viernes, 17 de agosto de 2012

La máquina del tiempo

, Uno puede tener todas las reservas que quiera respecto a las nociones populares de resurrección, regresiones a vidas pasadas, reciclaje de energías, etc. --reservas que, sin embargo, no puede tomarse con igual libertad frente al cambio. Desde cierto punto de vista (oh, Zenón), la continuidad de la vida hacia otras vidas --entendiendo "vida" únicamente como conciencia-- es mucho más verosímil que la continuidad de una vida dentro de esa misma vida. En otras palabras, es más fácil creer en la reencarnación que en la vida. Podemos crear una técnica para hacernos creer que nos vemos a nosotros mismos en una encarnación previa (¿o futura?), pero ¿quién inventará la técnica para permitirnos ver nuestra vida en el mismo momento en que vamos de nosotros hacia nosotros mismos?

, Aunque nuestras psicologías y ciencias tengan alguna noción sobre cómo opera la mente, uno se topa tarde o temprano con que todo lo que "sabemos" del aparato psíquico en realidad es una hipótesis de trabajo. Hace 200 años los "científicos" sangraban a la gente para curarla, y no hace ni 20 años se creía que Plutón era un planeta. Lo que se "avanza" como humanidad en cualquier campo --es decir, el hecho de poner a disposición de los demás una idea, concepto, noción, valor, técnica, etc.-- es sólo un paso en la medida de nuestra ignorancia. La luna fue un pequeño paso para Neil Armstrong, un paso considerable para la ingeniería aeroespacial, pero apenas un hecho anodino para la vida en el universo. Las cosas son importantes porque creemos que son importantes. Nada es de suyo importante. La humanidad es una hipótesis de trabajo.

, Tener un blog para mí ha sido construir una suerte de pensamiento falible frente a los ojos de quien quiera  verlo; un blog es una disposición de ser hallado in fraganti haciendo algo que no se sabe hacer. El lector de blogs se parece al automovilista en cuanto al derecho sobre el paisaje, bajar la ventanilla para ver mejor la sangre sobre el pavimento después de un choque de autos. Si la imagen ofende las conciencias susceptibles, digamos que un blog puede compararse también a un programa de cocina: uno toma ciertos ingredientes, los mezcla y los ofrece a un comensal-lector desconocido. A diferencia de la cocina, en la escritura de blogs no existe desfase entre elaboración y consumo, entre redacción, edición y publicación; todo se desarrolla en un mismo movimiento. Este año, pues, he sido un muy mal cocinero: me he guardado todos mis errores y platos quemados para mí mismo. Nadie ve los cadáveres pudrirse en las carreteras de Tebas.


, Secretamente, la conciencia se persuade de que el único acontecimiento del universo ha sido ella misma.


, Si nada puede ser ajeno al Tao, de cierto modo, el Tao es la expresión y la consideración del Tao sobre y hacia sí mismo. No hay seres, en ese sentido, sino sólo el ser, reiterándose. Pienso en la discusión que aborda John Cage respecto a la estructura de variación y repetición según Schönberg: la variación es sólo una forma desfasada de reiteración: el objeto variado deja la huella de sí mismo como huella: la música sigue pareciendo (horror) música. El objeto ocurre porque lo pensamos. Pero si el hombre es habitante de la creación, el ser creaturas nos hace también creaciones. Por eso digo que no hay variación sustancial entre un libro, un hombre y un Boeing 747. Hay repetición del todo en el todo: algún día veremos que cada cosa contiene de manera fractal la posibilidad del universo. Cada cosa es el universo reiterándose.

, Voy de mí hacia mí mismo. Pero hay suficiente espacio para todo lo demás.

, Salomón revisited: Buenas noticias de los amigos. Malas noticias de los amigos. Alegrarse con unos, empatizar con el dolor de los otros. Y cuando pase el tiempo de todos los méritos, de todas las humillaciones, de toda la ganancia y toda la pérdida, de lo que desaparece y de lo que se conserva, la vida habrá sido alegrarse a veces, estar triste a veces, y el camino correcto para saber distinguir el momento para una y otra.

, Me gusta sobre todo escribir en mi blog porque me evita la pena de tener expectativas sobre el futuro de mis escritos. Se aprende pronto que hay celebridades que no valen los 15 minutos en que están construidas y olvidos que no son sino cápsulas de tiempo esperando su regeneración (hola, don Luis, hola, Tario), su eclosión. Sobre la expectativa, un blog es como un libro impreso que saliera de fábrica ya con polvo, apolillado, y listo para ocupar un cajón a perpetuidad en esos cementerios que a veces son las bibliotecas. En cierto sentido, lo escrito en un blog nace muerto.

