domingo, 26 de noviembre de 2017

Crónica (interrumpida) de la presentación de "La rebelión de los negros"

Una publicación compartida de Ámbar Cooperativa Editorial (@ambar_editorial) el

+ Xel-Ha:
caja negra (respondencias) submarino
argentino. La caja negra es naranja.
Naufragios modernos. Edición pirata
no oficial, rayoneada, subrayada,
confrontada. Engargolado impreso
en tapas negras (pdf materializado,
simulacro del libro). Convenciones
de presentación de libro estándar:
subvertirlas. Sudor frío: lo va a hacer
puré. Convocación a Montalbetti:
los poetas no son serios / esta no es
una novela seria. Y eso está bien.
Convocación a Hito Steyerl:
el trabajador de choque. En el tintero:
hablar de Ivan Ilich y el trabajo
fantasma. Convocación a Walter
Benjamin: sólo un poeta
pudo leer al ángel de la Historia.

+ Cristina:
Resistir por todos los medios
la escritura como un proceso de
domesticación. Mantener en ella
una tensión que permita que el otro
se afirme ahí --no necesariamente
el yo, este yo--. Los escritores
aceptan hablar de cualquier cosa
menos de trabajo. Menos
de trabajo asalariado. Menos
de las condiciones materiales
de producción de la literatura.
La pregunta (fundamental)
por la acumulación:
-de cuartillas
-de capitales simbólicos
-de fogueos ahogados
-de amistades tensas
-de currículos
La cuestión del nombre (propio,
impropio y/o apropiado):
impostar un nombre
implica una impostura.
Un autor(a) es alguien que escribe
a nombre propio como si lo impostara.

+ Tintero
"Escribe en tus ratos libres".
La escritura no se considera
un trabajo, salvo retroactivamente.
La escritura se asimila --tal vez
desde la perspectiva de los que
no escriben, o de los que quisieran
escribir pero no escriben--
a una forma menor de entretenimiento:
a un hobby pretencioso, a un
macramé con ínfulas. Bordieu:
la firma del costurero. No hay
afuera del capitalismo, de la maquinaria
editorial, de los circuitos de producción
y distribución de las escrituras
--pero hay grietas. ¿A quién
le pertenece un autor? Tania
pregunta en el stand de Tusquets
por Chantal Maillard: "Ya no es
de nosotros", le dicen. Funcionaria dice
con su voz menos discreta:
2 minutos, Xel-Ha hace eco
2 minutos mientras leo, Cristina
2 minutos mientras me interrumpo.
Señor en la sala: "¿O sea que ya
nos podemos ir?" Erandi: "¡Nadie
está aquí a la fuerza!" Yo:
le regalo los dos minutos.

"¿Pero qué sucedería si, en lugar del nombre de un poeta, o de un autor, aparecieran en las portadas de estos libros dialógicos, de estos libros escritos, de hecho, en la más estricta de las coautorías, los nombres de todos los involucrados? ¿Qué tal si no apareciera ninguno?" --CRG. Los muertos indóciles, p. 91.

Telón.

lunes, 13 de noviembre de 2017

El canon poroso: Preguntas en torno al fin de la colección Limón Partido

Texto leído in absentia durante la Feria Internacional del Libro de Minería el 5 de marzo del 2017 en la Ciudad de México.

***

¿Por qué se me viene a la mente la palabra “canon” al pensar en la colección de poesía Limón Partido? ¿“Canon” en qué sentido? ¿Uno por uno o en todos o en cada uno? ¿Canon como aquel conjunto más o menos ideal e idealizado que se define por su ejemplaridad?

¿Canon como una colección de diapositivas que dan cuenta de un periodo histórico dentro de la poesía latinoamericana? ¿Se puede hablar de un canon no-canónico? ¿De un canon anticanónico? ¿De un anti-canon?

¿Se trata de un Canon de instantáneas, de postales fotográficas, como la marca de cámaras y equipos fotográficos Canon? ¿O se trata del canon en su acepción musical, como “pieza o sección de una composición musical de carácter contrapuntístico basada en la imitación entre dos o más voces separadas por un intervalo temporal” (Wikipedia), en donde una melodía se confronta con sus variaciones, encontrando ecos inesperados y en no pocos casos, tautologías y repeticiones?

¿Llegaríamos a alguna parte a través de un ejercicio de sociología literaria, tratando de derivar algunas consecuencias acerca de las condiciones de producción y el contenido de la colección Limón Partido, vista desde el final, como un conjunto cerrado? ¿De la proporción entre hombres y mujeres, del porcentaje de mexicanos o chilenos o uruguayos versus la de guatemaltecos o paraguayos o cubanos? ¿Hablaremos de su franco bolivarismo? ¿De su utopismo posnacional? ¿La podemos pensar como un gran libro en donde cada poemario particular es un capítulo, como quería Roberto Calasso a propósito de la editorial Adelphi?

¿Podemos pensar el Limón Partido como un abrazo que yo te pido, y entre copla y

copla el limón se exprime y se agota? ¿Si la vida nos da limones partidos habremos de hacer poemas? ¿Si la vida nos da limones partidos sembraremos sus semillas en lo poroso del canon? ¿Trataremos al canon literario como una piel, un enorme órgano sensorial y permeable, una tierra fértil? ¿Partir en la tierra un surco, un verso? ¿O fabricarle, por el contrario, una porosidad a lo impenetrable del canon —una prótesis tal vez, un pequeño campo, un canal de irrigación, un narco túnel literario para pasar de contrabando dos o tres palabras pertinentes? ¿Dos o tres libros o dos o tres nombres? ¿Enraizados en dónde? 

viernes, 3 de noviembre de 2017

3 preguntas a Jericho Brown


Las siguientes preguntas son extractos de una entrevista más larga con el poeta Jericho Brown para la serie de entrevistas Voices of Bettering American Poetry Volume 2. La entrevista completa puede leerse aquí.



¿Cuáles son las mejores formas de apoyar a los poetas y a la poesía?

Compra libros. Enséñalos. Habla de ellos. Cita líneas en voz alta cuando las situaciones de la vida lo soliciten. Aprende versos de memoria. Trata de llevar el mundo de la poesía a tu conversación cotidiana de la misma forma en que los chicos creen que te pueden hablar de football o basketball sin antes preguntar si te gusta el football o el basketball. Lo más importante, si eres poeta, míralo como una identidad y haz lo que creas que tu identidad requiere de ti. Y muéstrate orgulloso al respecto. Cuando la gente te pregunte a qué te dedicas, deja de decir que enseñas en la universidad local. Diles que eres poeta.

¿Qué opinas de los debates actuales acerca de la "escritura por fuera de la identidad"?

Honestamente estoy tratando de entenderlo. No lo sé. Realmente desearía que los blancos hablaran unos con otros más a menudo. Creo que tendrían más de qué escribir si supieran más sobre ellos mismos. Están en la pobre posición privilegiada de saber a duras penas algo sobre sí mismos. Tal vez no se verían en la necesidad de escribir desde las voces de las voces marginadas si comprendieran cómo el privilegio y las predisposiciones que vienen con la blanquitud los vuelven una categoría marginal aparte. Podrían escribir sobre eso para variar. Pero por ahora, el blanco quiere seguir discutiendo sobre la existencia misma de su privilegio.

A pesar de ello, mi entrenamiento me enseñó que la empatía es la respuesta para cualquier buena pieza de literatura. Creo que cualquier cosa es posible para el poema.

¿Piensas que la literatura puede influir en el cambio social, o reflejarlo? ¿O ambos? ¿Existen movimientos sociales actuales o pasados que afectaran tu poesía? ¿La poesía puede ser activismo?

