Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de julio de 2015

Poesía política, épica privada

Publicado originalmente en la columna "Historia de la literatura ninja" dentro de Telecápita.


¿Cuáles serían las condiciones en las cuales un ente móvil y sólo parcialmente apresable como el lenguaje pudiera verse comprendido dentro de las relaciones de apropiación y propiedad en el marco del capitalismo global? Objeto difícil de reducir a definiciones, viento que no se deja encerrar, el lenguaje escapa a la pertenencia individual, gremial o local—a pesar de los remilgos de sus censores— insistiendo en su ser, incluso en soledad, público. Si bien es cierto que el idioma es la forma en que un lenguaje verbal se localiza —es decir, se sitúa topológicamente en un imaginario familiar, volviéndose local— y permite la transmisión de la memoria de los pueblos, hay tantos idiomas como hablantes, y tantas maneras de ejercer el derecho de la palabra como implicaciones en su ejercicio.

A pesar de esto o tal vez precisamente por esto, los gobiernos y la publicidad de los medios de comunicación han secuestrado los campos de significación de palabras como “pueblo”, “solidaridad”, “compromiso” o “moral”, palabras que asociamos inconsciente e inmediatamente con la retórica de programas asistencialistas del Estado, con el discurso de los demagogos de turno o con la jerga de los procuradores del buen gusto y las relaciones laborales, todas tendientes a producir una sociedad de mercenarios sutiles, abejas trabajadoras en pos de la sobrevivencia, en lugar de un verdadero marco de colectivización del trabajo y la participación política de la gente. Qué duda cabe que la misma posibilidad de comunidad está íntimamente vinculada a la temperatura del lenguaje que posibilita sus relaciones. Todo lenguaje es una forma de hacer política.

Si los criterios para hablar del lenguaje se atomizan y disgregan según el punto de vista del observador, ojo siempre móvil y subjetivo, cuando intentamos situar nuestra atención en el aspecto literario del lenguaje y su simbiosis con lo político, nuestra dificultad no es menor. Aquí opera nuevamente el secuestro semántico del poder sobre la palabra “política”, recluyéndola en el marco de los organismos gubernamentales y la retórica del sistema partidista, tiñendo la palabra misma de una significación negativa, o por lo menos, que provoca una no velada sospecha. Esta sospecha, producto de la utilización de un sólo aspecto de la palabra “política”, contagia a todas las demás y genera una virtual privatización de la palabra en detrimento de su significación.

Decimos de alguien hipócrita, zalamero o diplomático en exceso que tiene un modo “muy político” de expresarse, o que su manera de comunicarse es políticamente correcta. Esto desactiva significados mucho más interesantes de lo político, entendido como las relaciones y negociaciones entre los miembros de una misma colectividad, y no solamente como una administración engañosa del poder. Política es lo que se le hace al de junto. Y políticas son, por la condición social del lenguaje, todas las manifestaciones artísticas en su apelar a un aspecto de la tribu o de la ciudad, incluso cuando sus autores busquen desvincularse, ingenua o inconsciente, de las implicaciones sociales del trabajo artístico. Si los escritores no se preguntan por la naturaleza del discurso que producen, están condenados a la repetición ideológica de patrones de significado establecidos por las fuerzas hegemónicas. Trabajar con el idioma es cuestionar críticamente el estado histórico en que se encuentra el lenguaje. El trabajo del escritor, en épocas difíciles (y la historia del mundo sólo ha conocido un breve intervalo de paz general a finales del siglo XIX) siempre ha sido poner estos discursos en duda, y en casos notables, en crisis, es decir, en el horizonte de su posibilidad para dar cuenta de los cambios que el hombre y las sociedades atraviesan.
Épica para tiempos sin dioses

Gioconda Belli decía en el diario El País hace unas semanas que la poesía ha perdido su impulso revolucionario. La cita dice: “Ahora los cambios políticos van a ser mucho más lentos, ya no son procesos románticos, porque las revoluciones eran procesos románticos, heroicos, épicos”. Es cierto: en nuestros días, la épica que está disponible es, para las clases medias y altas, el aspiracionismo de clase, la escalada social y el consumo, mientras que los pobres sólo tienen una forma de épica, y harto diferida y filtrada a través de los medios de comunicación y las telenovelas: el amor.