Lo escrito en un blog no puede vivir, sólo puede resucitar. Pasa de la inexistencia a la resurrección: mientras existe, se desvanece, pero puede nunca terminar de desvanecerse. En esa dialéctica resurrección-desaparición es que se presenta la escritura que más me interesa. Sé que esto que escribo será la última vez que lo escriba: que no habrá correcciones, enmiendas, arreglos ni nada. Que este pedazo de escritura ocurre en su forma final. Que nace muerto. Que surge ya olvidado. Y no puedo decir que me dé tristeza: me permite seguir escribiendo. Si uno se pasara la vida cimentando su endeble mérito y leyenda, ¿a qué hora se pondría a escribir?

*

Mi cuerpo es la máquina del tiempo:
me permite viajar de este instante
hacia este instante.

*

, Probablemente me quede encerrado toda mi vida en la idea de que toda la construcción y participación de un individuo en su propia realidad depende enteramente del funcionamiento y condicionamiento de su propio aparato psíquico (de esa cosa con alas que los antiguos llamaban alma); pero me abriré de vez en cuando a jugar con una idea, con una idea divertida e interesante: una vez que todo el trabajo haya sido realizado, que no queden pendientes por resolver, mails por contestar, cuentas que pagar, una vez que A. esté dormida, que el gato haga lo que sea que hacen los gatos cuando uno no los ve, digo, una vez que todo esté despachado, me permitiré jugar con la subversiva idea de que no estoy absolutamente solo en el universo, y de que, de hecho, toda la construcción de mi realidad no depende de mí. Me permitiré pensar --qué locura--, en que hay cosas que no entiendo, y el misterio tendrá también su lugar, lo que no podemos entender o explicar, sino sólo testimoniar. Me abriré a la idea de que si bien soy responsable de mi visión de mundo, no soy la causa de ella. Puede que sea divertido.

*

Tu cuerpo es una máquina del tiempo:
transforma el llano tiempo
en acontecimiento.

*

, No tengo nada de lo que se supone que uno debería tener para ser feliz: ni mucho dinero, ni conexiones con el poder, ni una función completamente clara en la sociedad. Pero en estos días caché que tengo una familia, que contra todo pronóstico sigue ahí; una chica que en su enorme sabiduría me escucha dudar en voz alta a todas horas y luego me abraza; tengo un montón de amigos a los que no veo casi nunca y, pese a ello, permanecen también. Tengo, sobre todo, la posibilidad de hacer uso del alfabeto, que ha sido la tecnología más relevante de mi vida. Tengo casi 27 años y sé que voy a morir, y no tengo miedo. La máquina del tiempo que me lleva de mi piel hacia mi piel, de mi mente hacia mi mente, de mí mismo hacia el mundo, un día se va a detener y todo será como si nada hubiera sido nunca. El olvido será la última aventura, pero la sala de espera es un lugar fascinante.

, Lo invisible es indispensable.



lunes, 6 de agosto de 2012

Civilización

todos somos extranjeros en el lenguaje
David Antin


1.

Démonos a entender
como podamos: ¿quién
dice yo
cuando yo
digo "yo"?

Soy el ventrílocuo de quién
cuando hablo
mientras dura
la partitura del aire
encadenado
de las palabras.
Mientras dura el ascenso
por la escalera de la respiración,
mientras sea el buzo
de todo lo visible
soy quién.

En el silencio,
por otra parte,
soy Nadie.

2.

para Lauri

La palabra es el ahogo:
donde hay palabra
no hay aire.

Lo que hay
en la palabra
es un espacio
muerto,
un paréntesis
( del aire )
una pausa
para que el aire
tome forma
de cualquier cosa,
o mejor,
de todas las cosas.

3.

En la cifra de la palabra
llevan envuelto un cadáver
que pronuncia
una bocanada de polvo
( un desierto )
inhabitable.

"Sea
el lugar de la palabra
esa única morada
posible",
le rezan.

La palabra
es un cadáver
insepulto
del que brotan flores.

El cadáver habita
--esto es decir
entra y sale
sin quedarse
nunca realmente--
la casa invisible
del lenguaje.