No estoy seguro de qué podría ser si no fuera activismo. Si lees un poema y no ves las cosas diferentes después, entonces no leíste un poema o no lo leíste correctamente.


jueves, 19 de octubre de 2017

Despiértame, 1

a mis padres

, Más o menos a esta misma hora (1:00 pm) hace un mes, estaba yo sentado en esta misma mesa, con esta misma luz y este mismo sol: un hermoso día. Y ese yo que estaba aquí, sin duda, no es este mismo yo que se recuerda estando --la luz no es la misma, ni el sol es el mismo ni la planta (Harry Helecho) colgante, aunque el viento la saque a bailar, y le ponga en ese vaivén de péndulo que tanto me sigue asustando hoy, un mes después del terremoto. Ese yo ya no existe.

, No quiero escribir una crónica más del temblor, aunque sí es una crónica de un 19 de septiembre.

, El 19 de septiembre de 2016 hablé por última vez con mi ex-empleadora. Nos dimos un adiós sin pasión, propio no de amantes sino de profesionales. ¿Renuncié o me renunciaron? Creo que nunca lo sabré a ciencia cierta.  A un año de diferencia ya no importa. Lo cierto es que el 19 de septiembre del 2016, después de dormir a los niños, Tania y yo abrimos una botella de vino espumoso y celebramos el incierto devenir laboral que se abría frente a nosotros. Nos entregamos, como tantas veces, a condiciones inciertas de existencia, sin expectativas y sin esperanzas en realidad. Y brindamos frente al fin del mundo que comenzaba a partir de entonces. Ella es mi otro. Mi amor. Mi fuerza. De ese 19 quería hablar el 19 pasado. El temblor me agarró en esta misma mesa, más o menos a esta hora, hace un mes: haciendo el recuento de un año fuera de la economía formal, del goce de sueldo, de mi vida como la conocía, pero dándole gracias a ella, por rifada, por felicitarme cuando renuncié o me renunciaron. Por estar conmigo a pesar de todo, incluso a pesar de mí mismo y de las condiciones del mundo actual.

Desde septiembre del año pasado no tengo un "empleo", pero no quiere decir que no tenga trabajo. Doy algunas clases de literatura, en bibliotecas y espacios privados y autogestivos, traduzco para revistas, hago psicoanálisis, pulo junto a mis brillantes editores el texto de mi novela, escribo poemas como si no hubiera mañana, pero nada de todo esto basta para conformar un sueldo como el que tenía antes. Ni cagando. El cambio de un año a esta parte ha sido el dejar de ser (y de cifrarme y tasarme) como un sujeto activo de la producción, y volverme un sujeto activo del cuidado, esa labor que no se cobra pero que se paga de muchas formas. Y eso, para una masculinidad tradicional, es devastador. Porque el valor del varón del mamífero humano se cifra tradicionalmente en su rentabilidad, en su capacidad para proveer económicamente a su familia, así como para insertarse en dinámicas de consumo afines a una determinada clase social a la que no puede ser del todo ajeno.

, Escribo esto aprisa, más o menos un mes después del #19SMX, porque debo preparar la comida de los niños, doblar la ropa, sacar al perro. Me parecería mezquino apropiarme de la frase de Luciana Peker, pero pienso que no, que yo tampoco tengo un cuarto propio dónde escribir. No soy una mujer, pero al igual que otros hombres que cuidan a sus hijos, me enfrento a menudo con las miradas condescendientes de quienes piensan que las labores domésticas no son dignas de un varón. Que lo "devalúan a mujer". Que lo feminizan (como si hubiera algo de malo en reconocer la parte femenina, receptiva, ávida, terrestre, acuática de la personalidad). Pienso estas cosas, pero no me detengo a pensar. No puedo detenerme. Ya es hora de levantar a los niños. De llevarlos a la escuela. De que la vida continúe.

, Hay días en que este olor tan particular a derrumbe no me deja dormir. El olor ya se disipó, pero no me lo puedo sacar de la ¿memoria? Es olor a polvo, a humo, a humedad quemada, un olor metálico, ferroso, inclasificable, inolvidable. Me revuelvo en la cama tratando de dormir y me atenaza, me presenta imágenes terribles, desesperadas, como si estuviera envuelto en ese olor, prensado por él, incapaz de alejarme de su nube mortífera. Entonces me levanto de la cama, enciendo la computadora nueva (¿cómo voy a pagar por esta computadora nueva comprada a crédito, es decir, con plata que no tengo?) y me pongo a escribir que hay días en que este olor tan particular a derrumbe no me deja dormir.

, La naturaleza parece cruel desde una perspectiva humana. Es caprichosa, violenta, desconsiderada. Como un niño. Tienen demasiada energía: corren de un lado a otro, brincan, se lanzan cosas, bailan en síncopas imposibles y salvajes. De pronto rompen a llorar. Probablemente tienen sueño, hambre o les molesta un pliegue del calcetín. Cambian: están vivos. Demasiado vivos. No se quedan quietos ni siquiera cuando duermen. A veces se quejan en sueños, hablan con alguien, se ríen de formas encantadoras, como si siguieran jugando mientras duermen. Son demasiado hermosos, mis niños, dormidos o despiertos. Incluso cuando me miran con el ceño fruncido cuando les digo que es hora de acostarse, que es hora de guardar los juguetes, que es hora de bajar del triciclo y sentarse a cenar. Justo antes de prorrumpir en quejas, negociaciones o francas escenas de llanto, tiemblan de furia por un instante. Cuando jugamos a hacernos cosquillas también tiemblan de pura dicha.

, Solamente en la ciudad de México, desde hace un mes, se han contabilizado 3,800 edificios con daños, 2,000 con daños leves y 1,800 graves: 52 que deben ser demolidos y 38 más que cayeron como consecuencia del sismo. En total, unos 1,890 edificios que han debido ser desalojados. Calculando el número de pisos, el número de habitantes en promedio, y contrastando --muy a grosso modo-- con la cantidad de albergues que operan desde hace un mes, daría un estimado de 136 mil personas. Pero los +40 albergues que están operando, con alrededor de 200 personas cada uno, apenas suman 10 mil damnificados, eso sin contar a los voluntarios que siguen haciendo turnos de más de 12 horas para servir y administrar 300 mil raciones de comidas al día. Eso son 9 millones de comidas en un mes. Sin contar la resolución de problemas sanitarios, médicos y psicológicos particulares. Sin contar las necesidades especiales de la población infantil y de la tercera edad. Problemas concretos de cuidado. Labores de cuidado. Labores domésticas, si se quiere. Aún así, con todo ese esfuerzo humano, equipos de brigadistas independientes como la #BrigadaGénova estiman que 90 mil personas están durmiendo hoy a la intemperie, bajo lonas o casas de campaña. Y eso, como dije, solamente en la ciudad de México. Puebla, Morelos, Chiapas y Oaxaca tienen, cada una, sus historias de terror y de heroísmo. En Oaxaca, la tierra no ha dejado de moverse. Juchitán, desde donde llegaron las primeras imágenes de la devastación desde el siete de septiembre pasado, está prácticamente en ruinas. Piden lonas porque llueve y tiembla tanto que la gente prefiere dormir en las calles mientras deciden si desalojar o quedarse a perder lo poco que tienen. Muchas comunidades quedaron en el suelo y, a causa de su ubicación geográfica y la falta de vías de comunicación, no se supo sino hasta mucho tiempo después. Recordemos a aquellos de los que nadie se acuerda este día, cuando escuchemos discursos. Alcemos la voz durante los minutos de silencio que nos siguen exigiendo.

, La naturaleza parece cruel desde una perspectiva humana, pero los humanos son innaturalmente crueles consigo mismos: convoys de ayuda desviados por la policía o el ejército. Voluntarixs y brigadistas atacadxs --incluso sexualmente-- en el camino. Imágenes de bodegas del DIF llenas de donativos mientras la gente pasa hambre. A falta de cifras oficiales de desaparecidos y damnificados, pensemos en ese número extraído racionalmente con la información a la mano: 100 mil personas. Damnificados. Esto es, sujetos del daño. Hombres, mujeres, niños. Pero el PRIsidente es optimista: el candidato para 2018 será revelado en tiempo y forma.

