo el año. Es un día feliz porque es el único del año en que hay un sentimiento común de estar estrenando el tiempo. Es como cuando se cumplen años: se lleva la cuenta, claro, se hace un balance de lo que fue desde el año anterior, la vida, y se pide un deseo (¡o muchos!) en el pastel para la vida que llega nuevamente; se celebra la vida. Los días de Año Nuevo son como la celebración de la vida del tiempo. Contarlos es lo de menos, ya se sabe que los judíos van por el 3000 y algo, los chinos otro tanto, y que a cierto Papa le pareció buena idea borrarle unos años a la historia... Los aztecas también dejaban días sin nombre, porque lo adverso también debe tener sitio en el tiempo. Me gusta pensar también que cada año tiene un alma (ah, que nos estamos poniendo cursis, chale...): la del 2006 para mí fue terrible, hice mucho daño a los que amaba; el 2007 fue de puras consecuencias, "coseché" todo lo que sembré, como dicen, y perdí todo lo que creí tener; el 2008 fue muy raro, una vida nueva en un lugar nuevo, o más bien, la construcción de esto mismo, una re-construcción para mí, de lo mío. El 2009 sólo puedo pensarlo como el definitivo pase de abordar a mi vida inaugurada de nuevo, a seguir leyendo cuanto pueda, a aprender todo lo que pueda, a compartir con la gente que me rodea, a trabajar mucho, a dar todo lo que pueda. Sí, ya sé, se oye muy bonito a medianoche de Año Nuevo... pero francamente me daría mucha hueva ponerme tan alarmista como todos. El Pinche Nico dice que el 2009 no será tan malo como se dice, pero que es mejor exagerar un poco para que no nos agarren desprevenidos los golpes que el destino da. Y bueno, qué estoy queriendo decir... Pues eso, que no me quiero dejar convencer de lo que se dice del 2009. Si no tuvieramos este nuevo tiempo que se nos da ¿cuándo componer lo que no nos hace bien? ¿Cuándo planear dejar de fumar, aprender francés, casarse, esas cosas que la gente no se atreve a hacer? Pues ahora. Los noticieros, como el infierno, también se hacen con las mejores intenciones; pero si Lezama dice que el infierno está vacío, y Elizondo dijo que en lo eterno el suplicio se vuelve placer y contemplación de la ausencia de dios, que no por ausencia deja de ser divina, entonces no hay qué preocuparse tanto por nuestros infiernitos. Preocuparse lo necesario porque son nuestros: pre-ocupación ya es el inicio de la acción sobre lo que angustia, es lo anterior al acto. Espero que tanta preocupación del mundo en estos días sea el germen de lo bueno que nos falta. Bueno ya, ese fue el mensaje zen, felices fiestas, intoxiquen sus cuerpos de la manera que les sea más placentera, mucha fiesta, harto sexo, abrazo a los conocidos cuando los vea, y a los desconocidos en la distancia. El abrazo más sincero para la gente que no conoceré nunca, que su año sea todo lo que necesiten.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Alumbramiento

La ficha de TuTubo dice: Librotrailer de la colección de relatos cortos de Andrés Neuman, publicada por Páginas de Espuma. Realizado por Tarlatana Producciones. Siguiendo con lo que decía de la narrativa breve, el cortometraje sería la forma mnemotécnica del cine para con el relato breve. Incluso para con el haikú, quién sabe. Pero mientras la poesía ocurra, la forma es lo que más se adapte a producirla. Felices fiestas.

martes, 23 de diciembre de 2008

La vida y la letra, 5

, Extraño placer: separar las hojas pegadas de ciertos libros. ¿Por qué las dejarán así? Me pasó con este "Últimos trenes" de Nacho Padilla que compré ayer. Pero también antes con Sharon Olds, Whitman, Jabés y algún otro. ¿Estrategia de ahorro en el suaje de los bordes? No importa: es como un sello de garantía de que el libro está intacto, que, como las esposas del Rajá, no han sido miradas por impuros; o cinturón de castidad que retiramos, firmes, y como agradecidos. , Así, la primera lectura del que separa las hojas será la original, la irrepetible verdadera; la ceremonia previa a la lectura se vuelve promesa. Al cumplirse en la lectura, donación de secreto, apertura, posesión total del espacio blanco entre las palabras, lo que por fugaz se evade como todo placer cierto. Y como cierto, surge una resonancia: toda lectura auténtica es remover un sello invisible buscando la emoción original. , "Últimos trenes" (UNAM, 1996) no es nuevo. No quiero hablar del Crack que es como ponerse una camiseta para siempre. Es un excelente libro de narraciones breves y ya; el mejor ejemplar del género, para mí, es "El que espera" de Andrés Neuman. Están los pobremente valorados "Gog" y "Magog" de Giovanni Papini, también. Estos libros me parece que tienen en común una belleza descubierta por exceso: los personajes --tipos humanos de lo más familiares-- salen de lo esperado (me caga últimamente la palabra "cotidiano", disculpen mi francés) para desbordar lo real que les toca: la víctima se vuelve asesino; el taxista, chofer; el minotauro, arquitecto. Son cuentos que me gustan, creo, porque se leen como poemas: dejan una vibración más que una certeza, uno no cree haber terminado la lectura del todo. Esa incertidumbre feliz permite volver y verificar que, efectivamente, la micro-ficción también opera según una disposición precisa de las palabras con respecto a sus efectos, con una estructura suficientemente compacta para dar la sensación de totalidad en poco espacio discursivo. Chale, prometo dejar de abaratar el asombro el próximo año. , La lectura de novelas es una experiencia que se funde con la vida de otra manera. Más allá de estadísticas de lectura rápida, una novela, podemos convenir, toma más tiempo en leerse que un libro de poemas. Entonces se queda más tiempo formando parte de nuestra (agh) cotidianidad. Uno se descubre pensando en la estrategia para matar al jefe del partido, el peso de las bombas en el portafolio es mayor al de los libros, las imágenes de la hermosa vista al anochecer en Pyongiang vuelven durante el trayecto... Luego termina la novela, muera el jefe del partido o no. Pero uno ha de volver a lo suyo, a tomar posesión de su trayecto como siempre, a recordar otra hermosa más local... , Separar géneros es una mierda: hay poesía o no. Tengo para mí que la hay cuando la impresión permanece habitante del lector, se niega a desalojar el recinto del ojo; a entender que la función terminó. , Pero la función no termina nunca realmente. Quiero creer que en el futuro diremos "novela" o "coreografía" o "sonata para piano" en la manera sencilla y cercana en que los colores nos parecen familiares y como miembros de una misma cohorte de luz. La función ya no definirá al artista; no será 'escritor' o 'bailarín' o 'músico' como condicionado por su lenguaje, sino que libremente pasará de una técnica a otra, de una disciplina a otra como por cuartos de una misma casa. Decir "multidisciplinario" será pleonasmo, porque será el día de la absoluta contaminación, de la abolición de la búsqueda de la pureza para dar paso a una búsqueda pura, pensar más en el camino que en el formato. , Contagiado por esta quincena desastrosa de navidades, uno se deja llevar más de lo normal y desea cosas como ésa. Pero bueno, como dice Zaid, se toma el juego en serio o no se juega.