4.

El que habla se persuade, sobre todo,
de que habla; de que el habla
es vida, y no, por ejemplo,
el desierto del Sahara,
una tripa sin escarabajo,
una lluvia ( cualquiera ),
la hebra larga del río Mapocho
despertando a una mujer
de la que me enamoraré
mañana,
en fin, un estornudo
o un transbordador
espacial. El que habla

se persuade, pues,
de que habla,
y quién soy yo
( quién soy yo )
para desmentirlo.

Soy quién.
Baste.

jueves, 12 de julio de 2012

Necesidad de los poemas perfectos desde su inicio hasta su ejecución pública a la manera de Luis XVI, por poner un caso

Si un poema no es
desde sus primeros momentos
un desastre natural
no termino de leerlo.

Repito:

si el objeto textual, el registro performático de la experiencia o lo que se quiera; si la escritura, el berrinche

o lo que se quiera,

si el saber de la tribu no viene en forma de un golpe irreparable en el centro del lenguaje, si no revive por lo menos una zona de fantasmas,
no termino de leerlo.

Me parece que los, por así llamarlos, escritores de poemas,
inscriptores de poemas,
los adolescentes perpetuos
que bajan las escaleritas de prosas cortadas al ras
como esta,
se han tomado tan en serio a sí mismos que es preciso revocarles las licencias poéticas

de manera gremial, inmediata y retroactiva.

Con esta cantidad de poemas, un modesto lector tendría
para pasarse la vida escarbando
en la pelusa de hondos, orondos ombligos.

No leer, pues,
adquiere aquí una importancia de primer orden
y de segundo y de muchos órdenes:

(manifiesto: la especificidad o nada)
(manifiesto: la ciencia o nada)
(manifiesto: perdices o nada)

Zoologías de lectura de corte

1) pragmático;
2) de acendrada pereza;
3) de vocación por lo solamente más preñado de asombro;
4) de una fe, por así llamarla, en el idioma;
5) de un contrato ineludible con la muerte y con el pan.

Llega un momento en la vida del modesto lector
donde son necesarios únicamente
los poemas perfectos, poemas
o unidades de desarrollo textual,
si se quiere,
de extrañeza frente al idioma
si se quiere,
que lo lancen a uno varias veces al día
por las escaleras
(es que en las ciudades no se encuentra fácilmente
como si tal cosa
un abismo, menos dos),

que por lo menos le modifique a uno
la visión del mundo en fase Beta,
especialmente los poemas larguísimos
y los poemas especialmente cortos,
especialmente las prosas cortadas,
las coartadas poéticas
como el insomnio,
especialmente los koanes y los estornudos
de donde uno sale, literalmente, expelido,
siendo otro.

El peligro, claro, recae
en la pérdida de toda sutileza,
en la pérdida
de la gozosa posibilidad del aburrimiento,
de la sabia esterilidad,
de lo parco benéfico,
en fin,
en la pérdida del uso consensuado del punto y coma
se me ocurre,
de la praxis del susurro,
de todo lo que no sea un disparo,
de todo lo que no sea una teoría del disparo a quemarropa.

El peligro es que perdamos los matices que dan su especial coloradura a las cebras y a los tigres y los diferencian claramente de las páginas impresas,

el peligro será confundir un tigre con un poema, más por morbo y por el olor avinagrado de los belfos que a las adolescentas cuarentonas siempre les parece de lo más agradable,

el peligro será redundar, sobre todo, y escribirse de nuevo el canto quinto de Altazor por accidente, tiritando,

el peligro será sobre todo la pérdida del peligro,
los poemas que se pueden convertir en vinagre de escritorio,
cabecitas calvas de alfileres, el peligro
será enredarnos en la maraña intransitable
de hilos negros.

Este es el hilo negro.

martes, 10 de julio de 2012

Plantarse: órbita de la Acampada Revolución 132

La Acampada Revolución 132 es la réplica de uno de los actos de protesta que obtuvieron la atención internacional el año pasado a través de los movimientos Occupy en diferentes ciudades de Estados Unidos. Está en juego no sólo la recuperación ciudadana del espacio público y su re-simbolización, su vuelta al carácter significativo dentro de la gramática del espacio urbano: están en juego también, sobre todo, nociones como "utopía", "democracia", "comunidad".