, El 19 de septiembre de 2015, publiqué en la página de mis ex-empleadores un texto sobre los 30 años del terremoto de 1985. Yo lo viví así: "Esta mañana, a las 7:19 am, sonaron las campanas de la iglesia, se detonaron cohetes y sonó en las plazas el inexplicable toque de bandera, como en las ceremonias oficiales, en la conmemoración de los 30 años del terremoto. Me parece triste que cualquier ocasión solemne de naturaleza colectiva en este país, desde un partido de futbol hasta la inauguración de un edificio público, implique la música oficial, el toque de bandera y el Himno Nacional. Es increíble que nuestra imaginación, tan productiva en otros ámbitos, sea tan limitada para la celebración y el luto, esos polos de lo social. Ignacio Padilla aborda el tema en Arte y olvido del terremoto (Almadía, 2015), donde acusa la falta de narrativa literaria del suceso, el cual es clave para la renovación periodística y gráfica del período. A pesar de que falte la 'gran novela' del 85, Padilla afirma en entrevista con Excélsior que "el terremoto está implícito en todo cuanto escribimos quienes lo vivimos hace 30 años. Fue para mis contemporáneos una marca generacional indisputable, junto con otros dos derrumbes: el del Muro de Berlín, el 10 de noviembre de 1989, y el de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001'".

, ¿El 19 de septiembre de 2017 estará igualmente ligado a todo cuanto escribamos y pensemos en esta generación? ¿En la manera en que nos relacionemos socialmente? ¿En la forma en que los eventos naturales habrán de influir en nuestros comportamientos? ¿En nuestras instituciones? ¿En nuestras pesadillas? A un mes del #19SMX, ¿hemos despertado ya del estupor? ¿Escucharemos otra vez, impasibles, las palabras de los gobernantes que dicen que todo estará bien, que dejemos todo en manos del ejército, que cantemos el himno nacional o que guardemos más y más minutos de silencio por los que siguen bajo tierra, que nos movamos detrás de la cinta de precaución, que no entremos a la zona de derumbes donde están nuestros seres queridos si no tenemos equipo de seguridad, que no llevemos comida y herramientas a los pueblos más alejados que necesitan reconstruirse? 

, Así está la cosa, improbable lector o lectora: vivimos en un narcoestado criminal para quienes su vida y la vida de los suyos valen menos que nada. Vivimos una grave situación de desaparecidos, además de una violencia sin precedentes salvo en contextos de guerra. Incluso los activistas se preguntan si todo su trabajo no es más que administración de la catástrofe. No hay afuera de esto: no basta con fantasear con salir del país, con cambiar de nombre e identidad. El narcocapitalismo no tiene afuera. Y sin embargo... Y sin embargo hay que despertar a los niños para ir a la escuela. Hay que hablar con ellos cuando tienen miedo durante la noche. Hay que familiarizarlos --y nosotros con ellos-- con palabras como epicentro, placa tectónica, zona de subducción, rescate vertical, o mototrozadora de discos de diamante continuo de 1/2". Porque no hay afuera del narcoestado ni la necropolítica, y ellos se darán cuenta en su momento, pero por ahora son niños y tienen miedo. Tal vez no son hijos tuyos, pero van a sacarte del fondo de la tierra la próxima vez que la tierra se mueva, o cuando el crimen organizado (el de los carteles o el del gobierno) decidan que tu cuerpo es prescindible y lo tiren en una fosa en alguna parte. Esos niños van a aprender, como todos los niños, de lo que ven a su alrededor. Y te van a buscar. Y van a pedir que se haga justicia, incluso cuando los cínicos se burlen, incluso cuando nadie tenga interés en escucharlos. Van a seguir buscando justicia incluso aunque no la consigan. Precisamente porque no la consiguen. Porque eso hace el animal humano: cuida de los suyos a pesar de que sabe de antemano que todos estamos condenados a muerte por default. Porque hay que despertar. Porque hay que vivir.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Síndrome del martes


So come pull a sheet over my eyes
So I can sleep tonight 
Despite what I've seen today.
I find you guilty of the crime 
Of sleeping in a time 
when you 
should have been wide awake.
-Chris Cornell, Wide Awake (sobre el huracán Katrina)

Los que están despiertos tienen un mundo común,
pero los que duermen se vuelven
cada uno a su mundo particular (B89).
-Heráclito, llamado el Oscuro

El reconocible arranque "La candente mañana de febrero, en que Beatriz Viterbo murió", lleva días sonando en mi oreja como un eco. No pude avanzar más allá del primer párrafo esta mañana, pero entre toda la destrucción y la (des)información, el primer párrafo de El aleph tiene el mismo encanto de siempre, la misma sensación de arena que se lleva el mar de entre las manos. La imperiosa agonía sigue sin rebajarse a sentimentalismo ni al miedo, a pesar de que el tiempo y su orden presentan visibles cuarteaduras, daño estructural, grietas definitivas. Soñaremos que es martes y que tiembla por el resto de nuestras vidas.

*

¿Qué normalidad retomar? ¿A dónde volver? ¿Qué separador extraer del libro del tiempo para regresar sobre cierta ocupación interrumpida durante la alerta sísmica del martes 19 de septiembre, alerta que llegó tarde para el anuncio de lo que ya era evidente para entonces, el movimiento pendular de Harry Helecho, la caída de los libreros, el crujir del edificio como un barco ebrio, agitado en medio de la tormenta, las escaleras serpenteantes, los árboles que no bailan despeinados por el viento como suelen, cuando tiembla, sino que se mueven agitados de raíz, como una espiga en manos de un niño, el haz, el hato y la hoz, que siega? ¿Dónde está el afuera de este manicomio en llamas?

*

Sí, de alguna forma se hizo miércoles, durante la semana, si atendemos a lo irreversible del calendario, que lo mismo da vuelta a la aritmética de los días y los suma o resta, según nos paremos del lado de la vida o de la muerte, hasta terminar de colocar en las carteleras de fierro de las plazas no sé qué avisos de yogurt para ir al baño (porque desde hace tiempo que prohibieron la publicidad de cigarros rubios o de otro tipo y para el caso dejé de fumar cuando el eclipse, así que lo mismo da.)

*

Era martes cuando las sirenas de ambulancia agitaban el sueño de los niños y los estremecían en su maldormir. Era martes cuando todos, vivos y muertos, nos enredamos en una sábana triste para dejarnos mecer, para dormir por unos minutos, unas horas o para siempre. Era martes cuando platicábamos con extraños acerca de la mejor manera de mover 10 toneladas de víveres y herramientas de un punto a hasta un punto b, y luego no volvimos a vernos. Era martes cuando hicimos una línea de ensamblaje de sánguches y quesadillas para repartir entre voluntarios, un martes incesante y vasto, casi del tamaño del universo pero no exageremos, más bien desordenado como la imagen del universo (κόσμος, mundo, todo) según Heráclito: "El orden más bello del mundo es un montón de desechos esparcidos al azar." Martes rodeado de martes, día de Marte: la ciudad anegada de milicos, habitación desordenada en la que permanece una sombra del pasado como una idea recurrente, incluso cuando los libros han sido devueltos al anaquel, cuando los cristales rotos se barrieron y se decretó de manera unánime el miércoles de luto, aún y todo, sé de primera mano que no todos hemos salido de los escombros del martes. Algunos seguimos recobrando nuestros pedazos de entre las ruinas; otros sabemos que no volveremos a estar completos.