Si la poesía no puede cantar más las gestas de un mundo sin dioses, su épica, en nuestros días, es la de cuestionar el estado de los discursos que cotidianamente rigen nuestra vida en comunidad y que someten sistemáticamente a millones de personas en todo el mundo a la normalización de la violencia simbólica que, desde los lenguajes, permiten la explotación laboral, la suspensión de derechos políticos del pensamiento de oposición, o incluso la inercia de la violencia de género, motivada por los medios de información. Al hacer esto, la poesía se aleja de la posición ornamental que usualmente se le atribuye y se radicaliza al preguntarse por el lenguaje que utilizamos para permitir que todas estas cosas ocurran y, desde su privilegiada situación utópica en la imaginación, cambiarlas.

Pero la poesía, en su poner en crisis el lenguaje, cuestiona también la noción filosófica de sujeto de discurso; y en su aspecto político, construye a través del discurso al ciudadano o sujeto político al cual se dirige, así se trate del propio autor. La poesía, campo de la excepción y terreno fértil de la contradicción nos ha dado casos de poetas “secretos”, como Emily Dickinson o Fernando Pessoa, y de escritores que gozaron de una visibilidad sumamente ingrata, por decisión propia o por las condiciones de recepción de su trabajo, como Carlos Martínez Rivas o Roque Dalton. Pero el poema, como una máquina del tiempo, nos restituye intacta su lectura aunque los textos, pensados como ejercicios para la reflexión individual, no escaparan de su aparición pública, como el caso paradigmático de la poesía de Roberto Bolaño, o los versos inéditos de José de Jesús Sampedro, Julio Inverso o Walt Whitman.

Lo que quiero decir es que, en tanto lenguaje, incluso los versos privados llevan en sí la posibilidad de la participación del otro. El escondite y el anonimato no sustraen al poema de su vínculo social. Ninguna coartada puede producir la apropiación totalitaria del lenguaje o su privatización. Incluso la poesía secreta o no pública se mantiene en calidad desapropiada, emancipada del circuito de movilización de los discursos, unida a su ser social y cuestionando su propia vinculación. La poesía aparece, pues, en este campo de tensiones entre el uso particular y altamente subjetivo de un lenguaje y la imposibilidad de su vinculación con el registro de lo social, a lo que la propia condición del lenguaje se obliga a sí mismo irremediablemente.

Arrogarse la incierta función, no sin arrogancia, no sin extremo pudor, de decir lo que el otro diría si tuviera un decir: esa imposibilidad es el poema.

Cuando este vínculo es asumido conscientemente por los autores, la literatura puede generar visiones lúcidamente críticas de la realidad o folletos panfletarios que hagan las veces de voceros del poder. La lista de evidencias para el primer caso, por fortuna, es tan extensa que desactiva nuestras desconfianzas para los segundos. Tenemos así la poesía de Ernesto Cardenal, Juan Gelman y Dolores Dorantes en nuestro auxilio, y para ilustrar el segundo, tenemos al caballo rojo que tiró de su grupa a Pablo Neruda. La necesidad de ambas perspectivas, sin embargo, obedece a la vocación del poema para dar sentido a la experiencia colectiva de lo real, aunque lo real esté invadido de condiciones imaginarias que hacen que su articulación objetiva resulte imposible. Ya se trate de versos contra el tirano o del amor y sus tormentas o de los asombros cotidianos, el autor de los poemas descubre dentro de su propia experiencia de escritura individual vínculos y relaciones que pueden nutrir la experiencia colectiva de lo real.