Otras experiencias de ocupación y revaloración del espacio urbano (entendido este como una práctica social y no sólo como la osificación de la memoria a través de monumentos o plazas), como el Grupo de Arte Callejero o el movimiento Iconoclasistas en Argentina han conformado modelos de organización de los que el caso mexicano puede nutrirse creativamente. Sin embargo, me gustaría puntualizar un par de semejanzas entre el amplio movimiento Occupy y YoSoy132, concretamente a respecto de la Acampada Revolución y el grupo que, mientras escribo, se encuentra afuera de las instalaciones del IFE (Instituto Federal Electoral) en la Ciudad de México. (Un resumen comentado de los movimientos de protesta más relevantes de los últimos tiempos puede leerse aquí.)

Llama la atención, por ejemplo, el que la Acampada Revolución esté situada en la explanada oriente del Monumento a la Revolución del Distrito Federal: la zona agrupa en torno a dicho monumento las sedes de distintas organizaciones sindicales, algunas tan antiguas como la de ferrocarrileros, además de comités del PRI, cuyo edificio aporta una presencia si no amenazante, al menos constante sobre la Acampada. De igual modo, en torno al monumento se encuentra el edificio sede de una enorme compañía de telemarketing, la cuál emplea jóvenes bilingües para atender la demanda de soporte técnico de proveedores de televisión por cable... en Estados Unidos.

La localización de Occupy Wall Street tenía características similares, al menos en el nivel simbólico (o en lo que más arriba llamé la "gramática del espacio urbano") con la Acampada Revolución: también los grupos que articularon expresiones de descontento social en el circuito financiero más importante del mundo en Nueva York tenían sobre sí la presencia de los poderes fácticos de la economía y los medios de comunicación. También tuvieron que mantenerse moralizados a través de una simbología que llamara a la acción, que combatiera los signos de cansancio moral y físico de toda protesta duracional, y también tuvieron que llevar a cabo in situ, sin ensayo previo, modelos de organización comunitaria.

Otra similitud es el carácter de "nodo" o centro gravitacional de protestas descentralizadas en otros espacios, en otras ciudades. Las réplicas de Occupy Wall Street, como si se tratase de las réplicas de un terremoto, atravesaron el territorio de los Estados Unidos hasta Los Ángeles, pasando por todas las ciudades económicamente poderosas entre ambas costas del país. De igual modo, YoSoy132 tiene claro que el movimiento debe descentralizarse (comenzando por la articulación de células delegacionales y luego comités en todas las ciudades de México), aunque en la práctica la capital mexicana siga siendo un referente. Una causa de esto claramente es la coyuntura postelectoral: un movimiento "espontáneo" de universitarios se conforma en torno a una situación política que aún está lejos de resolverse.

Si YoSoy132 se desacelera ahora (cosa que no pasará, al menos en el corto plazo) quedará como referente del sondeo de medios y el señalamiento del traje nuevo del emperador; sólo que el emperador, en el caso mexicano, no son los partidos políticos (desnudos y en ese sentido, desacreditados, para cualquier observador), sino el del imperio de los medios de comunicación. La modesta victoria --que no victoria menor-- que hasta el momento ha tenido YoSoy132, además de provocar una mirada diferente de la sociedad sobre sí misma, fue la de ser un referente obligado para entender el proceso electoral en México durante el 2012.