martes, 25 de noviembre de 2008

Filosofía y niños

1. Mi primo pregunta: ¿por qué Jesús es Cristo? Coño. Se llama David. Tiene 6 años y es una pirinola. Y ahora resulta que de la nada se le despertó la curiosidad teológica. A su edad, Dios era lo que más me angustiaba a mí. Acaso siga siendo mi pensamiento más extenso durante el día. ¿Pero por qué preguntarme a mí, a un cuasi hereje? Pues bueno, le expliqué lo que dice la iglesia, lo que le dicen los domingos: "Dios Padre hace que su hijo venga a la Tierra para enseñar el amor..." --¿Pero si es Dios, por qué muere? (fuck!) --Bueno, porque al venir a la Tierra era un hombre, como nosotros. --¿Y por eso lo matan? Yo no creo que Cristo sea Dios. Creo que Jesús el Nazareno era un excelente propagandista, alguien que legítimamente quería aportar felicidad a los demás, un filósofo popular, un enemigo del César que mereció la cruz como tantos otros. ¿Pero qué le contestaba a mi primo? --No importa cómo murió, piensa mejor cómo vivió, cómo le dio esperanza a la gente mediante la palabra... Luego me preguntó sobre el Mal, sobre la confesión, sobre el arrepentimiento. Es enfermo que exista un dispositivo espiritual que le genere una angustia tal a un niño. ¡Cómo se puede pensar en el mal! Y claro, yo tenía una culpa grande por cualquier cosa, por cualquier pequeño pecado de pensamiento-palabra-obra y omisión... Otra cosa: tiene dos nombres, el del rey David y Azael, ángel que "convive con las hijas del hombre", según Enoc. Es decir, ya en su nombre hay una carga simbólica muy fuerte de transferencia: está destinado inconscientemente a matar gigantes, a ser un picaflor. Le dije: Dios te dio el libre albedrío, sé lo que tú quieras mientras te sientas feliz. De acuerdo, la felicidad está sobrevalorada. Pero la búsqueda de la felicidad es más legítima que la de la verdad. La verdad podemos conocerla, si acaso, por lo bello: lo bello es bello tanto que bello. No aspiro a otra verdad realmente. Y la felicidad es tan efímera que hay que pensarla en fracciones de tiempo ínfimas. Esperaré hasta su siguiente cumpleaños para hablarle del nihilismo... 2. Hubo dos cosas maravillosas en la lectura del viernes pasado en el Claustro: 1) Que Edmée descubriera que después de todo era poeta. 2) Azul. Azul es una niña (¿4, 5 años?) hija de una de las poetas que leyeron ese día. A su madre como a ella las vi también en un evento de "Poesía y Movimiento" en el metro Bellas Artes donde también me encontré a Rojo. La pobre Azul estaba harta (¿qué es esto de que la gente en esta historia tenga nombres de colores? ¿Influencia inconsciente de "Reservoir Dogs"?), y recuerdo que pasó a nuestro lado indignada por el trato que estaba recibiendo... Pero con todo y el frío que hizo en el claustro este viernes, Azul se veía de lo más feliz. Mientras me discurría en profundas libaciones, la pequeña Azul me tomó de la mano y me pidió que la subiera al escenario. Arriba, sintió un poco de miedo escénico, que se diluyó rápidamente. Su madre le pidió que bajara. Azul me asegura que en una próxima lectura leerá ella misma sus versos. Los imagino bellos. Reencontrarse con amigos, atenazar el miedo a lo propio, fundar nuevos recuerdos. Si eso no es poesía, entonces no es nada. ¿Y una niñita llamada Azul viene y me toma de la mano? Haya esperanza.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Las Fuentes de la autocensura

Para los tres lectores que tengan jeisbook en el grupo de la Revista Replicante se está llevando a cabo una nutrida discusión en torno a los limpiabotas, ejem, críticos literarios que hablan o dejan de hacerlo sobre la vida, obra y milagros de nuestro very own Carlos Fuentes. Para consultarla empujen estas palabras y no se lo pierdan.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Slam de poesía- Universidad del Claustro de Sor Juana

Las microscópicas letras del cartel conminan a todos ustedes (y a los 3 lectores que se enteren por aquí) a asistir el viernes 21 de noviembre a la Universidad del Claustro de Sor Juana, (Izazaga 92, muy cerca del metro Isabel la Católica, col. Centro) al fabulosísimo slam de poesía que tienen a bien organizar en beneficio de la felicidad y la esperanza, y de todas las cosas buena onda que vienen a la cabeza cuando la gente se reúne, impúdica, frontal, casi desvergonzadamente a leer sus cosas, como si no hubiera mañana, caray. Va a estar más que bien esto, pues. En fin, ojalá puedan ir y ser felices. Ah, es a las 6.

En fin, que nunca pude poner el trinche cartel en grande. Sorry.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Poemas

Esta tarde leí unos textos en el 1er maratón de poesía Donceles 66. ¿Los pretextos? El día nacional del libro y homenajear a José Emilio Pacheco por sus casi 70 años. Digo pretextos porque no hay razón para leer poesía realmente; es una suerte de resistencia nomás. Escribirla o leerla el mundo como está, es ya en sí un acto poético, una ingenuidad sagrada. Aquel que lo hace no anda muy bien o tiene una definitiva esperanza en el futuro. En mi caso, siento pertenecer a las dos categorías propuestas. , Identificación de la Belleza Reculan y citan los peritos a comparecer a la Belleza, una Elena de barrio, 17 añitos a lo más: cuentan los dientes que le faltan, verifican la dureza de las escamas, la solidez de la pezuña, la curvatura de la joroba de acuerdo con los registros de proporción áurea vigentes. Que no se parece a nada, dicen: sabe a limón. , Novela negra Quede claro: crujido no hay de insecto superestético ni cinestésico ni revolucionario, más que bosque no hay nada en el crujido más que bosque agazapado, cruel ternura del paso por el patíbulo del vestidor, cuarto, noche dentro, interior como claqueta de película, señor Juez, en los caminos secretos de la ciudad donde no existe frotamiento sin evidencia del amor sin evidencia del paso del amor por el gatillo ni rastro de sangre ni taza con labial recién cortada, flores criminales con expresión de culpa, (las muy perras) muecas sin asombro, sin sombra de asombro, sin punto evidente, no hay amor sin evidencia no hay amor no hay no que porque el cajón se vacíe no va su madre de vacaciones con el cuento de la hermosura, de mandar a la madre, así, de manera que le fuera más sencillo, que tuviera el frente del hogar despejado en la mala hora de la carta, anónima como conviene en estos casos, fresca la tinta, pulpo de ayer y los cuchillos en el panal de madera, justo dentro, señor Juez, de la cocina, porque es la costumbre óptima en las casas decentes, sabe usted, menos el carnicero que no hallamos por ningún lado, al hombre tampoco de la mala hora, dio señales equívocas, sin embargo contundentes: salir de noche en bicicleta, no atender propiamente, señor Juez, cuando se le hablaba, sentirse interrumpido incluso a solas, venir a llamarse Raya, como animal de circo y no tener vergüenza para venir a leer sus cosas frente al jurado, señor Juez, pecador hasta la sombra le digo, hasta la sombra de mala hora llena de sombra, y el cuello de la amante sigue degollado, lo apunta culpable como una flecha en 14 de febrero, (es un decir, señor Juez) hilo conductor hilito de sangre seca, la madre, ay, que vuelve bronceada de la costa, el padre que no hizo nunca mal a nadie, pero esta noche larga, luminosa, jarra de leche derramada sobre el universo, árbol de agujas para la noche del burlón rampante, del suicida, de perderse en lo insondable de sí por culpa del no, del no malsano de la amante, se lo habrán buscado aquí entre nos, señor Juez, lo merecieran.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Sr. Gafapasta

Me acabo de enterar que soy un Gafapasta. Chale. Gracias, Meme.

martes, 11 de noviembre de 2008

Poesía y más poesía

Invitación para los 3 lectores de este blog que vivan en el DF y a los que anden por estos lares el miércoles 12 y jueves 13 del corriente, para que caigan a Donceles 66, en el Centro Histórico a este superlativo maratón de poesía con motivo del Día Internacional del Libro y de paso, para homenajear al poeta José Emilio Pacheco. El borlote empieza a las 14:00 (¿:30?) del miércoles y terminará alrededor de la medianoche del jueves. A su segura servilleta le toca leer por ahí de las 14:40 del jueves. Poesía para aventar parriba, pues.