*

El dolor de la pérdida de Beatriz Viterbo se expresa como un alejamiento del universo, que al retomar su marcha --pasado, es posible, cierto periodo de luto-- la va dejando atrás. Según qué edición se consulte, Borges escribió que el universo "ya se apartaba de ella y que ese cambio [camino] era el primero de una serie infinita." Algún error de transcripción, alguna errata, alguna corrección de pruebas finas de último minuto habrá bifurcado ese cambio en camino o viceversa. Un error de imprenta o cotejo que recuerda al lector, como si este fuera a olvidarlo, que no se recorre dos veces el mismo camino. Algún tema de tesis harto explorado por especialistas en cuarteaduras y bifurcaciones borgeanas, algún detalle menor, un pie de página curioso.

Vaya: ni siquiera puede confiarse en la permanencia de los libros. ¿Camino o cambio? Es posible que el movimiento sísmico haya desplazado de lugar algunas palabras, que el capitel de la /b/ de /cambio/ sufriera cuarteaduras, formando un apóstrofe mudo (puntito de la i, puntito de la aureola invisible, hueco de la dona), resultando en /camino/. Tengo la impresión infantil de que si agitas un libro las palabras se mueven dentro como el cereal dentro de la caja. No puede esperarse que después de un terremoto tan violento algunas palabras no hubiesen sufrido daños.

*

El universo transcurre siempre en el mismo día interminable, tren sin estación que parte y llega al mismo tiempo. El universo se parece a una habitación desordenada después de un terremoto: todo está en su lugar, pero todo cambió de lugar.

*

En estricto sentido, muy poco ha cambiado desde el principio de los tiempos. El universo ofrece pocas novedades: las estrellas y los mundos surgen y desaparecen, como canicas en la bolsa. El martes de siempre. Esto que ha sido volverá a ser. El mamífero humano queda como un objeto más entre tantos esparcidos mediante un supuesto azar, en ese orden cuya belleza (cosmé-tica, disposición y armonía) no es del todo capaz de percibir, y que lo asusta, y que lo hace quedarse echado en un rincón, alarmado en su vacilante individualidad, removido, conmovido, pero movido al fin; temblando.

*

¿Pero qué hacer con un azar con sentido del humor? ¿Con un rayo que impacta el mismo árbol que había crecido en el lugar del otro? ¿Con un calendario que decidió organizar el déja vu más grande que se ha visto jamás, y destruir una ciudad dos veces, como para conmemorar sus propias ruinas?


viernes, 4 de agosto de 2017

Respuesta a un anónimo sobre el acoso callejero

Esta es una respuesta extendida a una pregunta que me hicieron anónimamente en el CuriousCat sobre el acoso callejero. Prefiero publicar mi respuesta tal cual la escribí que limitar lo que trato de exponer a un formato más breve.

Los hombres tendemos a interpretar el acoso callejero como una especie de fenómeno climático (en ese sentido [qué fuerte]: natural) que sólo experimentan las mujeres. Por eso nos es no sólo difícil empatizar sino acompañar y responder frente al acoso callejero que sufren ellas, especialmente cuando son nuestras parejas. 

Primero: no todo el acoso que sufre una mujer en la calle ocurre de la misma manera, por lo que la forma de empatizar con una mujer que te lo cuenta es diferente en cada ocasión. No es lo mismo la molestia "distante" del catcalling (chiflidos, piropos) que un tocamiento en el transporte público donde ella sintió miedo por su integridad física. Además, cuando te lo cuentan ya es un hecho (un crimen) consumado. Lo segundo: creer en lo que te cuentan. No sé en otras personas, pero a mí me sorprende lo fácil que los hombres ponen en entredicho los relatos de las mujeres, incluso de quienes denuncian (cf. caso Plaqueta, caso Porkys). ¿Por qué nos es tan difícil escuchar que una mujer se sintió agredida, por qué la cuestionamos a ella por sentirse agredida y no a los agresores? No es una pregunta retórica: es el privilegio masculino.

Podemos romper este ciclo de impunidades si reconocemos que están pasando siempre a nuestro alrededor. Una vez estaba esperando a Tania en la banca de un parque; la vi venir a lo lejos y me tocó ver cómo tres adolescentes le hacían catcalling. Ella los confrontó, así que me acerqué y los confronté también. Se fueron con la cola entre las patas. Pudieron habernos agredido, pero en el caso de acoso callejero no hay algo personal en la conducta del agresor que lo lleve a elegir cierta mujer frente a otra, no quiere asaltarla necesariamente ni tiene una motivación ulterior que lo motive para insistir después de la confrontación: es la disponibilidad y la garantía de impunidad lo que les permite seguir, literalmente, tan campantes caminando por la calle.

Creo que algo que pueden hacer los hombres, parejas o no, frente al acoso que sufren las mujeres, es desnormalizarlo. No hay nada en la forma en que una mujer habita el espacio público que la haga legítimo blanco de la frustración y agresividad de un hombre. Dicho de otro modo, nada de lo que una mujer haga en la calle amerita que alguien la agreda. El acoso callejero parecería una especie de impuesto a las mujeres por el paso franco por el espacio público. La experiencia de la ciudad de una mujer y un hombre son radicalmente distintas, y algo que podemos hacer con el privilegio masculino en el espacio público es señalar y confrontar ese tipo de prácticas; con esto podemos contrapesar la aprobación que producen estas acciones en los hombres que las cometen. Los acosadores no siempre son donjuanes solitarios no solicitados, sino pares o grupos que se protegen y se recompensan esos comportamientos (léase, los hombres acosan para excitar no la líbido propia, sino la de otros hombres), así que como hombres, creo que se trata de no volvernos cómplices o testigos silenciosos de la violencia sistémica que sufren las mujeres (y no sólo en el espacio público). 

viernes, 14 de julio de 2017

Viñetas de sueños

Columna de un templo sumergible: un dios egipcio con cabeza de tiburón blanco, junto a otra estatua de un dios murciélago (mezcla de del Camazotz maya y Mictlantecutli).
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"Motion device" en la nuca de Han Solo. Permite reprogramar y controlar mentes. Es una pantalla parecida al display del artillero del Halcón.
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Nos vamos a la playa. Antes de partir, entre las cosas que empacamos, ponemos los souvenirs, de modo que no tengamos que comprarlos otra vez en nuestro destino.
*
Paseamos por un mercado de pescados y mariscos junto al mar. Los pescadores vacían cajas de camarones, almejas, etc.  En una de esas cajas traen un animal humanoide, del color de la carne de almeja, y de la misma textura, con la parte superior del cuerpo no mayor a la de un niño de 10 años. Su cabeza parece una ostra, de la que se distingue una boca que abre y cierra dolorosamente a medida que muere. La parte inferior del cuerpo se parece a la cola de los camarones o las langostas. Los pescadores se reúnen en torno a la caja y gritan "¡sirena, sirena!"
*
Traducí un poema largo con tema de Jonás. Los últimos versos eran: "Oh, Medusa / tarda aduanera".
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La retórica de ventas se apropió la retórica revolucionaria. Un raro triunfo del mercado: hacernos participar de él mientras nos dice que somos libres. Converso al respecto con Mandelstam, quien por otro lado ha dejado de creer en la revolución.
*
Preparativos para un viaje a Japón. Llevo una pulsera rarámuri para regalar, pero no sé a quién. De alguna forma se trasluce un mensaje laboral: no es que mis clientes no confíen en mí, sino que confiarían lo mismo en mí que en otro cualquiera.
*
Entro a orinar a un mercado donde unos viejos peluqueros discuten el asunto de los 18 hijos. Cabezas engominadas en fila frente a un espejo. Luego, libertad de los peces koi que viven en la inmundicia de las alcantarillas. Entretanto conozco a una chica muy guapa que me gusta mucho y a la que yo le gusto también. Cuando nos despedimos la abrazo con torpeza, lo cual me hace sentir nostalgia, pero no sé muy bien de qué.
*
Voy tarde a una lectura de mis poemas, pero no voy estresado. Pienso qué voy a leer o si voy a performancear o qué, cuando me doy cuenta que definitivamente nunca llegaré a tiempo. Eso no me impide seguir pensando posibilidades para la lectura ya imposible.
*
Storm y Rogue: las nubes de tormenta crean una película de piel incorpórea para la muchacha inasible. Se besan en las alturas mientras van cayendo, como águilas.
*
Chabelo llora frente a un metro vacío que se aleja por el túnel. Debería ser gracioso, pero no lo es.
*
Fiesta en casa de mis padres. Mamá carga a Lucas. ¿Su bautizo? Lauri me pide que le sirva un trago. X. me parece especialmente molesto con su monotema de siempre, y como siempre, lo escucho. Luego llegan un par de policías en bicicleta, con quienes me porto sumamente hostil, pero por alguna razón no les pido sin más que se marchen.
*
Pasan por la tele la historia de un ídolo pop que se volvió dictador de algún país.
*
Encuentro al amigo que finalmente puede llevarnos a donde sí. Pero sin recordar el token la imagen se incendia, se deseca, se autodestruye en mis esfuerzos por recordarla, pues no puedo anclarla a nada. Y no sabría describir la parte que sí recuerdo; como inferir por la forma de la hoja la del árbol.