Por último, la Acampada sirve para aprovechar la energía producida en el descontento ciudadano por una situación sociopolítica a través de una nueva articulación, es decir, un nuevo pacto con la dinámica de la ciudad. Muchos recordarán los disturbios generados el año pasado en Londres, de los cuáles, en un principio, incluso los medios ingleses culparon a los videojuegos por el grado de violencia aparentemente gratuita que los jóvenes produjeron en las calles; o aún antes en París, donde las imágenes de vehículos quemados se hicieron más y más frecuentes. La respuesta sencilla sería decir que los brotes de violencia y descontento son provocados por agitadores o por jóvenes con graves problemas psicológicos. La respuesta larga y compleja, la verdadera respuesta que debe articularse a través de la participación de la sociedad en su propia conformación, sólo vendrá del análisis de la situación sociopolítica de cada caso teniendo en cuenta el contexto global en que se han generado. La respuesta vendrá cuando se atiendan los urgentes problemas de educación y empleo para la población más joven, de manera integral, y no con placebos como el de la empresa de telemarketing que mediante el modelo de outsourcing ofrece cubículos donde las mejores mentes de mi generación arreglan desperfectos técnicos de las señales de cable de otros países. Es en este punto que la acción de la Acampada Revolución cobra fuerza: su situación dentro de la gramática del espacio urbano los coloca como una partícula mediadora entre la memoria simbólica (representada por el monumento, donde esta noche dormirán, como ayer y antes de ayer, decenas de personas), y los poderes del Estado y la economía de mercado. El neoliberalismo ya no es sólo un término en boca de los críticos especializados de los sistemas económicos: entender su funcionamiento y la incidencia de las prácticas económicas de la población general en el sustento de una macroestructura económica con alcances globales, se vuelven cada vez más necesarios. Plantarse en el eje tanto referencial como simbólico donde las fuerzas del neoliberalismo se articulan es el sentido de la protesta, a mi parecer, de la Acampada Revolución. Plantarse para no olvidar que lo que necesitamos es la respuesta larga, la que el Estado en sus términos actuales no ha podido proveer. Plantarse para servir como un separador incómodo en un libro de Historia que ya nadie abre: quedarse ahí para recordarnos que hay pendientes inaplazables. Plantarse para contrastar el tiempo de la hiperaceleración de los mercados y el consumo con una vuelta a las formas más básicas de organización, el grado cero de la comunidad en el centro de la hipercomunidad alienada.

Quedan muchos otros cuestionamientos en el aire. A últimas fechas, sobre todo, la creciente percepción de que YoSoy132 está pretendiendo promoverse como el único agenciador legitimado de la protesta pública, "voceros oficiales de la indignación" y similares. Al menos desde lo que yo he podido ver, desde una órbita cercana a ellos, me parecen de lo más abiertos a recibir propuestas de organizaciones, grupos o simpatizantes casuales con causas comunes en cuanto a ejes de acción política, económica, de comunicación, de cultura e incluso del uso consciente de los recursos ambientales, elemento que enfatizo al ver que en el medio político mexicano el "Partido Verde" genera, por ejemplo, tanta basura (material y mediática) como cualquier otro partido político. Es por eso que digo que la Acampada funcionará (en un escenario optimista) como un nodo que logre poner en contacto a distintos agentes de cambio y actores de la sociedad en torno a una nueva forma de relacionarse con la vida pública. Si la Acampada (como centro visible del movimiento) y el movimiento en sí logran resolver sus problemas internos de organización y comunicación, de los cuáles son más que conscientes, están llamados a cultivar el capital político que les dio la coyuntura electoral: el de servir como un un interlocutor privilegiado entre los actores políticos y la sociedad civil; el de constituirse como un órgano de vigilancia permanente de los procesos de la administración del Estado, y de conformar un contrapeso visible --que no necesariamente unívoco-- de lo que se perfila como una virtual e imparable vuelta del partido único al poder, el PRI. Es casi seguro que el PRI vuelva, pero se encontrará con una sociedad sumamente distinta a la que existía en el 2000, cuando desalojó por primera vez en su historia el palacio de gobierno. Una sociedad consciente de sí misma, una sociedad que poco a poco va perdiendo el miedo al cambio.

jueves, 28 de junio de 2012

Intervenciones del escucha, 2

Esos embarradores...
Tienes qué preparar tu muro,
ni siquiera terminó.

Está el silicón, we, y ya
no le puse cinta,
y lo que tapé de las boquillitas
o sea, ya cuando él
me reporta, ya tienes el tuyo,

¿no?

Me lo como ya,

ahí.

Esa no es tu chamba, la vamos
a pintar ahorita. Tú reportas,
¿sale? Este muro
lo pintamos primero,
el que le puso yeso,
¿qué tal dejaste el yeso?,
¿lo dejaste pulido?

Entonces,

prepara tantita parafina
donde está el cubo, me falta
hacer esa pinche partecita,

le voy a pegar
la tablarroca al dese,

checamos mañana, esos weyes
ni son
pintores:

son embarradores.

Lo puedes rolear tú, ¿no?

No.

Me refiero nomás
al amarillo,
azul.

Pero si tienes la luz prendida
no se ve. El azul
yo sé
que le falta:
quieren perfecto.
Se veía bien peinado

el amarillo, no mames,

quieres dejar todo perfecto,
wey. Yo ya quiero
acabar. Al chile,
al morro ya se le pagó:
si el morro no sabe pintar,

¿por qué
tengo
que
ver
yo
esos
detalles,

wey?