Fuentes Unplugged

Ahí donde se han presentado luminarias de la talla de Luis Miguel, el Potrillo Fernández y Alejandra Guzmán, el gigante de Reforma, el Auditorio Nacional, nuestro no menos gigante clásico octogenario, Carlos Fuentes, nos hablará de aquello que más adora: él mismo.
Negarle importancia a Fuentes en la literatura mexicana sería injusto y mentiroso. Ensalzarlo como si fuera "el" escritor, me parece excesivo. Y es que reunírse para hablar de libros es necesariamente una celebración, pero cuando se trata de él (o de sus compañeros boomescos, Vargas Llosa o García Marketing) la cosa se desproporciona y ningún elogio es suficiente --¿alguien "leyó" la última Nexos?
Hablo no tanto desde la indignación como desde el extrañamiento: ¿este fuentismo es bueno o malo? ¿Aporta todo este aparato deificador a la mejor lectura de una obra ciertamente importante? ¿O debemos decir, con mirada sospechosa y amarranavajas incluída, que todo esto forma parte de ese otro boom con que su casa editorial, Alfaguara, estrena la novísima novela de Fuentes?
Lo acepto: soy morboso, si veo sangre me detengo a ver de dónde viene. Así que estaré puntualito el próximo lunes a las 7 en el Auditorio Nacional para ver el Fuentes Live, Life and Love.
Yo borrowed la imagen de la página de Roberto Borrow, magnífico cartonista argentino.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Club Indusstrial

La antología "Club Indusstrial" ya está en línea. Nomás píquenle ahí y sean felices.

jueves, 6 de noviembre de 2008

La tragedia del ahora

Sin buscarlo, pero no fortuitamente, encontré el número 86 de Vuelta (Enero, 1984) Sin buscarlo porque no me propuse encontrarlo; tampoco fortuitamente porque no pude sino encontrarlo, lo que es decir, no pude evitar una cierta forma de destino, cierta forma de cumplimiento, hallándola. Acaso lo que experimentamos al leer cualquiera de esos textos irremplazables en que asistimos al encuentro de nosotros mismos, no sea sino la constatación de que hemos coincidido brevemente con nuestro destino, la evidencia de la suprema (que no necesariamente divina) indeterminación de las cosas. Y la prueba de lo irremediable de esta clase de encuentros es que se producen sin buscarlos, pero no parecen venidos sin más del azar: no pudieron haber sido de otra manera: ocurrieron así. En aquel número fue incluido un relato corto de Jean-Marie Gustave le Clézio (Niza, 1940) y premio Nobel de Literatura 2008. Esta fama reciente de le Clézio (de quien confieso no haber escuchado sino hasta hace poco –así como antes no había sabido ni de la adorable Doris Lessing, ni de Pamuk, ni de la insufrible Jelinek, aunque sí de Pinter, por lo que me alegré mucho de verle entrar en su silla de ruedas al Olimpo…) fue determinante para que decidiera (¿alguien decide algo en realidad?) comprar este número de Vuelta y no otro. Porque si algo tiene de bueno el Nobel es provocar la atención, y en ocasiones, la lectura voraz del homenajeado, así como reediciones y traducciones exprés, en fin, discusiones, teorías conspiradoras, el asunto de la justicia; amén a estas consecuencias, en audaces ocasiones, incluso le otorgan el premio a buenos escritores. Los relatos de mar y piratas no han sido determinantes en mis lecturas. He disfrutado a Conrad, y el Moby Dick de Melville fijó algo definitivo en mi carácter. “Diario de un buscador de oro” de J. M. G. le Clézio es el relato en cuestión, y agente de mi fascinación absoluta. Muchas vertientes convergen en el relato del buscador: el mito familiar (“Vine a Comala…”), esa reconstrucción, esa indagatoria que acaso sea la más importante que puede hacer un hombre; el mito “estructural”: el abuelo le Clézio-Jasón buscando el tesoro del pirata en ínsulas remotas donde el viento en vez de ir, vuelve; y la búsqueda personal: claro, todo viaje es viaje hacia uno mismo, así como todo sueño, todo indicio de tesoro y mapa o cofre enterrado nos pone en la ruta de nosotros mismos. “Destino” es una palabra peligrosa. En este, mi tiempo, equivale a consentir una derrota, a sabernos derrotados por la fatalidad; fatalidad que un tiempo progresista, post-positivista, no puede permitirse: hay que planear. Un tiempo de indeterminación histórica (el posmodernismo que pareciera ser la compilación misma de intentos por definirlo) sólo puede producir una visión de mundo indeterminada, donde lo indeterminado es lo real; donde, sí, todo es posible, pero la posibilidad se atenúa en esa fijeza de lo indeterminado, de lo que no tiene forma, al no tener el hombre ningún horizonte frente a sí, no otro que el de la pura sobrevivencia. Parece que no avanzamos mucho desde el homo-erectus, asolador de la tierra infinita; debemos aprender a relativizar los logros, ¿qué estamos ganando realmente? Seguimos siendo la bastardía de los dioses, después (literalmente) de todo. Como en todos los relatos maravillosos (además de una princesa), en el de le Clézio importa más la manera en que está contado que la misma materia narrativa; y como en todos los relatos maravillosos, una y otra son indiscernibles. Alternando con el personaje Jean-Marie sobre las islas volcánicas del Índico, el abuelo le Clézio, otrora flamante abogado mauritano (sumergido en un mar de deudas, expulsado junto a su familia de la casa donde nació), por el hallazgo de una carta (hallazgo que debemos imaginar fortuito) donde un sobreviviente de cierto navío pirata consigna la ubicación de un magnífico tesoro (único calificativo que admiten los tesoros que vale la pena buscar) se hace a la mar infinita, poblada de peligros y espejos, en una desangelada, pero no menos esperanzante, Argos-comercial. Sus andanzas de geómetra lo llevan a trazar puntos imaginarios sobre una extensión más bien modesta de terreno, donde según el mapa, habría de hallarse el tesoro enterrado; su mayor hallazgo en días será un cangrejo. Las relaciones de su trazado (líneas imaginarias, andamios invisibles y abstractos como números, tensión que da sentido a las constelaciones) son el laberinto donde se pierde treinta años. Pero debemos saber que estar perdidos es un decir, porque nadie se pierde si no sabe precisamente a dónde va. El abuelo le Clézio-Jasón sabe que hay líneas del mundo que llevan a tesoros, y que la línea que lo ocupa es sólo una entre muchas posibles; pero más importante que esto, sabe que lo que debe hacer es buscar la coincidencia de su línea terrestre con la otra línea, áurea del tesoro. Debe buscar la coincidencia del tesoro con su posibilidad de hallarlo; pero apenas tiene traza de su ubicación, un ramillete de suposiciones: cierta inclinación de pedruscos, la posición relativa de un tamarindo con la estrella polaris, rocas, indicios, con suerte, dejados por el pirata. Pero la suerte no tiene nada que ver con hallar un tesoro. Uno coincide con la línea del tesoro o no (¿el tache de los mapas de caricatura sería la intersección metafísica de la que intento hablar?) Si se da la coincidencia, la sincronía, le Clézio-Jasón pagará sus deudas, recuperará su casa, será un hombre rico y acaso feliz; si no, su nieto Jean-Marie reunirá sus papeles y le seguirá la pista por geografías reales e imaginarias, a través del tiempo, se reconocerá y se hallará el mismo y otro; escribirá un gran relato. En mis días, la función de los dioses parece más invisible que nunca. Nuestra relación con ellos no es ya incluso la de dudarlos, esa forma desesperada de la esperanza. Es de absoluta indiferencia; la negación de toda posibilidad en un mundo donde, alternativamente, todo y nada son formas abiertas de posibilidad. Pero todos nuestros actos nos están destinados; no de una manera predeterminada, “desde el principio de los tiempos”, sino al revés, desde el ahora que áridamente se vuelve pasado y nunca. O siempre. Los absolutos se relativizan en sus contrarios a través del acto humano, tentación a la suerte, reincidencia, elección; destino es construcción, pero cuesta pensar que se construye destino con el acto de aquí, con este movimiento, con estas palabras. El presente es trágico por irremediable. Buscamos evadirnos por las ramas de lo posible, pero estamos condenados al aquí permanente, al ahora que es lo cierto. Somos héroes.