miércoles, 7 de junio de 2017

Notas de lectura sobre "Bla" de Juan Manuel Portillo

Robert Motherwell

La interjección "bla" es utilizada en el habla coloquial para recordar la presencia de la palabra: no es la palabra fragmentada propiamente, no es un pedazo, sino algo que hace la voz para recordarse cómo suena, un pie rítmico pero no el verso entero, la oreja sin taza, un estornudo articulado, apenas un manchón de palabra, de algo que podría ser una palabra pero decide no serlo, bajarse del tren de las significaciones y ocupar un espacio negativo en el registro del sentido.

La elección de una elocuente mancha del gran Motherwell para la portada de Bla, de Juan Manuel Portillo (Manosanta, 2016), nos hace comenzar la lectura sin predisponernos a figuraciones forzadas, sin prejuicios, podría decirse, porque nombrar ya es introducir previamente, de avanzada, un juicio, un sentido unívoco a la dirección del palabrar. Así comienza, avanzando a tientas por la interrupción, por el crujido de la página, de la hoja, de la metonimia de bosque, denuncia del árbol que se pre-siente, vitral sin luz, onomatopeya del rumor: blablabla, la dramatización o sobreactuación de un tono puesto en el lugar de un discurso, "figuritas de luz que se filtraban en el duermevela", balbuceos, umbrales.

Ni siquiera en los paisajes aparentemente fotográficos y referenciales de Portillo tiene lugar el discurso: "escuchar el viento a la velocidad del viento" quiere decir eso mismo, dejar que pase un viento sin palabra, con tesitura y temperatura y ruido de viento a cuestas pero sin anteponerle un significado definitivo que limite su correr, ni siquiera uno del espesor de una mariposa; y cuando la densidad se vuelve nombre, "el plomo cae por su propio peso", las balas documentan su rugido fugaz, rápidas como el motivo del viento al que sobreviene un grito, "la amenaza latente, siempre latente/ de que un grito interrumpa esa blancura", pero sin clausurarla del todo: mancha que instala una discontinuidad en el blanco, antesala del manchar, blablido, blablar, "rojo sobre rojo" en la negrura de la palabra que mancha el cuaderno rojo de trabajo, imagino, como estos que yo mismo uso para blablablear desde hace años, para repartir ese recorrido que no puede hacerse de una sola vez, para instalar moradas provisionales de sentido pero sin agotarlo, roadtrip de la luz, postas del camino a la luz de la luna, "la enorme luna roja de solsticio de invierno/ cernida sobre la ciudad", espolvoreada de brillos sin fulgores dramáticos, sin épica, sin punchlines, herida que nace cicatrizada, "la sorda intimidad de la frase" que clausura la posibilidad de la estrofa para no ponerle puertas ni ventanas al viento de la interjección, de la imagen casi ruido, de la palabra que, naciente, se agota, se ablanda, pero incapaz de sobreponerse al ruido circundante, se deja exhalar en la inercia de la voz, pues "en temporada alta más vale andarse por las nubes/ o bajar la voz/ para no interferir en los mensajes."

Cuatro poemas de Bla en Nueva Provenza.

lunes, 16 de enero de 2017

Reflexiones sobre el fascismo democrático: Alain Badiou

Transcripción de la charla ofrecida por Alain Badiou el 9 de noviembre de 2016 en la Universidad de California en Los Angeles, como parte del programa de Teoría Crítica Experimental del Centro de Estudios Rusos y Europeos. (Tomada de: http://mariborchan.si/video/alain-badiou/reflections-on-the-recent-election/)

Pensaba acerca de la poesía francesa, que está en una obra de Racine, de hecho. Es una frase hermosa, hermosa. En francés: “C’était pendant l’horreur d’une profonde nuit”. En castellano: “Fue durante el horror de una profunda noche.” Tal vez Racine pensaba en la elección de Trump. Fue durante el horror de una noche profunda. Y así, se volvió una obligación para mí el hablar, el discutir, esta clase de acontecimiento, en un sentido negativo, pues es imposible para mí estar aquí frente a ustedes y hablar de algo muy interesante en términos académicos. Creo que es necesario pensar, discutir, qué ocurre durante el horror de una noche profunda, la de ayer.

Saben, para mí, pero creo que para mucha gente, ha sido, en algún sentido, una especie de sorpresa. Y nos encontramos a menudos, en esa especie de sorpresa bajo la ley de los afectos: miedo, depresión, enojo, pánico, y demás. Pero sabemos que filosóficamente, todos estos afectos no son realmente una buena reacción, puesto que de alguna manera, son demasiado afecto de cara al enemigo. Y así, me parece una necesidad pensar más allá del afecto, más allá del miedo, la depresión y demás —pensar la situación de hoy, la situación del mundo de hoy, donde algo como esto es posible, que alguien como Trump se convierta en presidente de los Estados Unidos.

Así pues, mi objetivo esta tarde es presentar, no precisamente una explicación, pero algo así como una clarificación de la posibilidad de algo como eso, y también algunas indicaciones, puestas a discusión, concernientes a lo que debemos hacer a partir de ello; lo que debemos hacer, que no está precisamente bajo la ley del afecto, del afecto negativo, sino al nivel del pensamiento, la acción, la determinación política, etcétera.

Entonces comienzo con una visión muy general, no de la situación actual de Estados Unidos, sino de la situación del mundo hoy. ¿Cómo es el mundo de hoy, donde este tipo de hechos es posible? Y creo que el punto más importante de inicio es la victoria histórica del capitalismo global. Debemos partir de cara a este hecho. De alguna manera, a partir de los 80s del siglo pasado hasta hoy —esto es, durante cuarenta años, ya casi medio siglo—, tenemos la victoria histórica del capitalismo global, por muchas razones. Primera, naturalmente, el fracaso completo de los estados socialistas (Rusia, China) y más en general el fracaso de la visión colectivista de la economía y las leyes sociales de los países. Y, este punto, no es un punto menor. Este punto es realmente un cambio no sólo en la situación objetiva del mundo actual, sino tal vez también al nivel de la subjetividad. Durante más de dos siglos, siempre existieron en la opinión pública al menos dos caminos concernientes al destino de los seres humanos. Podemos decir que, aproximadamente antes de los 80s del siglo pasado, siempre tenemos en el nivel general, en el nivel subjetivo general, dos posibilidades concernientes al destino histórico de los seres humanos. Primero, el camino del liberalismo, en su sentido clásico. Aquí, liberal tiene muchas significaciones, pero tomo liberal en su sentido primitivo, esto es, fundamentalmente que la propiedad privada es la clave de la organización social, a costa de enormes desigualdades, pero el precio es el precio. Al final, para el liberalismo, la propiedad privada debe ser la clave de la organización social. Y del otro lado, tenemos el camino socialista, el camino comunista —son palabras diferentes— en su sentido abstracto, esto es, el fin de las desigualdades debe ser el objetivo fundamental de la actividad política humana. El fin de las desigualdades incluso a costa de la revolución violenta. Así que, por un lado, la visión pacífica de la historia como continuación de algo que es muy antiguo, esto es, la propiedad privada como clave de la organización social; y por otro lado, algo nuevo, algo que probablemente comienza con la Revolución Francesa, que es la propuesta de que existe otro camino, de que de alguna manera, la continuidad de la existencia histórica de los seres humanos debe aceptar una ruptura entre una muy larga secuencia donde las desigualdades, la propiedad privada y demás son la ley de la existencia colectiva, y otra visión de qué es ese tipo de destino, donde lo más importante, de hecho, es la pregunta sobre la igualdad y la desigualdad, y este conflicto entre el liberalismo en su sentido clásico, y la nueva idea bajo distintos nombres —anarquía, comunismo, socialismo y demás— sea probablemente la gran significación del siglo XIX y de gran parte del siglo siguiente también.