Más que de militancias o proselitismos, el trabajo del escritor no puede escapar de su voluntaria subordinación al trabajo mismo. Julio Cortázar lo explica maravillosamente cuando dice que la lealtad del escritor está con su escritura antes que con cualquier proyecto de cambio social al que, por otra parte, el escritor se vincule. Disentir en cuanto a las condiciones del orden social en el que nuestro trabajo se desarrolla viene, a la vez, de un cuestionamiento sobre el discurso del poder y de nuestra posición subjetiva con respecto al acomodo de esas condiciones.

martes, 3 de diciembre de 2013

Apunte sobre poesía y poder

Ilustración de Irving Herrera

Publicado originalmente en la edición impresa de El Jolgorio Cultural, octubre de 2013.

La palabra “empoderamiento” es espantosa. Es la grosera calca con que los psicólogos y los gerentes de desarrollo de personal han traducido el empowerment, una versión democratizada del poder que, como la libertad para los movimientos de emancipación social, se adquiere a través de su ejercicio —el funcionario emancipado parcialmente de supervisión encuentra que el poder comienza y acaba en sí mismo, y el oprimido, al ejercer su libertad, la conquista.

 ¿Qué clase de poder se cifra en la poesía, qué clase de poesía podría venir del poder? ¿El tradicional prestigio que se le asocia a la poesía está dado por un poder que le viene de su mismo ejercicio, o por el contrario, se trata de una práctica anacrónica en espera de su desaparición? 

En la generación de Garcilaso, donde la pluma era extensión de la espada, o viceversa, la literatura era escrita y leída por la nobleza y por la incipiente burguesía intelectual, además de los monjes, empoderados en sus investigaciones sobre la naturaleza de la divinidad. A los poetas les preocupaba, en cambio, la naturaleza del hombre, y las formas en que el hombre lidiaba con fuerzas que lo sobrepasaban. La escritura era una práctica de la nobleza o una manera de lidiar con el Príncipe, de ganar su favor. Sólo en fecha muy reciente el diario personal del sujeto moderno apareció como investigación íntima.

Pero la poesía también puede convertirse en una extensión servil del poder, o al menos puede ser utilizada por el Príncipe de turno para este fin: Radovan Karadzic, psiquiatra, político implacable que condujo los destinos del pueblo serbiobosnio hacia una de las más brutales limpiezas étnicas de nuestros días, era también un versificador concienzudo, narcisista, y con una visión idealizada de sí mismo. Como sucede con cualquier poeta que se desdobla en su reflejo de señor que escribe. Una joyita de Karadzic reza “El que no tenga pan se alimentará con la luz de mi sol. Pueblo, nada está prohibido en mi fe./ Se ama y se bebe./ Y se mira al Sol todo lo que uno quiera. Y este dios no os prohíbe nada./ Oh, obedeced mi llamada, hermanos, pueblo, muchedumbre”. Los versos del camarada Mao también merecieron difundida lectura en las escuelas chinas, y Stalin mismo presidía y curaba los gustos de la ominosa Asociación de Escritores de la madre Rusia.

La poesía ha sido ejercida durante la mayor parte de la civilización humana a través del canto y la participación de una comunidad de sentido en los ámbitos rituales donde el canto tiene lugar: desde ceremonias públicas hasta alabanzas a la madre, la patria o los próceres, el canto ha reproducido y normado las formas en que una sociedad construye su procedencia simbólica y se localiza en la historia humana. El libro como tecnología de lectura es relativamente reciente, pero lo que entendemos por literatura y poesía aún hoy en día está supeditado a la norma del libro, a pesar de que poco participe esta industria editorial en la economía de los países. La gente no lee, se dice, pero canta a la menor provocación: cualquiera conoce los octosílabos de alguna canción ranchera aunque desconozca el teatro de Lope, escrito en el mismo metro en que tarareaba José Alfredo Jiménez. 