martes, 4 de noviembre de 2008

La vida y la letra, 4

,
El gorrión colgado de Gombrowicz. Parte 2 de 2
(Los anacronismos en fechas y eventos obedecen a mi incompetencia para infundir mis deseos en máquinas)
, Dejando atrás las cuerdas, ¿tiene un destino alguien que sólo vino al mundo a leer? Leer, ¿no? ¿Y qué leerá, en todo caso? En esa pregunta transcurre lo que llamamos vida.
, Blanchot: "No escribimos según lo que somos; somos según aquello que escribimos." Pero la escritura no me parece sino la contraparte, el reverso de una deuda asumida en el momento en que una lectura nos ha tocado. Es un intento de "pagar" esa deuda.
, ¿Será muy forzado decir que el movimiento de lectura es devastador porque nos da una intuición de lo que somos; y el movimiento de escritura pone a prueba esa intuición por nuestros propios medios? Escribir es escribirnos.
, Escribir es definitivo y personal. Leer es más complejo: en sentido amplio, no dejamos nunca de leer. De otro modo: la realidad es la forma que toma la experiencia a través de nuestra interpretación. Interpretar: leer.
, Leer literatura es la experiencia más absoluta; ninguna más irreductible. Llega a ser sucedánea de la vida: pregúntenle a Emily Dickinson.
, La lectura excede lo personal. Escribir (es decir, leer el mundo según nosotros) es circunscribir la ralidad a una visión de mundo con mayor o menor fortuna. Pero en la configuración de esta, en ocasiones frágil, visión de mundo, inciden necesariamente nuestras lecturas --hablo de literatura y hablo de experiencia vital.
, No creo que estemos determinados solamente a escribir según los libros que leemos. De lo contrario bastaría leer sólo los libros "buenos" para ser "buenos" escritores. Se trata también de la profundidad con la que se lee (me parece que no tanto de amplitud) e incluso de hacer una mala lectura, como dice Bloom. Pero ya de entrada, definir un libro "bueno" para leer es imposible: el Quijote es aburridísimo en la secundaria, pero con el paso del tiempo se disfruta enormemente; "Aura" de Carlos Fuentes parecía un buen libro antes, ahora es evidente que es un mal cuento de fantasmas, un "Pedro Páramo" abortado. En cambio "El hipogeo secreto" o "El grafógrafo" son libros que, al no entregar sus sentidos tan fácilmente, requieren un esfuerzo extra por parte del lector; esos libros me interesan, pero no están separados en una sección de ninguna librería.
, Más bien se trata de la conformación de una tradición personal de lectura. Es absurdo hablar de una "literatura nacional", a menos que sea para referirse a un programa de gobierno para impulsar la lectura o algo así. ¿En qué literatura nacional colocar a Borges, escritor argentino que pensaba (y acaso soñaba) en inglés medieval? ¿Baudelaire? No niego que existan nfluencias compartidas entre coterráneos, o entre gente de la misma edad; pero una tradición trascendente sólo puede ser personal, pues ha sido aquella que ha inaugurado la deuda de lectura de la que parte el trabajo escritural. Tal vez hablar de una tradición "occidental", "clásica", "hispanoamericana" o whatever, no sea sino hablar de experiencias de lectura que han influido notablemente en una geografía que es una comunidad de sentido. Así Darío a principios de siglo, y Vallejo para los que vinieron después. Etcétera. No sé cómo se forme una tradición, pero sé que no es una lista fija de escritores que te dan junto a tu credencial de elector. No sería aquella a la que uno volvería naturalmente, no siempre. Lo que me interesa es la deuda.
, ¿En qué términos, si acaso, la deuda de lectura con nuestra tradición personal puede ser saldada? Lo que recibimos (porque recibimos) de una página maravillosa de Proust (vale, de cualquier página de Proust), el asombro de Martínez Rivas o Raúl Zurita, eso que impunemente llamamos "poesía" aunque esté novelado, es un sentimiento avasallador (en sentido medieval --que lo vuelve a uno vasallo) de deuda, gratitud desmedida por el trabajo del Otro.
, Hace unos días tuve la fortuna de asistir a la presentación de las obras completas del poeta Ernesto Cardenal, editadas por la Universidad Veracruzana. Tengo para mí que soy un decepcionado de los modos de Religión y Revolución --ese sucedáneo raro de lo religioso, con sus santos oradores, sus libros sagrados de utopía, sus mártires... Sin embargo, la raigambre de estas fuentes en la obra de Cardenal me llega dentro de su trabajo como constituyente de la gratitud plena, del respeto que tengo por su poesía, más allá de los aspectos "mundanos", propiamente, del mundo.
, Escribir es dar gracias. Aunque como dice Zurita, recibamos un escupo a cambio en la boca abierta.
, El que agradece no espera ser agradecido. Hay un asunto de humildad en todo esto. Pero no seré yo quien predique humildad. Estoy a años luz de aprender a aprender, correctamente. Lo que puedo hacer es decir que se aprende también a recibir. Hay una cuestión ética acá: el poema (sí, aunque paguemos por el objeto-libro) es una donación siempre. Aunque paguemos por el libro, cosa harto ajena a leerlo, la donación de su sentido se da como correspondencia a la intencionalidad del lector. Un mal lector es el que busca encontrar lo que quiere encontrar en un libro y al no encontrarlo se frustra y odia la literatura. Nuestro sistema educativo tiene todo que ver. Pero al hablar de intencionalidad del lector me refiero a una intención de ser sorprendido por el sentido, de hacer un ejercicio absoluto de imaginación y voluntad dentro de la obra misma. Leer es usar la imaginación, aunque se escuche como slogan de un club de lectura. O como ese otro lugar común: leer es crear. Las palabras ahí están, pero nosotros las despertamos para nosotros, y las asociamos con nuestros referentes y obsesiones; ahí leemos. Entonces, ese descubrimiento de sentidos motivado por nuestra intencionalidad es donación del libro; vamos, un libro "malo" no deja de ser malo aunque lo leamos con toda la intencionalidad del mundo. Pero ¿no pareciera que nos sentimos correspondidos en nuestro esfuerzo, al encontrar sentidos, o al pensar en nuestra perplejidad ante textos que no los otorgan tan fácilmente (pienso en Lezama), como una especie de reflejo del texto mismo? ¿No tiene que adoptar un poco nuestra voluntad la forma del texto leído, y en esa transformación, hallar que el libro había estado dentro de nosotros todo el tiempo? A eso quiero llamar reconocimiento o reflejo, aunque temo estar haciendo una caracterización demasiado vaga.
, El libro nos da una "pauta" para interpretar, es decir, imaginar. En la medida en que nuestra imaginación se apega a la pauta y corremos más fácilmente por el sentido de la obra (o el sinsentido), parece que nos hiciéramos parte del texto; más bien, que reconociéramos que hemos armado las imágenes, las sugerencias textuales, que las hemos reconfigurado dentro de nosotros y que sólo entonces reconocemos el sentido, nos volvemos sentido y reflejo de la obra. Hemos trabajado (nada más erróneo que leer sea un acto pasivo) y hemos visto la obra reflejada en nuestra imaginación. Pero la imaginación es una propiedad subjetiva, que ocurre como sensaciones. La imaginación es intraducible; no tendría sentido reducirla a fórmulas. Sobre todo ocurre: la imaginación existe como duración, no como propiedad abstracta (¿podría ser válido esto para todas las operaciones mentales?) Pero está que esa inversión de esfuerzo parece ser compensada por la sensación de placer del descubrimiento, o la invención del sentido.