Pintar el amarillo.
Pintar el azul.
Pintar el negro.

¿Qué crees que soy,
un pinche supersaiyayín?

Quisiera contar con ustedes.
La brocha
la aventaron

así.

La dejaron
embarrada
por todo el muro.

Te va a descontar a ti.
Lo que hicieron

valió verga. Quieren
regalar
su pinche dinero.

¿Y quién tuvo la pinche
culpa,

wey?

Con ese pinche dinero
se hizo bien pinche
pendejo.

miércoles, 27 de junio de 2012

Intervenciones del escucha, 1

No enciendas los colgantes, escúchame:
es la garra de la mano del puma,
la garra,
no, escúchame:
la garra de la mano del puma.
Acuérdate.

Hay que ir con el señor que arregla
los colgantes, tenía
tres tenía
dos garras
y el escudo.

Pero tú no usas las cosas
porque no usas las cosas,
¿vas a usar lo que te doy?
Todo está guardado, no usas
nada.

Bueno.

Bueno.

Ahí luego te compro otro.
Como el de Pepe, como el de
Bastian, ¿tú crees
que le haya pasado algo
en esos tres años?
¿Tú crees que se le haya
terminado la pila?
Supuestamente venían empacadas,
sí.

Ya cambiándolas. A ver
si bajas
el sábado.

¿Entonces no hiciste jabón...?
¿No dices que Aristóteles te hizo
tragar
mucho
jabón?
Podía haber una vagina.
Es lo que te digo,
podría haber tenido
una vagina,
¿no obraste
jabón?

¿Obraste bien?

¿Sangre?
¿No?
¿Cuándo nos vemos?

Sale pues.

¿Qué anotaciones hiciste?

Ni regalar nada
ni prestar nada
ni dejar nada.

Que la garra del puma
no enciende
y con ella puedes entrar
a navegar
a Internet.

Pero hay un manual,
hay un manual,
hay un manual,
¿por qué no lees el manual?
Ahora que vaya,
como te guste,
voy a ir el sábado,
el sábado leemos el manual
y ya lo ponemos
como te guste.

A tu gusto.

Y leemos el manual.
¿Y en la escuela cómo te fue?
¿Qué es lo que no te gusta?
¿Quién?

jueves, 14 de junio de 2012

Disentimientos de la nación (spoken remix)


Una lucha empieza así: disiento.

Disiento cuando dejo de creer en tu himno:
no, patria, no soy un soldado que en cada hijo te dio,
no soy un hijo de ningún concepto nacional
aunque retumben en sus centros la tierra, Masiosare,
porque no puedo estar a favor de tanto
bélico acento.

Cuando dices que los índices de pobreza
están bajando, mientras el señor de los mazapanes
a la vuelta de mi oficina
me grita “tengo hambre”, como si me culpara,
justamente, yo disiento.
Cuando la imagen del señor
de los mazapanes se me confunde
en la cabeza con la del señor
de los cielos, y me dices que vamos ganando
la guerra civil, la lucha contra el narco, yo disiento.
Cuando veo que es más fácil en este país
conseguir mota, perico, pastas, polvo, piedra
que una hoja rosa del IMSS,
que una ficha para la universidad,
yo disiento.

Yo disiento de tu versión de la salud
como enfermedad que se cura a balazos.
Yo disiento de tu versión de la educación
que deja a las mentes más brillantes
de mi generación
condenados a empleos de telemarketing
o viviendo con sus padres hasta los 30,
cogiendo sin hacer mucho ruido,

porque la gente se acostumbró a sentir
desde hace muchos años
que no debe hacer mucho ruido:
que es mejor pasar frente a los extraños
en las calles sin saludar, sin decir “buenos días”,
que es mejor no voltear a ver a nadie en la calle,
en el metro, en las carreteras,
que ser inmorales nos vuelve chingones,
que ignorarnos nos hace más fuertes,
que el miedo nos prepara mejor
para enfrentar una guerra social
que tú nos provocaste criminalizando
a los jóvenes, especialmente de noche,
cuando las señoras se cambian de banqueta
porque te ven con el pelo largo
y con tu morral de la UNAM.
El único lujo de los jóvenes ha sido la esperanza
e incluso la esperanza nos la venden a crédito y cara,
nos ven la cara como se la vieron a nuestros padres
y los dejaron embarrados en una clase media
más media y mediocre, como pollos hacinados
en sus jaulas mamando televisión
hasta ponerse gordos, hasta volverse zombis,
deseando una tele más grande,
una tele más grande
para ver unas mentiras más grandes
en alta definición, y un coche más grande
para no tener a dónde ir, porque las carreteras
son intransitables,
y un miedo más y más grande vendido y cobrado
en abonos chiquitos para pagar poquito
hasta que todos aprendieron que era más seguro
no hacer ruido,
quedarse calladitos sin correr,
sin gritar, sin empujar,
para sentir igual, para sentir en los huesos
el miedo sordo igual.