Entonces, durante casi aproximadamente dos siglos, tenemos algo así como una elección estratégica, concerniente no sólo a los acontecimientos políticos locales, las obligaciones nacionales, las guerras y demás, sino concerniente a lo que sería realmente el destino histórico de los seres humanos en cuanto tales, el destino histórico de la construcción de la humanidad como tal. De algún modo, nuestra época, de los 80s a la fecha, es la época del fin aparente de esta elección. De la progresiva desaparición de ese tipo de elección. Hoy en día, de hecho, tenemos la idea dominante de que no existe elección global, de que no hay otra solución. Fueron las palabras de [Margaret] Thatcher: no hay otra solución. No hay otra solución excepto, naturalmente, el liberalismo, o el que hoy generalmente conocemos como neoliberalismo. No hay otra solución. Y este punto es muy importante porque Thatcher misma no dice que sea una solución muy buena. Ese no es el problema para ella. El problema es que es la única solución. Y entonces, vemos en la propaganda contemporánea, el punto no es decir que el capitalismo global es excelente, porque claramente no lo es. Todos lo saben. Todos saben que las monstruosas desigualdades no pueden ser la solución del destino histórico de los seres humanos —todos saben eso. Pero el argumento es, “De acuerdo, no es muy bueno, pero es la única posibilidad real.” Así pues, en mi opinión, la definición de nuestra época es la pretensión de imponer a la humanidad a escala mundial la convicción de que sólo existe un camino para la historia de los seres humanos. Y sin decir que este sea un excelente camino, que este camino sea uno muy bueno, sino diciendo que no existe otra solución, ni otro camino.

Así, podemos definir nuestro momento como el momento de una convicción primitiva de que el liberalismo —dominante en forma de propiedad privada y libre mercado— constituye el único destino posible para los seres humanos. Y también es una definición del sujeto humano. ¿Qué es, desde esta visión, un sujeto humano? Un sujeto humano es un mendigo, un consumidor, un propietario, o nada en absoluto. Esa es la definición estricta de lo que es hoy un ser humano. Entonces esa es la visión general, el problema general, y la ley general del mundo contemporáneo.

Ahora bien, ¿cuáles son los efectos políticos de todo esto, a nivel de la vida política? ¿Cuáles son las consecuencias de esta visión dominante de un mundo en donde sólo podemos hallar un camino? Todos los gobiernos deben aceptar que ese es el caso; en el mundo de hoy no podemos estar en la dirección de un Estado sin aceptar la visión de la unicidad del camino. No tenemos gobierno alguno en el mundo que diga otra cosa. ¿Y por qué? Porque, finalmente, si examinamos la posición del gobierno “socialista” francés, de la dictature [dictadura] del Partido Comunista en China, o del gobierno de los Estados Unidos, o del gobierno de Japón, de la India, todos dicen lo mismo —que el capitalismo globalizado es el único camino para la existencia de los seres humanos. Pienso que toda decisión política, a nivel de Estado, hoy, se encuentra en estricta dependencia de lo que llamo “el monstruo”: el capitalismo globalizado y sus desigualdades. De alguna manera, no es verdad que un gobierno de hoy en día sea algo libre. No es libre para nada. Se encuentra dentro de la determinación global, y debe afirmar que lo que hace se encuentra en dependencia de esta interioridad de la determinación global. Y el monstruo es más y más un monstruo. Debemos conocer la situación real en lo concerniente a las desigualdades. Tenemos el fenómeno fundamental de la concentración del capital; la concentración del capital hoy en día es algo extraordinario. Debemos saber que hoy, 264 personas tienen como propiedad el equivalente a 3 mil millones del de otras personas. Es mucho más que en la existencia primitiva de las monarquías y demás. La desigualdad de hoy es mucho más importante que en cualquier otra situación en la historia de los seres humanos. Así que ese tipo de monstruo histórico que es también el único camino de existencia de la humanidad se encuentra realmente en la dinámica de mayores y mayores desigualdades, y en absoluto de más y más libertad.

Y la posición del Estado hoy es la misma en todas partes. Es ley aceptada por el gobierno francés, por el Partido Comunista chino, por el poder de Putin en Rusia, por el Estado Islámico en Siria, y naturalmente es también la ley del presidente de los Estados Unidos. Así que, progresivamente —y esta es la consecuencia más importante en lo que concierne a la elección de Trump— progresivamente, toda la oligarquía política, toda la clase política, se vuelve el mismo grupo, a nivel del mundo mismo. Un grupo de gente que sólo está dividida en un nivel abstracto: republicanos y demócratas, socialistas y liberales, izquierda y derecha, y demás. Todas esas supuestas divisiones de hoy son puramente abstractas y no reales, porque todo ello ocurre en el mismo trasfondo económico y político. Esta oligarquía política de hoy en el mundo occidental está perdiendo progresivamente el control de la maquinaria capitalista —esa es la realidad. A través de crisis, falsas soluciones, todos los gobiernos políticamente clásicos crean, a gran escala, en su propia gente, frustración, malentendidos, enojo, y oscuros levantamientos. Todo esto dirigido en contra del único camino propuesto por todos los miembros de la clase política actual, con algunas diferencias, con algunas pequeñas diferencias. El ejercicio de la política actual es el ejercicio de unas muy pequeñas diferencias dentro del mismo camino global. Pero todo esto tiene muchos efectos en la gente en general; efectos de desorientación, total ausencia de orientación o dirección de vida, falta de visión estratégica del futuro de la humanidad, y en ese tipo de situación una gran parte de la gente busca en la oscuridad por el lado de las falsas novedades, visiones irracionales, retorno a tradiciones muertas, y demás. Así que, de cara a la oligarquía política, tenemos la aparición de nuevos tipos de activistas, nuevos soportes de demagogia violenta y vulgar, y estos fulanos se parecen más a los gángsters y a la mafia que a los políticos educados. Y así la elección aquí ha tenido lugar entre este tipo de fulano y el resto de políticos educados, y el resultado ha sido la elección legal de una nueva forma de vulgaridad política y algo subjetivamente violento en la propuesta política.