jueves, 30 de octubre de 2008

Burn after reading, o el aquiles incómodo

¿Alguien recuerda "Animaniacs" de Warner? Era una caricatura buenísima que ya no he visto. Pero no era el clásico capítulo de media hora, sino que se alternaban sketches de personajes en abierta parodia a los clichés del Hollywood de la era dorada. "Burn after reading" (Quémese después de leerse) rescata un espíritu similar.
Y quién sabe que tengan los hermanos Cohen que parece que George Clooney actúa. Además es la segunda vez que le sacan su rostro cómico (recuérdese la maravillosa "Oh, brother where are thou?"). Si ya han oído o leído algo de "Burn..." sabrán que Brad Pitt sale de anti-galán. Sí, el aquiles de la nueva generación ahora es un tetazo notable (Chad). 
Un buen día, aparece en el gimnasio donde él y Linda (Frances McDormand) trabajan un CD con información clasificada de la CIA. Esto les pica al criminal que todos llevamos dentro y deciden chantajear al dueño, un John Malkovich vociferante en plena negación del alcoholismo que lo ha sacado de su puesto como analista en la CIA. 
La película va transcurriendo con un humor relajante, sin pastelazos gracias a dios, cuando un evento trágico le cambia la cara al tono, literalmente. De repente tenemos que empezar a tomar en serio las cosas... pero hay que recordar que todos los personajes son un poco idiotas.
Hollywood se burla de sí mismo en una velada crítica a la tan sobrevaluada inteligencia (la de todos en general y la de las llamadas "agencias de inteligencia" en particular) y nosotros agradecemos. 
Chéquense la excelente fotografía del mexicano Lubezki. Ah, y a ver si le cachan al chiste de "Mr. Black".
Imagen: nypost.com

jueves, 23 de octubre de 2008

Preferiría no hacerlo, pero ni modo

Hoy leí "Bartleby, el escribiente". La historia todos la conocen; pero, como pasa en general con las buenas historias, uno cree que los rumores de su potencia prevalecen sobre el cansado ejercicio de leerlas. "Bartleby..." es patético, en el sentido de tierno. Uno no cree la bondad del pobre narrador. El tipo está destrozado, ¿qué hace uno con un zombie que acampa en la oficina, y que encima no mueve un dedo? ¿El asesinato es una forma de piedad, en casos así? ¿Qué se hace con algo que parece un hombre, pero que se dedica a usar el libre albedrío como justificación para no usar el libre albedrío?
Carajo, siempre con Melville me quedo destrozado. No puedo creer que alguien que escribe con tanta precisión, una prosa rayana en lo perfecto, haya tenido una vida tan pinche. Y uno dice, bueno, comparado con Melville, Kafka tuvo una vida feliz. De acuerdo, ambos parten de la desesperanza, de la desconfianza total en su talento, pero Kafka era un inadaptado, de alguna forma se merecía la indiferencia, siendo el mismo indiferente a los otros, viéndolos como la pura extrañeza encarnada. ¿Pero el bueno de Herman? ¿Él, que tuvo la altura moral para casarse en condiciones de absoluta desventaja, con la hija de un juez, siendo él, pobre marinero que nadie quería siquiera tomar de aprendiz? ¿Él, que asumió la responsabilidad de su numerosa familia, y aún contra todo seguía escribiendo? ¿Él, que en cada palabra no deja de dar muestras de un profundo amor por lo humano, sólo para dejarnos caer en lo terrible mismo de lo humano, y así revelarnos lo hijos de puta que somos? ¿Él, que tiene la altura moral y lo recursos literarios para escupirnos en la cara? ¿Qué carajo te pasa, dios? ¿Por qué no notas a Herman, tú siervo? ¿Dios? ¿Estás ahí?
¿Dios?

miércoles, 22 de octubre de 2008

La vida y la letra, 3

,
El gorrión de Gombrowicz. Parte 1 de 2
,Parto de la “falacia de la creación”, esa caracterización del artista, del poeta, como el místico que saca mundos de la nada, como conejos de chistera. La metáfora del mago no es gratuita: hay más de ilusión (de simulacro, de percepción dirigida) en los efectos que la poesía consigue que de magia verdadera.
,Como en los antiguos, la magia consiste y acaso siempre consista en un trabajo de voluntad que involucra un modo de fe con un efecto en el mundo; pero al final, la magia surge sola y casi como a pesar de lo que podamos decir o hacer. Al igual que en el tiempo mágico del sueño, la conciencia asiste únicamente al instante mágico, inflexible ante su voluntad. Blanchot: “uno escribe un poema, pero no puede hacer, por su sola voluntad, la Obra” (o algo así, de “El espacio literario”).

,No hay nadie más escéptico que yo sobre aquellas teorías del “hombre cósmico”, o “el destino del hombre en el universo”, etc. Me parecen mala literatura e ideas muy gratuitas. Pero una cosa no deja de ser cierta, si se quiere, en términos físicos: la materia no es permanente, sino que es permanente estado de mutación, de revolución, de cambio. Aquí está la mística oriental, el I-Ching: lo permanente es el cambio, idea cara a Octavio Paz para caracterizar el flujo de la historia y de la literatura. Así, no me parece excesivo hablar de un movimiento astronómico en clave dialéctica de creación-destrucción como un transcurrir traslapado, simultáneo, del que la vida, la obra humana será un eco ínfimo e inapreciable. La vida del universo, podemos decir sin violencia, excede fácilmente toda medida temporal humana.

,La “obra humana”, la Historia o lo que se quiera -harto más frágil que el universo, ese contexto excesivo e inapresable, está condicionada a reducirse, o si se quiere, a reintegrarse a la nada absoluta del mismo devenir del universo. Si hacemos caso a los físicos doctos en estrellas, nuestro planeta es joven, pero nuestro sol envejecerá y nos engullirá, o un astro colosal barrerá todo nuestro orgullo humano con todo y sistema solar, en cualquier momento. Ojo: no soy fatalista, es el contexto en que se posibilita la vida. Esa reintegración o reducción a nada será ulteriormente tan absoluta, tan total, que no podemos imaginarla en cifra de olvido –una pequeña nada que se da por descuido o saña contra el otro-; una Nada tan absoluta que será como si el hombre nunca hubiera existido: tendríamos que destruir el universo en su totalidad, como un acto humano supremo, para marcar una impronta real en el devenir de lo cósmico. Y si a eso, a la desaparición, se reduce lo humano, bueno, uno puede trabajar y vivir en el mundo con el cuello de la camisa un poco más holgado.

,Pensaba, caro Lector, en estos días raros en que cumplo por cierto 23, que si, como los cristianos en sus momentos más felices, yo también podría ver en mi vida una misión o algo que se parezca a un destino en mi día terrestre. Uno se pone místico en fechas que constatan el paso del tiempo. Y pienso que si he venido a algo ha sido a leer. ¿No a cortar el césped, no a atender una pizzería, a conducir un camión? No: a leer, a aprender a leer, a tratar de leer el mundo, a recibir, que es una forma de darme al mundo, de estar en él.

Lo que pomposamente y no sin sonrisa podría llamar “mi escritura”, si parte de algo, parte de la ruina. Pienso en la María Zambrano de “El hombre y lo divino”: no se puede partir, trabajar sobre algo que ya está hecho: el parto mismo, el dar a luz, es nacer a partir de la ruina, de la muerte del feto, de dejar el cuerpo de la madre destrozado por nuestro paso brutal al mundo; el proceso histórico de conquista, la historia de los imperios, para su constitución, no parten de nada, de algo virgen, sino que, o se hace tabula rasa como en la colonización sajona de norteamérica, o bien se asume la ruina como cimiento para el mestizaje cultural, como en la conquista de México, proceso de asimilación no exento de una brutalidad similar a otro parto. Partir de la tierra fértil dejada por el paso de la piedra volcánica que ha arrasado con lo que había, y deja la devastación lista para lo que viene. Partir de la ruina: ¿cuál? La de los ídolos, las utopías, las ideologías, que como vestigios conforman momentos de lo real y se suceden ante nosotros; o de esa otra ruina que es la palabra, imaginada torre de marfil para lo más grato que puede dar el hombre (los salmos del Rey David, la Vita Nuova de Dante, Platón mismo); pero también de su contrario, la constatación del fracaso de lo humano, del dolor, de la imposibilidad de ser algo más que sí mismo (el libro del Eclesiastés, Job, Rimbaud, Philip Roth)