El símbolo se perpetúa a través de su reproducción: cada lunes, miles de niños en las escuelas mexicanas entonan el “Himno Nacional” a través de cuyos decasílabos el poder canta y exhorta a identificarse con una imagen colectiva, fija e impermeable a la historia: una identidad nacional: “Mexicanos al grito de guerra,/ El acero aprestad y el bridón./ Y retiemble en sus centros la tierra/ Al sonoro rugir del cañón”.

Por supuesto que ningún niño con dos dedos de frente cree que esas palabras le hablan directamente a él: a él o a ella que probablemente nunca ha escuchado al cañón rugir sonoramente, y que habrá visto la guerra en los noticieros confundiéndola con un videojuego, como ocurre con la mayoría de los adultos. Desde niño siempre me llamó la atención la siguiente invocación, cuya afectación en el canto provoca aún otro equívoco curioso: “Mas si osare un extraño enemigo/Profanar con su planta tu suelo,/Piensa, oh Patria querida, que el cielo/Un soldado en cada hijo te dio”.

Frente a Masiosare, el extraño enemigo (que imaginaba las más de las veces despiadado y sin rostro), cada habitante de México se convierte en soldado —así se lo ha prometido el poeta a la patria, y el canto, como la mentira, a través de su repetición se vuelve verdad. El soldado en que todos nos convertiremos buscará borrar la ofensa que la planta de Masiosare ha efectuado en el terreno que delimita políticamente al país, creando la ilusión de que el enemigo no puede estar en casa: de que el enemigo que puede osar ofendernos siempre es un extranjero. 

¿A qué siniestro Masiosare se enfrenta la práctica de la literatura hoy en día? ¿O es que la literaturaprofesional y los amateurs que hacen micrófono abierto se otean y se evalúan como enemigos imaginarios frente a la incapacidad de ubicar la insistencia de la práctica verbal fuera del terreno de lo verbal mismo? ¿El taller de rap está peleado con las revistas de crítica y creación literaria o por el contrario su ficticia oposición busca delimitar solamente los ámbitos en que sus respectivos poderes conviven y se reproducen sin anularse y apenas considerando la existencia de los otros? Se sabe que el gusto por la taxonomía es un gusto por el poder: llamar pan al pan permite apropiárselo. Sobre todo: la forma de llamar pan al pan importa al que desea hacerse con la administración del pan, con la administración de un ámbito de poder, ya sea en la escena del arte urbano, la poesía en voz alta y el spoken word, o en el aula académica y las revistas culturales. Llamar pan al pan desde la trinchera del micrófono abierto o desde una publicación del Estado permite perpetuar, sobre todo, la estructura en que lo literario convierte capitales simbólicos en económicos, y al poeta en un funcionario de la cultura.

Ésta es la versión estándar de la reproducción del poder a través del pretexto de lo literario, pero no es la única versión. Pienso por ejemplo que la poesía permanece como instancia privilegiada del discurso porque la insistencia en crear artefactos verbales sigue teniendo sentido para algunas personas, y su lectura o escucha son relevantes para estas mismas personas. Pero el poder de la escritura le viene precisamente de su no-poder, de que el pan escrito en la página o cantado en la plaza pública no es el pan que uno efectivamente puede comer con una taza de café: toda palabra es el hueco de la realidad que denuncia, y donde se lee pan el pan ha desaparecido. Si la poesía tiene un poder acaso sea éste: el de realizar una desapropiación extrema de las cosas, el de la aspiración a una palabra neutra, como quería Blanchot, que dé cuenta de la experiencia de mundo donde el poeta es apenas un operario o médium de un contenido emocional que preexiste y rebasa el ámbito material de la palabra. El poder de la poesía, en todo caso, siempre rebasa al poder que pueda asociarse al poeta: este ser de dudosa estirpe, el Poeta, como Masiosare, depende del reconocimiento o la oposición de la sociedad para existir. Un individuo reconocido públicamente como poeta (es decir, autorizado por una comunidad que norma lo poético, que puede ser una universidad, una lectura de spoken word, una charla informal o el juicio de la historia) puede ejercer públicamente el rol de profesor, tallerista o burócrata, pero rara vez el de poeta, así sin más. La palabra incomoda y debería incomodar: es una categoría crítica a la vez que una palabra que designa a alguien que usa las palabras de un modo distinto al de la vida diaria, alguien que haneutralizado o puesto en duda los significados usuales: alguien que, como César Vallejo, se ocupa de la tensa realidad fronteriza en que la palabra ocurre, preguntándose: “Un hombre pasa con un pan al hombro./ ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?”, o incluso: “Alguien va en un entierro sollozando/ ¿Cómo luego ingresar a la Academia?”