La política nos ha robado las palabras:
se ha metido al saco la palabra pueblo,
la palabra comunidad, la palabra
compromiso, la palabra solidaridad.
Política ya no es intercambiar opiniones
creadas, pensadas por uno mismo
porque ya no sabemos pensar
por nosotros mismos.
Sociedad ya no es hablar con el otro,
construir comunidad con el otro,
sino un programa estatal de mejoramiento
y planeación y planificación
para la organización comunitaria
de redes intergubernamentales
e interinstitucionales
para el saneamiento y la pudrición
de la conciencia.

Disiento, cuando me dices que los
70 mil muertos
y contando
son bajas colaterales.
Stalin pensaba como tú,
cuando les decía que
“la muerte de un hombre es una tragedia
y la de millones, estadística.”
Disiento cuando me dices que los muertos
caben en una cifra, en un coste,
en un gasto de producción de la paz,
que la paz sólo se produce
con el miedo de los niños
acodados y cantando debajo de las bancas
mientras las balas pasan rasando por las paredes
y se meten en el pizarrón.
Disiento cuando me dices que la violencia
es el precio de la paz.
Disiento cuando me dices
que la escalada de violencia
es en nombre de la felicidad.
Disiento cuando me haces caminar
con una navaja en la bolsa
por las calles oscuras
cuidando en el rabillo del ojo las sombras
de otros que tienen tanto miedo de mí
como yo de ellos.
Disiento cuando haces que una persona
tenga miedo de otra persona.

Disiento cuando dices que respetas
la diversidad de opiniones
y vamos cada vez más cerca del primer lugar
en periodistas asesinados por metro cuadrado.
Cuando llamas a los jóvenes “porros,
huevones, flojos, ignorantes”
porque salen a la calle
a tomar las calles
que siempre fueron suyas.

Disiento porque tu plan no es perfecto,
porque no contabas con nuestra astucia,
estimado presidente, estimado dirigente sindical,
estimado líder charro y petrolero,
estimado burócrata que ves el reloj del tedio.
Me quieres enseñar a sentir que todo está bien,
que todo va a estar bien porque tú lo dices.

Yo disiento.

Yo sé que todo va a estar bien
porque no estoy solo,
porque somos muchos,
los que vamos a hacer
que todo esté bien,
ve mandando hacer un disenso
de población con el Inegi,
les prestamos nuestras manos
para que nos cuenten, cada uno
uno y diferente, gente
no acarreada, no
abanderada, saliendo a la calle
por primera vez,
aprendiéndose las consignas
en tu contra,
disintiendo, como bien pueden,
con traje de oficinista, con los niños cargados,
con la bolsa del mandado,
sin miedo porque estamos entre gente
y yo ya no le tengo miedo a la gente,
y mucha gente ya no tiene miedo de la gente,
y ya no tenemos miedo de estar vivos

porque estar vivo en México
es un acto subversivo,
porque estar vivo en México
es una conspiración de la vida
una insurgencia de vida,
un disentimiento cuando digo que mi país
empieza aquí, en este metro cuadrado,
y tú eres mi país, y tú eres mi país, y tú eres mi país
y de este metro cuadrado me voy a hacer cargo yo,
y en este metro cuadrado no pasarás,
en este metro cuadrado soy un peligro para México,
para tu México de daños colaterales
que no se nos va a olvidar,
sobre este metro cuadrado de país yo disiento
y de tantos y tantos metros cuadrados de disentimiento
ya no nos vas a quitar.


sábado, 12 de mayo de 2012

Acto y síntoma

1.