,Todo trabajo, toda escritura, parte de una grieta, de una escisión que amenaza con rompernos. El poeta Milán ha dicho que la permanencia abierta de la herida es lo que hace posible la escritura. ¿Cuál es esa herida, esa grieta? Primeramente la inserción violenta en el mundo, el sí-mismo de ser hombre. Si a mis tres lectores les parece demasiado gratuita mi respuesta, piensen que no sólo la escritura, o el arte, sino cualquier actividad humana parten de la existencia en el mundo (aquí me confieso existencialista irremediable) para dar paso a lo demás, y que lo demás, es decir, la vida en el mundo, está limitada por la condición mortal, y posteriormente, excediendo todo término humano, por la del proceso de destrucción en que se debate la vida del universo. Así, no sólo la escritura, sino la contaduría, la alfarería, la pesca deportiva, el tenis de mesa, cualquier actividad humana, es prolongación, remedo del nonsense que da lugar al universo. No estamos hechos para durar: nos hacemos creer que duramos (oh, Augusto) para no pensar en la muerte, la mayor cobardía imaginable. ¿Aceptaremos los dones de la vida y no la condición mortal que los hace posibles? El empeño, la necedad, de la creación poética es la intuición de ser eco de ese movimiento mayor del universo; que ante la palabra somos un poco eternos, como dios, esa forma en que el universo se concreta, sin dejar por ello de ser hombres. De ahí nuestro entusiasmo; de ahí nuestra derrota.

,A veces imagino que ese gorrión colgado (que es pretexto y principio de esa novela diáfana y enfermiza que es “Cosmos” de Witold Gombrowicz) que encuentra el personaje Witold en medio de unos arbustos, no fue muerto y luego colgado, o apretado por una mano siniestra hasta la muerte, sino (ay, si seré cruel por imaginar estas cosas) atado vivo por el cuello de un cordel acaso muy corto, donde para respirar, para seguir un vivo, el gorrión no podría sino volar. Imagino a veces que somos como ese gorrión colgado, condenado a su aleteo feroz y desesperado –desesperado por la pérdida de toda esperanza, como en la entrada al Infierno de Dante-, y ya por desesperado, por irremediable, placentero -como el Infierno de Elizondo, donde en lo Eterno el tormento físico sería expresión divina, por tanto comunión con Él-; o si no placentero, por lo menos no inmediato; y en este no-ser-inmediato, lo suficientemente extenso para ensayar el vuelo acrobático, la arquitectura de catedrales efímeras de vuelo, teorías veloces de los mejores modos para enredar la soga del cuello y desenredarla, escritura de alas, conocimiento basado en la fenomenología del vuelo circular hacia la muerte; incluso canto.

Será necesario cantar incluso en el agotamiento de fuerzas, el suave sopor de los músculos de las alas, alas que poco a poco se enredan en sí mismas, el mareo de vuelta y vuelta por el eje terrible de la rama donde no podemos posarnos, la presión de la soga alrededor del cuello que sugerente invita más bien a rendirnos que a continuar el vuelo hacia ninguna parte; todo mientras se cantan los estados del cansancio, las flores que se ven alrededor, el sol altísimo, el niño siniestro que nos observa a distancia prudente, y cantar durante el trayecto circular las estaciones de nuestro patíbulo de aire.

,En estos términos, la "falacia de la creación" equivaldría a decir que ha sido el gorrión mismo el que se echó la soga al cuello. Lo más cercano a la verdad, según mi parecer, sería asumir que la condición del canto es la cuerda; que acaso enmudeceríamos sin la bendita cuerda: seríamos inmortales. Qué severidad...

Imagen: http://2.bp.blogspot.com/_jgD3cpBo9Do/RXRaHFTTY-I/AAAAAAAAAAk/Ap0m-JXkDRs/s1600-h/Witold+Gombrowicz+COSMOS.JPG

martes, 21 de octubre de 2008

¿Mancha?

Ayer fui manchado. No sé si eso sea bueno o malo. Al parecer, para el mancha, la poesía sólo es.

lunes, 20 de octubre de 2008

Instrumental

, Mi pluma tose como caballo enfermo. En los estertores del final me m a l d i c e ; mal me dice, aunque c o n , p r e c i s i ó n, , la cifra exacta d e m , , i , , s ,, , a, c, t, o, s, . Luego, calla p , , r , a , , , s , , , m , p , r , e (De un librito que todavía no se llama y que espero terminar antes del día del juicio... ¡de Luis Echeverría!)

domingo, 19 de octubre de 2008

... y buenas razones para no hacerlo

Luego, uno lee lo que están haciendo en Chile con tan Poquita Fe y la esperanza vuelve.