Entre el hombre que solloza y el que ingresa a la Academia, la poesía afirma su poder desde la negación del mundo, desde una cadena de interrupciones en que el deseo redistribuye las ocupaciones mundanas: un hombre que escribe es un hombre que se interrumpe y participa de un trabajo inútil, que interrumpe la significación convencional de las palabras tal vez por la sola capacidad para hacerlo, como quien anda en bicicleta —no descartemos que por razones políticas— sin pensar en que lo hace, so pena de caerse.

viernes, 9 de abril de 2010

Invitación: lecturas de abril

April is the cruelest month. 
T.S. Eliot
1. Lectura dentro de la 1era Feria del Libro de Azcapotzalco. Alternando con el master Guillermo Vega Zaragoza (en cuyo blog pueden consultar el programa completo de la feria), mañana

Sábado 10 de abril, 17:00 hrs. en
EL BREVE ESPACIO. Kiosco de la Videoteca “Manuel Álvarez Bravo”
Dos generaciones: Guillermo Vega (poesía), Javier Raya (perfopoesía)
[whatever than means]

Cómo llegar: Explanada delegacional de Azcapotzalco, calle 22 de febrero esq. con Jerusalem. Metro Camarones (línea naranja) y caminar tres cuadras o tomar un pesero que diga "UAM Azcapotzalco". La carpa está situada frente al asta bandera y dice en letras grandotas "El breve espacio", or so I was told...



2. Lectura dentro del programa "Marabunta de poetas" en ATRIO-Espacio Cultural. Este terrorista cultural por mérito propio, don Cristian Picón, ha organizado una cosa interesante. A los distintos espacios que conforman el ATRIO ha propuesto diferentes modos de interpretar poesía en un sentido performático. Así, la modalidad "Performance" se lleva a cabo al fondo de la taberna; "Errante o de balcón" (¿balconeo?) desde el primer piso leyendo hacia la calle; y de "Recinto" en la mesita familiar que a mí me aterra tanto, la forma de lectura más íntima.

Estaré participando en

Performance: Lunes 26 de abril, 19:00 hrs.
y
Recinto: Viernes 30 de abril, 19:00 hrs.

Cómo llegar: El ATRIO está en Orizaba 127 Col. Roma. El metrobús más cercano es Álvaro Obregón. De la av. Álvaro Obregón rumbo a Cuauhtémoc, a mano derecha en Orizaba y es cuadra y media.