De algún modo, esta nueva figura política —Trump, pero muchos otros también— está cerca de los fascistas de los 30s. Hay algo similar. Mas, ay, sin sus fuertes enemigos de los 30s, que eran los partidos comunistas. Es una suerte de fascismo democrático, es decir, están dentro del plano democrático, dentro del dispositivo democrático, pero tocan algo distinto, otra música, en ese contexto. Y, me parece que no es el único caso aquí, con Donald Trump —racista, machista, violento, y también (la cual es una característica fascista) sin ninguna consideración por la lógica ni la racionalidad; porque el discurso, el modo de hablar de ese tipo de fascismo democrático es precisamente una suerte de dislocación del lenguaje, una suerte de posibilidad de no decir nada, y lo contrario de nada —no hay problema, el lenguaje no es el lenguaje de la explicación, sino un lenguaje para crear algunos afectos; es un lenguaje afectivo que crea una falsa unidad, aunque una unidad práctica. Así pues, tenemos eso con Donald Trump, pero ha sido el caso antes en Italia con [Silvio] Berlusconi. Berlusconi puede ser, me parece, el primer personaje de esta suerte de nuevo fascismo democrático, exactamente con las mismas características: vulgaridad, una especie de relación patológica con las mujeres, y la posibilidad de decir y hacer, públicamente, algunas cosas que son inaceptables para la mayor parte de los seres humanos hoy en día. Pero también era el caso con [Viktor] Orbán en Hungría hoy, y a mi parecer, en Francia, ha sido el caso con [Nicolas] Sarkozy. Y es progresivamente el caso en India o en Filipinas, e incluso en Polonia o en Turquía. Así que realmente es, a escala mundial, la aparición de una nueva figura de determinación política, la cual es una figura que a menudo está dentro de la constitución democrática pero la cual también, de algún modo, está fuera. Y me parece que podemos llamarlos fascistas —porque era el caso en los treintas; después de todo, Hitler también salió victorioso en elecciones— así que llamo fascista a esta clase de fulano que se encuentra dentro del escenario democrático, pero también de alguna manera afuera: adentro y afuera. Y adentro para finalmente estar afuera. Así que se trata realmente de una novedad, pero una novedad que se inscribe dentro del panorama general del mundo actual porque también es algo para mucha gente —no una solución sino una nueva actitud de estar en el escenario democrático, la cual, desde el lado de la oligarquía clásica, no presenta diferencia alguna. De algún modo, el efecto principal de Trump es el efecto de algo nuevo. De hecho, en los detalles, no hay nada nuevo, pues es imposible pensar que es nuevo el ser racista, machista, y demás —cosas muy viejas, cosas muy viejas. Pero en el contexto de la oligarquía clásica actual, estas cosas tan viejas parecen ser algo nuevo. Así pues, Trump está en la posición de decir que la novedad es “Trump”, en el momento en que dice cosas que son absolutamente primitivas y absolutamente viejas, anticuadas. Y así, estamos también en la época donde algo como un retorno a la vieja existencia de algo puede aparecer como nuevo. Y esta conversión de lo nuevo en lo viejo es también característica de esta especie de nuevo fascismo.

Todo esto describe, me parece, nuestra situación presente al nivel político. Debemos considerar que nos encontramos entre la dialéctica fatal de cuatro condiciones.

Primera, la completa brutalidad y violencia ciega del capitalismo de hoy. De acuerdo, en el mundo occidental no estamos viendo por completo esta brutalidad o violencia, pero si estás en África, observas eso, en verdad, y si estás en el Medio Oriente también, y finalmente si estás en Asia también. Así que es una condición, una condición fundamental de nuestro mundo actual. Es el regreso del capitalismo a su sentido más propio, es decir, la conquista salvaje, la lucha salvaje de todos contra todos, en pos de la dominación. Entonces, completa brutalidad y violencia sangrienta del capitalismo salvaje de hoy: la primera condición.

Segunda condición: la descomposición de la oligarquía política clásica. Los partidos clásicos —demócrata, republicano, socialista, et al.— descomposición en la dirección, finalmente, de la aparición de una especie de nuevo fascismo. No conocemos el futuro de esa especie de aparición: ¿cuál es el futuro de Trump? De algún modo, no lo sabemos, en verdad, y tal vez Trump no sepa su propio destino. Pudimos verlo anoche. Tenemos al Trump antes del poder y el Trump en el poder, el cual de algún modo está asustado; no completamente satisfecho, porque sabe que no puede hablar con tanta libertad como antes. Y hablar libremente era exactamente la potencia de Trump, pero ahora con el gobierno, la administración, el ejército, los economistas, los banqueros y demás, es otra historia. Y así, hemos visto durante la noche a Trump pasar de un escenario a otro escenario, de un teatro a otro teatro; y en el segundo teatro no era tan bueno, no era tan bueno como antes. Pero no sabemos, en verdad, no sabemos cuál es la posibilidad real de ese tipo de fulanos cuando se vuelven presidente de los Estados Unidos. En cualquier caso, tenemos un símbolo de la descomposición de la oligarquía política clásica, y el nacimiento de una nueva figura, de un nuevo fascismo, con un futuro que no conocemos, pero creo que ciertamente no es un futuro muy interesante para la gente en general.

Tercera, tenemos la frustración popular, la sensación de un oscuro desorden, en la opinión pública de muchos, y principalmente de los pobres, la gente de los estados de provincia, los campesinos de muchos países, y también de los trabajadores sin empleo, y demás —toda esa población, la cual es reducida progresivamente por la brutalidad del capitalismo contemporáneo, a nada en absoluto, quienes no tienen existencia posible, y quienes permanecen, en algunos lugares, sin trabajos, sin dinero, sin orientación, sin orientación existencial. Y este punto es la tercera y muy importante condición de la situación global hoy. La falta de orientación, de estabilidad, la sensación de destrucción de su mundo, sin la construcción de otro mundo; una especie de destrucción vacía.

Y la última condición, la cuarta condición, es la falta, la completa falta de otro camino estratégico; la ausencia, hoy, de otro camino estratégico. Existen muchas experiencias políticas —no digo que no exista nada de este lado. Nos enteramos de nuevas luchas, nuevas ocupaciones de lugares, nuevas movilizaciones, nuevas determinaciones ecológicas y demás. Así que no se trata de la ausencia de toda forma de resistencia, de protesta —no, no estoy diciendo eso. Sino la falta de otro camino estratégico, es decir, algo que esté en el mismo nivel que la convicción contemporánea de que el capitalismo es el único camino posible. La falta de fuerza de la afirmación de otro camino. Y la falta de lo que yo llamo una Idea, una gran Idea. Una gran Idea la cual es la posibilidad de unificación, unificación global, unificación estratégica de todas las formas de resistencia e invención. Una Idea es una especie de mediación entre el sujeto individual y el colectivo histórico y la tarea política, y es la posibilidad de acción transversal y con muchas subjetividades diferentes, pero bajo la misma Idea en cierto modo.

Estos cuatro puntos —la dominación estratégica y general del capitalismo globalizado, la descomposición de la oligarquía política clásica, la desorientación y frustración popular, y la falta de otro camino estratégico— componen en mi opinión la crisis de hoy. Podemos definir el mundo contemporáneo en términos de una crisis global la cual no es reducible a la crisis económica de los últimos años, la cual es mucho más, me parece, una crisis subjetiva, porque el destino de los seres humanos es cada vez más incierto para sí mismos.