De poetas y por qué deberíamos matarlos

, , Poeta, poetas, poesía, poesías, poesías completas, poema, el poema. Estas palabras son para mí lo más tenebroso. Adivine qué púdico irremediable soy; sí, me asusto con bien poco. , Me son tenebrosas más que ninguna otra palabra, tal vez por el grado de incertidumbre de su sentido. Entendamos: una palabra debería revelar, con relativa claridad, su sentido. Pero es cosa de las palabras más simples ocultar un sentido de lo menos evidente (piénsese en “vida”, “muerte”, “historia”, “amor”…) Son conglomerados de sentido más que palabras, cuyo sentido por cercano se vuelve indefinible. Todos sabemos qué es la poesía, la sensación de lo poético, vamos; sabemos también que los libros de poesía los escriben unos señores que se llaman poetas. Ya dependiendo del diccionario utilizado, poesía son ya los rengloncitos entrecortados, rimados o no, a cuyo conjunto (es decir, a la suma de varias poesías) se llama “poema”, o bien, en un juego de intercambios, poema y poesía designan la zona mínima de un texto poético. Ajá. , Pero la vieja interrogante se mantiene: ¿qué es la poesía? Si no seguimos preguntando esto a pesar de 3000 años de poesía occidental (oh, Diosa) es evidente que la pregunta acaso sólo se responda desde la práctica. Tratados sobre el tema se escriben, pero en general sobre arte y en particular sobre poesía, toda teorización cobra la forma de un sistema riguroso de lo subjetivo; una disquisición profunda sobre una cuestión absolutamente personal. Acaso la condición misma de la poesía sea su carácter irresoluble. Así de entrada, la poesía es un problema. Pero dice Lezama: sólo lo difícil es satisfactorio (¿así dice?) , La interrogante del poeta: según Keats, el poeta tiene todos los rostros, lo que equivale a decir que no tiene ninguno (acá entre paréntesis, con perdón de todos, el poeta Keats me aburre profundamente por etéreo, pero tal vez sólo soy una mala persona); según Mallarmé, poeta es el que devuelve su sentido original a las viejas palabras de la tribu --¿antropología verbal?...; según Hölderlin, el poeta es Otro; según Gombrowicz, forma parte de una ridículo club de posers, que se dedican a escribirse unos a otros y a darse premios; según Milán, hace pirámides; según los surrealistas, somos todos; según la Castellanos, no eres tú; pero yo me quedo con Platón: el poeta, perdón, el Poeta, es un Nadie a quien debiera dejarse Fuera, de quien debiéramos Cuidar a nuestros niños, Alejarles de Su Compañía: el Poeta es un autosugestionado esquizoide, enamorado de las apariencias, perjuro, porque no busca la verdad, y habríamos, vamos entendiendo esto de una vez, de prontamente colgarlos a todos (como al gorrión de Gombrowicz, esperando que se cansen de volar y acepten su frío destino) , O será que el Poeta, lo que es decir los poetas, no son tan terribles y yo soy el único que anda de pleito con ellos; o no con ellos (con algunos, sí, cómo no), sino más bien con la fanasmagórica “Institución Poeta”. , Al susodicho Poeta no puede definírsele por su ser social: ¿tienen un modelo específico de trabajo que determine su impacto social? ¿Cómo impacta su trabajo el producto interno bruto de los países? ¿Es tasable en términos económicos una obra literaria? ¿Un libro de poemas tiene un modelo claro de certificación para volverse tal? ¿Se preocupa por la responsabilidad social? Al plantear estas preguntas, entendemos claramente la desconfianza del lego cuando se encuentra un poeta por la calle: “ajá, eres poeta, ¿pero en qué trabajas?” ¿En qué medida está en contradicción lo brumoso del trabajo literario con el hecho de que México sea uno de los países que otorga más apoyos, incentivos y becas a la producción cultural? Estoy confundiendo dos cosas: 1) el poeta es a pesar de su medio; 2) el poeta es. Madres. , Estoy persuadido a partir de la lectura de Gombrowicz, de que el poeta sólo puede ser en compañía de otros poetas. Es como un elemento químico que sólo por la violencia del análisis puede separarse de su contexto natural; y esta violencia, si queremos entender qué es un poeta, no nos dice mucho, porque al aislarlo encontraremos seguramente un hombre, una persona, pues, una biografía. Raras veces una mujer :) , Lo que molesta es que en los poetas TODO sea de la más absoluta importancia, TODO sea inaplazable, o TODO sea el trasunto general de un ESTO, y en ese juego de contradicciones nos quedamos embelesados y no entendimos nada. Eso explica por ejemplo el terrible carácter de los poetas. Soportan alguna ingenuidad de los mortales de vez en cuando, pero saben que en el fondo siempre tienen la razón. Son maestros de la eurística, el arte de disfrazar un argumento para que parezca válido y total. Mienten. Son maravillosos con las señoras que asisten a escucharlos, cálidos, sensibles a sus impertinencias, y con gracia firman lo que les pongas en frente. Pero en privado confiesan terribles antinomias con mordacidad, fundan sus enconos; son la gente menos digna de confianza: siempre lo entienden todo al revés, su trabajo está en leer mal. Prestidigitan los libros que les prestas, cheques de varia procedencia, licores duros, sobre todo caros aunque no se explique uno cómo se los costean (tal vez para develar este misterio haya querido o en algún momento, ser como ellos); se introducen sustancias de todo tipo en cualquier orificio a manera de divertimento. Ríen y hablan muy fuerte, de manera que se les note. Huelen mal. Mastican las palabras como bestias, salivando retazos de sílaba por las luengas barbas o resecos y lampiños mentones (hay calaña de toda variedad). Y si se trata de una poeta, la cosa empeora, porque en algún momento la plática se convertirá en un discurso por alguna clase de reivindicación, y todos los presentes serán los acusados, primeramente, de ser hombres necios y acusar a la mujer blablabla… y luego, de no citar (en un ruso decente) en el último poemario a la Ajmátova o la Tsevaieva, o de no erigir monumentos y quemar incienso en memoria de la Plath. Algunos poetas hasta son buenas personas. Toda mi fe está en toparme alguno. , Algunos libros de poesía parecen incluso un catálogo de crímenes, la poesía debe ser el arte de la delación, de la traición al secreto, la palabra como tortura que lleva el germen de la confesión: pienso en Las flores del mal de Baudelaire, en el poema “¿Qué se ama cuando se ama?” de Gonzalo Rojas, en uno de Gelman… ah, ¿cómo se llama? Los de esa serie que se parece a los de Spoon River de Lee Masters… Joder. ¡Tienen pacto con la memoria, además de con el diablo! , Vamos, que no hay ni que escribir hoy día para ser poeta. Ahí está don Alí Chumacero, para quien es señal de inmadurez escribir poesía luego de los 40. , Creadores al fin, se creen divinos: por gracia de su santo Patrono, el milagroso niño Orfeo, dan y quitan sus dones (su amistad, por ejemplo) como si tal cosa, por desavenencia ya de forma o fondo; es bueno, parecen decir, pensar y compartir, siempre y cuando al final, yo tenga razón. ¡La historia de la literatura es una summa de destazamientos! Luego entonces, poesía y poeta son cosas (mutuamente excluyentes) que existen para saciar diversas intensidades de destrucción. , Esta enumeración mala-lechosa (que bien pudo llamarse: Haz patria, mata un poeta) es, sí una suma de discordias y decepciones del que escribe. Pero me baso en observaciones de primera mano: 3000 años de poesía no pueden estar equivocados.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Calaverita a perpetuidad

. Una estación de radio defeña ha ideado un concurso que casi llamaríamos surrealista, si no se prestara la malinterpretación del término a cualquier cosa: En México, desde hace años existe una tradición de "poesía de ocasión". Alrededor de las fiestas de Día de Muertos, 2 de noviembre, uno que otro valentón se pone a rimar para hacer calaveras literarias, composiciones generalmente rimadas, según el uso de poesía popular (que fija su ritmo a las canciones rancheras, ese bagaje involuntario de literatura "cantada") en octosílabos o prescindiendo por completo de formalidad. Por lo general son compuestas como versos de ocasión quevedescos, a próceres de la patria, figuras del espectáculo, o, piadosamente, en recuerdo de los fieles (¿les consta?) difuntos. La referida estación abre su concurso de calaveras y lo corona con un premio singular: un nicho a perpetuidad en cierto cementerio nice. Ahora sí, parece que puede comprarse un cajón para huesos a precio de verso por cm2. Y hay quien dice que la poesía no tiene uso práctico...