jueves, 22 de octubre de 2009

Invitación próximas lecturas

Estimad@s:
Acá las fechas, lugares y procederes de las próximas lecturas en que participaré. Ojalá puedan acompañarnos.
Abrazos.
Adversario en el cuadrilátero- Octavos de final
Cuándo: sábado 24 de oct., 14 hrs.
Dónde: Plaza del Aguilita, afuera de casa Talavera (Rep. del Salvador esq. Talavera, col. Centro) 
Cómo: metro Merced o Pino Suárez.
Comentarios: segunda fase slamera, con transmisión en vivo por internet a través de http://es.justin.tv/kobraconk
web: http://torneodepoesia2009.blogspot.com
2a Sesión Roja- Festival Internacional Chilango Andaluz 2009
Cuándo: lunes 26 de oct., 20 hrs.
Dónde: Bar Akelarre (Regina 49, col. Centro) 
Cómo: Metro Isabel la Católica.
Comentarios: más tiempo en el escenario. Grandes amigos en escena. Imperdible.
web: http://www.facebook.com/event.php?eid=189768087587&index=1
Slam poetry de exhibición- Clausura del Festival Chilango Andaluz 09
Cuándo: sábado 31 de oct., 19:30 hrs.
Dónde: Bar 246 (Querétaro 246, casi esq. Insurgentes, col. Roma)
Cómo: Metrobús Sonora.
Comentarios: estoy aterrado por el cartel. Positivamente, se entiende. Mucho nivel en escena. Ah, y la sorpresa es que Fadanelli será parte del jurado. Transmisión en vivo por Radio Zapote. 
web: http://www.facebook.com/event.php?eid=151650254838&index=1
Ojalá puedan asistir, se agradece la difusión. 

domingo, 18 de enero de 2009

Gran Slam de Poesía, 6 de Febrero 2009

Espectacular gesta poética de exhibición, Facultad de Filosofía y Letras de C.U., salas A y B, 16:00 hrs. Lleven a sus madres. No mordemos. Bueno, algunos sí. Bueno, no sé por qué sale tan chiquito el flyer, pero estarán Edmée, el Rojo, Ewor, Duxx, Edgar Khonde, Tonatiuh Mercado... y bueno, cáiganle y sean felices.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Slam de poesía- Universidad del Claustro de Sor Juana

Las microscópicas letras del cartel conminan a todos ustedes (y a los 3 lectores que se enteren por aquí) a asistir el viernes 21 de noviembre a la Universidad del Claustro de Sor Juana, (Izazaga 92, muy cerca del metro Isabel la Católica, col. Centro) al fabulosísimo slam de poesía que tienen a bien organizar en beneficio de la felicidad y la esperanza, y de todas las cosas buena onda que vienen a la cabeza cuando la gente se reúne, impúdica, frontal, casi desvergonzadamente a leer sus cosas, como si no hubiera mañana, caray. Va a estar más que bien esto, pues. En fin, ojalá puedan ir y ser felices. Ah, es a las 6.

En fin, que nunca pude poner el trinche cartel en grande. Sorry.

martes, 11 de noviembre de 2008

Poesía y más poesía

Invitación para los 3 lectores de este blog que vivan en el DF y a los que anden por estos lares el miércoles 12 y jueves 13 del corriente, para que caigan a Donceles 66, en el Centro Histórico a este superlativo maratón de poesía con motivo del Día Internacional del Libro y de paso, para homenajear al poeta José Emilio Pacheco. El borlote empieza a las 14:00 (¿:30?) del miércoles y terminará alrededor de la medianoche del jueves. A su segura servilleta le toca leer por ahí de las 14:40 del jueves. Poesía para aventar parriba, pues.