Después de esto, ¿qué hacer? La pregunta de Lenin. Creo que en lo que respecta a la actual elección presidencial, la elección de Trump, pienso que debemos afirmar que una razón para el éxito de Trump es que la verdadera contradicción de hoy, la real contradicción hoy, la más importante contradicción, no puede estar entre dos formas del mismo mundo. El mundo del capitalismo globalizado, de guerras imperialistas, y de la falta de cualquier Idea concerniente al destino de los seres humanos. Sé que Hillary Clinton y Donald Trump son muy diferentes —no digo que debamos identificar a Trump y Hillary Clinton— pero esta diferencia, que es importante… existe un nivel donde esta diferencia, es la diferencia entre el nuevo fascismo y la vieja oligarquía política —esa es la diferencia— (y toda oligarquía política es menos horrible que el nuevo fascismo, así que entiendo perfectamente que al final prefiramos a Hillary Clinton) pero no podemos olvidar que en cierto sentido esta diferencia se encuentra al interior del mismo mundo. No es la expresión de dos visiones estratégicamente distintas del mundo. Y pienso que el éxito de Trump es posible sólo porque la verdadera contradicción del mundo no puede expresarse, no puede ser simbolizada, por la oposición entre Hillary Clinton y Trump, porque Hillary Clinton y Trump están en el mismo mundo —muy distintos, pero muy distintos en el mismo mundo. De hecho, durante toda la preparación de la elección, durante las [elecciones] primarias, la verdadera contradicción, en mi opinión, ha sido entre Trump y Bernie Sanders. Era una verdadera contradicción. Podemos pensar lo que queramos con respecto a los dos términos de esta contradicción. Podemos decir que tal vez Trump es algo excesivo, que está del lado de un nuevo fascismo y demás, y podemos decir que Bernie Sanders es algo que de alguna forma es de naturaleza socialista, finalmente, Bernie Sanders debe pasarse del lado de Clinton y demás y demás, pero pienso que en el nivel de la simbolización, que es tan importante, la verdadera contradicción de nuestro mundo fue simbolizada por la oposición de Trump y Bernie Sanders, y no por la oposición de Trump y Hillary Clinton, porque tenemos que en Bernie Sanders, en la propuesta de Bernie Sanders, hay algo, algunos puntos que están más allá del mundo como es. Y no tenemos nada parecido en la propuesta de Hillary Clinton. Así, tenemos una lección de dialéctica; es decir, la teoría de las contradicciones. En cierto modo, la contradicción entre Hillary Clinton y Trump era una contradicción relativa y no absoluta; es decir, una contradicción en los mismos parámetros, en la misma construcción del mundo. Pero la contradiccion entre Bernie Sanders y Trump era, de hecho, el principio de la posibilidad de una verdadera contradicción; es decir, una contradicción con el mundo y con algo que se encuentra más allá del mundo. En cierto sentido, Trump estaba realmente del lado de la subjetividad popular oscura y reactiva, dentro del mundo como es, pero Bernie Sanders estaba del lado de la subjetividad popular racional, activa y clara, orientada más allá del mundo como es, incluso dentro de algo que no era claro —no era claro, pero estaba más allá del mundo como es.

Así que el resultado de la elección es de naturaleza conservadora, es puramente conservadora, porque es el resultado de una falta contradicción, en cierto sentido, una contradicción que no es una verdadera contradicción, y que es también, a través de esta elección, la continuación de la crisis de hoy, la crisis de las cuatro condiciones que expliqué anteriormente. Hoy, contra Trump, no podemos desear a Clinton, ni a nadie del mismo tipo. Debemos crear un retorno, si esto fuera posible, a la verdadera contradicción; es la lección de este tipo de acontecimiento terrible. Es decir, debemos proponer una orientación política que vaya más allá del mundo como es, incluso si es, en un principio, de carácter poco claro. Cuando comenzamos algo, no conocemos el desarrollo completo. Pero debemos comenzar. Debemos comenzar, ese es el punto. Luego de Trump, debemos comenzar. No es solamente resistir, negarse y demás. Debemos comenzar algo, en verdad, y esta pregunta por el principio es el principio del retorno a la verdadera contradicción, a la elección real, a la elección estratégica real que concierne a la orientación de los seres humanos. Debemos reconstruir la idea de que en contra de las desigualdades monstruosas del capitalismo presente, en contra también de los gángsters de la política clásica, como Trump, es posible crear, una vez más, un campo político a partir de dos orientaciones estratégicas, y no sólo de una. El retorno de algo que ha sido ocasión de grandes movilizaciones políticas en el siglo XIX y a principios del siglo pasado. Debemos —si es que puedo decirlo en su carácter filosófico—, debemos ir más allá del Uno, en la dirección del Dos. No de una orientación, sino de dos orientaciones. La creación de un nuevo retorno a una nueva elección fundamental es la esencia misma de la política. De hecho, si solamente existe un camino estratégico, la política desaparece progresivamente, y de algún modo, Trump es el símbolo de ese tipo de desaparición, porque, ¿cuál es la política de Trump? Nadie lo sabe. Es algo así como un personaje, no una política. Así que el retorno a la política es necesariamente el retorno a la existencia de una elección real. Así que, finalmente, al nivel de las generalidades filosóficas, es el retorno dialéctico al Dos real más allá del Uno, y podemos proponer algunos nombres para ese tipo de retorno.

Como saben, mi visión es proponer la palabra corrupta “Comunismo” —corrupta, ya lo saben, por las experiencias sangrientas y demás. El nombre es sólo un nombre, así que somos libres de proponer otros nombres, no hay problema. Pero tenemos algo interesante en el significado primitivo de esta palabra vieja y corrupta. Y este significado se compone, de hecho, de cuatro puntos, cuatro principios, y este tipo de principios pueden ser de ayuda para la creación de un nuevo campo político con dos orientaciones estratégicas.

El primer punto es que no es necesario que la clave para la organización social sea la propiedad privada y las desigualdades monstruosas. No es una necesidad. Debemos afirmar que no es una necesidad. Y podemos organizar experiencias limitadas que demuestren que no es una necesidad, que no es cierto que la propiedad privada y las desigualdades monstruosas deban ser para siempre la ley del porvenir de la humanidad. Es el primer punto.

El segundo punto es que no es una necesidad que los trabajadores sean separados por un lado en el trabajo noble —como la creación intelectual, o dirección, o gobierno— y, por el otro lado, el trabajo manual y la común existencia material. Así que la especialización de la etiqueta no es una ley eterna, y especialmente la oposición entre trabajo intelectual y trabajo manual debe ser borrada en el largo plazo. Es el segundo principio.

El tercero es que no es una necesidad que los seres humanos sean separados por fronteras nacionales, raciales, religiosas o sexuales. La igualdad debe existir a pesar de las diferencias, de manera que las diferencias no sean un obstáculo para la igualdad. La igualdad debe ser una dialéctica de la diferencia misma, y debemos rehusarnos a que en nombre de las diferencias, la igualdad sea imposible. Así que, fronteras, rechazo del Otro, en cualquier forma, todo eso debe desaparecer. No es una ley natural.

Y el último principio es que no es necesaria la existencia de un Estado, en la forma de un poder armado y separado.

Así podemos resumir estos cuatro puntos: colectivismo en vez de propiedad privada; trabajador polimorfo en contra de la especialización; universalismo concreto contra identidades cerradas; y asociación libre en vez de Estado. Solamente es un principio, no es un programa. Pero a partir de este principio podemos juzgar todos los programas políticos, decisiones, partidos, ideas, desde el punto de vista de estos cuatro principios. Toman una decisión: ¿esta decisión va en la dirección de los cuatro principios o no? Los principios son un protocolo de juicio con respecto a todas las decisiones, ideas, propuestas. Si una decisión, una propuesta, va en dirección de los cuatro principios, podemos decir que es buena, podemos examinar si es posible y demás. Si claramente va en contra de los principios, es una mala decisión, una mala idea, un mal programa. Así que tenemos un principio de juicio en el campo político y en la construcción de un nuevo proyecto estratégico. Esta es de algún modo la posibilidad de tener una visión verdadera de lo que va realmente en la nueva dirección, la nueva dirección estratégica de la humanidad en cuanto tal.


Bernie Sanders propone construir un nuevo grupo político, bajo el título “Nuestra Revolución.” El éxito de Trump debe abrir una nueva oportunidad para ese tipo de ideas. Podemos confiar en él por lo pronto, podemos juzgar si realmente es una propuesta que va más allá del mundo presente, podemos juzgar si algo propuesto está en conformidad con los cuatro principios. Podemos hacer algo. Y debemos hacerlo, porque si no hacemos nada, nos quedamos solamente en la fascinación, la estupidez de la fascinación, el triunfo depresivo de Trump. Nuestra revolución —por qué no— contra su reacción, nuestra revolución, es una buena idea. En cualquier caso, estoy de este lado.

Versión de Javier Raya