martes, 14 de octubre de 2008

La vida y la letra, 2

Carnicería metafísica , Aunque los libros no tengan expresamente (y qué bueno que los buenos, sobre todo, no) un caracter didáctico, uno aprende de lo que lee, y en el mejor de los casos se vuelve lo que lee. El asunto del dolor. No: el dolor no es un asunto, es la carnita pegada al hueso de vivir. Según mis últimas indagaciones metafísicas, el miedo a la muerte es el miedo al dolor de la muerte. Dice Blanchot que el suicidio es una tentativa del suicida por darse una muerte determinada, en vez de esperar a la indeterminación de la muerte natural. Esa espera es el infierno para los que no saben morir. Pero no nos pongamos tan estoicos, no es para tanto: sólo se trata de morir. ,El viejo Nietszche estaría muy de acuerdo en no darle tanta importancia a la muerte. Es lo último en lo que debemos preocuparnos. ,Creo que el miedo ante estas cosas es a la enfermedad, al dolor, a la sorpresa incómoda de la violencia. La violencia es un mal chiste. Uno que nos hace llegar tarde. ,Cuando alguien se suicida en el metro de Mexico City, pasa lo siguiente: 1) mueven el tren para retirar el cuerpo; 2) lo llevan a los baños mientras llega el forense. Pero el metro es metro, no morgue, so, el servicio se reanuda lo más pronto posible. Cuando alguien se mata en el metro, tú y yo perdemos unos veinte minutos. Llegamos tarde. ,Luego está lo sorpresivo de la enfermedad. Nadie quiere asistir a su propia agonía. Pero dicen que Rilke no quiso saber qué lo mataba, para que el nombre de su enfermedad no inteviniera, no se interpusiera entre él y su muerte. Qué huevos, me cai. ,Sentí profunda desazón al, leyendo a Rilke, sentirme profundamente aburrido. Me gustan sus cartas, su poesía, no sé. Haya que aprender alemán. Por otro lado, no siento desazón al asumir mi aburrimiento por Keats. ¿Poemas a lo abstracto? Fuck! Ya decía Baudelaire que todo es el número, la embriaguez es el número. ,El mayor dolor, para mi, tengo que es el miedo. Te paraliza nomás, si lo dejas. No digo que no se sienta, pero no esa pendejada de "está bien sentir miedo". No, no está bien. Dura mientras lo dejamos habitarnos. Se siente gacho, vamos. No está buena onda entregarse al masoquismo. No sé cómo viven los cristianos... ,Aunque por otro lado, ¿no sería lindo tener a un someone who cares? Empiezo mis oraciones d'esta manera: dios, sé que no existes, pero óyeme. (¿Cuántos gigas tendrá la bandeja de dios? Se solicitan respuestas de los geeks en turno, esto no es un monólogo). ,Elogio, que no apoteosis, del dolor: el dolor nos impide la comodidad. La comodidad anestesia, da la sobrevivencia por sentada. Y no es que los clasemedieros tengamos que preocuparnos así tan de a tiro por que nos trague un oso. Hablo de la carnicería metafísica. La del sopor, la del "preferiría no hacerlo", la acedia medieval de los escolásticos huevones que preferirían ver a dios en todas partes que hacer su obra. I mean, Su obra. Que no haya ego. ,Si nos desanestesiamos, leyendo, o yendo al mar oyendo a Coltrane, con cero yen do la mar y el tren, o yen sin tren del yeah, yeah, yeah, del cero a cien o tres punto catorce dieciseis, etc. ,Si se aceptan, por ejemplo, pero no exclusivamente, la felicidad, los dones, el orgasmo, se conviene también en aceptar el reverso incómodo, lo anti-gozoso, pues: dificultad, error, condición de lo indeterminado, incondicional. Condición: punto de partida, origen. Pero no creo en una dualidad entre la pura felicidad y todo lo que ésta, no es. No sé si creo en la pura felicidad, vamos. La he vivido entre tus piernas, y aún desconfío que sea total. Ah, el que ve a dios a los ojos y no lo reconoce. ,Desconfiar de la condición de condena, del mundo. Asumirlo como condición, la condición del mundo. Llegamos a Agamben por insospechada vía: lo irreparable, es. Ni bueno ni malo, correcto/incorrecto; sobre todo, no se opone a sí mismo. El hombre establece el principio de diferenciación, el bestiario de las dicotomías para explicarse un fenómeno continuo (Baudrillard). Haya que darle razón a los surrealistas de una vez por todas (bueno, razón no... ¿cómo decirlo? ¿Validez filosófica? ¡Vamos, que sólo los locos dicen la verdad!): el sueño instaura lo fragmentario, cortando el continuo de un tiempo que es uno, que no espera en stand-by mientras dormimos para regresar al punto en que se quedó ayer la película; al romper la barrera entre sueño y vigilia, mediante el arte, por ejemplo, se refunda un continuo experiencial, la vida retoma su consistencia. Se parte del estado de cosas, de lo que es: lo que las utopías no tomaron en cuenta. ,Esperanza del nuevo día: que todo es posible nuevamente. Ah, lágrimas de Rémy en los ojos. Debe ser el efecto secundario de dormir bien, el creer que el mundo es posible. Si uno duerme mal, bueno, escribe desencantado. ,Así visto, estamos viviendo el mismo día de la creación. Y todos tenemos razón: Siempre es hoy (Cerati)/Todos los siglos son este presente (Paz). Nada se inventó ayer, no hay ayer. Todo es hoy, todo es aquí, aquí es hoy, hoy es aquí, aquí es todo, es hoy todo, es todo es, aquí todo todo, hoy aquí es, hoy aquí todo, es aquí todo, es, todo es, aquí todo es, todo, es todo aquí, hoy todo, hoy, aquí, todo, aquí es todo, aquí, hoy es.

lunes, 6 de octubre de 2008

La vida y la letra, 1

, Abrimos el compás: en cualquier actividad humana hay un principio de corrección, de lo que puede o no puede un hombre en un trabajo; y una ética, lo que debe y no debe por ninguna razón; lo cerramos: en arte, esto es determinante; lo constreñimos: en poesía, es vital. , Hablando con una amiga artista plástica, me cuenta que pinta para sí y tal (tiene años dando un taller en Juárez). Yo le cuestioné sobre su negativa a exponer, es decir, a publicar su trabajo. No es necesario, es mío. Puntos suspensivos. Claro, ¿pero no hay como una cancelación de las posibilidades de la obra cuando se recluye? ¿Cuándo se encarcela por miedo nuestro en vez de por pudor intrínseco de sí misma? No creo que una buena obra sea pudorosa, por lo demás. Creo que puede hablar en voz baja (¡que debiera aspirar al susurro!), o callar completamente, que no es lo mismo que ocultarse, que negarse la posibilidad de ser. ¿Ser en lo oculto? No estoy seguro. , Primer plano: la obra expuesta/publicada/ejecutada, es. Es, porque entra en oposición a lo que no es, a lo que está en la nada, en lo increado, en lo imposible. Si es una obra imposible (ciertas partituras imposibles de ejecutarse de John Cage), es en latencia, esperando al virtuoso, por ejemplo, o al contrario, siendo –obra, plena de sí- simplemente como posibilidad, como silencio impreso que sabe que su ejecutante no llegará, y qué bueno. , Segundo plano: hay un mecanismo de recepción de la obra que no es claro, que no tendría por qué serlo. Dice Casar que el crítico es un lector especializado. Entiendo el sentido, pero me suena como que esa “especialización” legitimara artificialmente una función. ¿No sería mejor decir que el crítico hace posible un horizonte de disfrute? Pero pervive la imagen del crítico feroz como oficiante del principio de corrección: esto puede y debe hacerse, esto no puede, y bajo ninguna circunstancia, debe hacerse. , La institución crítica implica una toma de temperatura de una obra y lo suyo. Es la apuesta por un margen de sentido en referencia a la obra. Respuesta a ese apostar primario de la obra; réplica sin la que puede vivir la obra, pero no mejor. , Me preocupa, sobre todo en los talleres literarios o las publicaciones estudiantiles, esa como justificación sin justeza del “es que escribo para mí” o sus variantes: escribo: -desde el alma -porque sí -pero no me interesa explicarlo -pero no quiero entenderlo -pero me vale si no se entiende -pero cállate ¿Entonces qué coño hacen en un taller? ¿Por qué publican? , Hay buenas razones para publicar; hay mejores, tal vez, para no hacerlo. Desde Paz que aconseja publicar todo lo que se escriba (y predica con el ejemplo), hasta Borges, que lo ve como un fin puramente práctico: publiquemos, así no nos pasaremos la vida en correcciones. , Alguien me dejó en mi cara-libro: “ya publica buey”. ¿Qué? ¿Dónde? ¿Para qué? , Me di cuenta de que me aterra la crítica. La crítica revela: es la luz que revela la forma del monstruo. Más: el monstruo es revelación, pues todo en él está expuesto, no hay ocultamiento. Como la doctora Revueltas, pienso en Coatlicue: ¿dónde está lo hermoso de la piedra gigantesca, con todos esos dientes y víboras? Todo es evidente: órganos de vida, mismos que de destrucción. Creo que también Paz la refiere… Ok, cambio de referente. ¿Les parece dios? Bueno, dios siempre se revela. Dios no es lo evidente en términos de cercanía sensorial, de “evidenciable”, sino que su manera posible es la revelación. El “silencio” que viene como corolario a la oración cristiana, el silencio divino, la no-revelación de su potencia en favor del suplicante, se interpreta también como una respuesta divina, una revelación de la intención divina que es una anti-revelación, una revelación por ocultamiento. Ergo, dios es un monstruo. , Antes aguantaba más vara: podían decirme que mi (según yo) logradísimo poema, con un chingo de imágenes (según yo) bien acá era la cosa más pendeja que se había escrito desde que Cervantes inventó el español (me refiero a Francisco, no a Miguel); o que cuando (según yo) hablaba de algún tema trascendente, a saber dios/muerte/pájaros/pechos, en realidad estaba exponiendo las excrecencias de un profundo e infantil complejodedipo, que la verdad era más gracioso e interesante que el poema mismo. Lo que se aprende es que la palabra implica la responsabilidad por la palabra. No confío en los artistas que dicen “una vez que la obra sale de mí, ya no es mía”. Creo que lo leí en una entrevista con Mutis y me quedó zumbando. No es posible desentenderse de esa manera. ¿Vamos a recibir los premios y todas esas cosas de los aparatos culturales, pero, ah, nos negaremos a recibir de buena gana un par de puntapiés en el ego, o como dice Raúl Zurita, un escupo en plena boca, cuando lo que esperábamos era un beso? Según yo, es el mismo movimiento.