lunes, 6 de octubre de 2008

La vida y la letra, 1

, Abrimos el compás: en cualquier actividad humana hay un principio de corrección, de lo que puede o no puede un hombre en un trabajo; y una ética, lo que debe y no debe por ninguna razón; lo cerramos: en arte, esto es determinante; lo constreñimos: en poesía, es vital. , Hablando con una amiga artista plástica, me cuenta que pinta para sí y tal (tiene años dando un taller en Juárez). Yo le cuestioné sobre su negativa a exponer, es decir, a publicar su trabajo. No es necesario, es mío. Puntos suspensivos. Claro, ¿pero no hay como una cancelación de las posibilidades de la obra cuando se recluye? ¿Cuándo se encarcela por miedo nuestro en vez de por pudor intrínseco de sí misma? No creo que una buena obra sea pudorosa, por lo demás. Creo que puede hablar en voz baja (¡que debiera aspirar al susurro!), o callar completamente, que no es lo mismo que ocultarse, que negarse la posibilidad de ser. ¿Ser en lo oculto? No estoy seguro. , Primer plano: la obra expuesta/publicada/ejecutada, es. Es, porque entra en oposición a lo que no es, a lo que está en la nada, en lo increado, en lo imposible. Si es una obra imposible (ciertas partituras imposibles de ejecutarse de John Cage), es en latencia, esperando al virtuoso, por ejemplo, o al contrario, siendo –obra, plena de sí- simplemente como posibilidad, como silencio impreso que sabe que su ejecutante no llegará, y qué bueno. , Segundo plano: hay un mecanismo de recepción de la obra que no es claro, que no tendría por qué serlo. Dice Casar que el crítico es un lector especializado. Entiendo el sentido, pero me suena como que esa “especialización” legitimara artificialmente una función. ¿No sería mejor decir que el crítico hace posible un horizonte de disfrute? Pero pervive la imagen del crítico feroz como oficiante del principio de corrección: esto puede y debe hacerse, esto no puede, y bajo ninguna circunstancia, debe hacerse. , La institución crítica implica una toma de temperatura de una obra y lo suyo. Es la apuesta por un margen de sentido en referencia a la obra. Respuesta a ese apostar primario de la obra; réplica sin la que puede vivir la obra, pero no mejor. , Me preocupa, sobre todo en los talleres literarios o las publicaciones estudiantiles, esa como justificación sin justeza del “es que escribo para mí” o sus variantes: escribo: -desde el alma -porque sí -pero no me interesa explicarlo -pero no quiero entenderlo -pero me vale si no se entiende -pero cállate ¿Entonces qué coño hacen en un taller? ¿Por qué publican? , Hay buenas razones para publicar; hay mejores, tal vez, para no hacerlo. Desde Paz que aconseja publicar todo lo que se escriba (y predica con el ejemplo), hasta Borges, que lo ve como un fin puramente práctico: publiquemos, así no nos pasaremos la vida en correcciones. , Alguien me dejó en mi cara-libro: “ya publica buey”. ¿Qué? ¿Dónde? ¿Para qué? , Me di cuenta de que me aterra la crítica. La crítica revela: es la luz que revela la forma del monstruo. Más: el monstruo es revelación, pues todo en él está expuesto, no hay ocultamiento. Como la doctora Revueltas, pienso en Coatlicue: ¿dónde está lo hermoso de la piedra gigantesca, con todos esos dientes y víboras? Todo es evidente: órganos de vida, mismos que de destrucción. Creo que también Paz la refiere… Ok, cambio de referente. ¿Les parece dios? Bueno, dios siempre se revela. Dios no es lo evidente en términos de cercanía sensorial, de “evidenciable”, sino que su manera posible es la revelación. El “silencio” que viene como corolario a la oración cristiana, el silencio divino, la no-revelación de su potencia en favor del suplicante, se interpreta también como una respuesta divina, una revelación de la intención divina que es una anti-revelación, una revelación por ocultamiento. Ergo, dios es un monstruo. , Antes aguantaba más vara: podían decirme que mi (según yo) logradísimo poema, con un chingo de imágenes (según yo) bien acá era la cosa más pendeja que se había escrito desde que Cervantes inventó el español (me refiero a Francisco, no a Miguel); o que cuando (según yo) hablaba de algún tema trascendente, a saber dios/muerte/pájaros/pechos, en realidad estaba exponiendo las excrecencias de un profundo e infantil complejodedipo, que la verdad era más gracioso e interesante que el poema mismo. Lo que se aprende es que la palabra implica la responsabilidad por la palabra. No confío en los artistas que dicen “una vez que la obra sale de mí, ya no es mía”. Creo que lo leí en una entrevista con Mutis y me quedó zumbando. No es posible desentenderse de esa manera. ¿Vamos a recibir los premios y todas esas cosas de los aparatos culturales, pero, ah, nos negaremos a recibir de buena gana un par de puntapiés en el ego, o como dice Raúl Zurita, un escupo en plena boca, cuando lo que esperábamos era un beso? Según yo, es el mismo movimiento.