Hace un rato escribí: “El único modo de usar las palabras responsablemente es no usándolas”, y pocos minutos después me vino una sordera total del oído izquierdo. No es la primera vez que me pasa. En el 2010 estaba terminando Ordalía y fui a casa de mis padres. Recuerdo perfectamente que estaba en un café escuchando la Novena con mis audífonos enormes; es una pieza de música que he internalizado mejor que muchos otros poemas: en mis sueños veo (la palabra es precisa: no escucho, veo) fragmentos de la Novena en forma de alegorías, de asociaciones, de golpes de asombro. Fue durante la flauta al inicio del cuarto movimiento: uno de los audífonos me traía la voz del tenor, pero la flauta en el otro audífono estaba opaca, empañada, mohína. Esa no era la flauta de la Novena, esa flauta alegre y dulce como un día donde los dioses no existieran. Temí estarme quedando sordo; estaba aquedándome, sin duda, volviendo quedo. Al igual que esta mañana, el oído se revirtió: comenzó a “escuchar hacia adentro” en lugar de recibir la voz de las cosas. La voz: esa cosa con alas que no existe.

2.

Nico me regaló un Android. Había funcionado perfectamente hasta hace unas semanas, cuando comenzó a aparecer un error en la pantalla cuando alguien trataba de llamarme. El mensaje decía que la aplicación phone.android había colapsado, mientras veía cómo vibraba o sonaba sin poder saber quién era, si se trataba de una cuestión de vida o muerte, si eran mis padres o mis amigos los que estaban en una situación desesperada, si eras tú, tú, llamando sólo para saludar. Luego me di cuenta de que la total disponibilidad en que nos ponen los smartphones (teléfono, mail, Twitter, Facebook, WhatsApp...) me había provocado esa neurosis de disponibilidad, de permanecer contactable a cualquier hora, en cualquier momento. Pero también entendí que se trataba de una trampa: el aparato es la posibilidad de estar disponible, solamente, y hace buen tiempo que yo no estoy disponible en realidad para otra cosa que no sea la escritura. ¿Por qué debemos permanecer disponibles? Entonces vibra, pero ya no lo escucho. He dejado de escuchar, a menos que quiera escuchar. Opongo un acto de sordera a la abrumadora cantidad de información que llega por todas partes; salud mental, hay que establecer un ritmo de disponibilidad, mediar la disponibilidad con aislamiento. Luego de mi teléfono, mi oído también dejó de funcionar.

3.

Cuando he trabajado desde mi casa en ocasiones pasaban días enteros sin hablar con otro ser humano. Todos los días estoy en contacto con los que quiero, pero por escrito. Cuando A. estaba, durante los primeros días me noté un dolor de garganta: no estoy acostumbrado a hablar tanto. Me gusta hablar, me gusta el tren de ritmo de la voz, las conversaciones en contrapunto, en armonía, en ritornello, en improvisación. Probablemente mi conversación más larga la haya tenido con D.G.I., a quien he visto una sola vez en la vida: 14 horas con amplios espectros de silencio mientras caminábamos por la ciudad.

En fin, que el dolor de garganta cuando hablo mucho (mucho ya es más de dos horas) se va tan rápido como llegó. Pero sé que eso es lo que sigue: el martes pasado me comí mis palabras en una lectura dentro del ciclo Encuentro de Poetas Universitarios (whatever that means), organizado por el Seminario de Literatura Mexicana en la UNAM. Supongo que habrá videos pronto, pero el caso es que durante ese acto cancelé mi voz de alguna forma, simbólicamente. Fue el fin del ciclo iniciado en 2009 con varios slams: la Bayoneta se escribió en gran parte dentro de la FFyL.

¿Y si me quedo sin habla un rato, pienso? ¿Y si asumo el síntoma histérico del oído y lo contagio concientemente a otros mecanismos de disponibilidad? ¿A la voz, al sexo, a la mirada? ¿Y si hago de mi cuerpo una política de la indisponibilidad, un ascetismo, una frugalidad de la disponibilidad? Solía decirse que el enfermo es el que está indispuesto. Yo no conozco mi enfermedad, pero estoy lleno de síntomas: mi escritura, mi neurosis, mi parcial y cíclica sordera, tú; síntomas, al final, de una enfermedad de la cuál uno no desea curarse nunca.

Indiferencia

, Volví a leer y escribir teoría. Soy el animal indiferente con el que me identifico.


, Indiferencia: no la desobligación frente a lo público y privado, sino su indiferenciación; de algún modo, su identidad.


, La identidad es el régimen de diferenciación que construimos y nos apropiamos. La utopía de la identidad es ser indiferente.


, Ser indiferente es dejar que el juego de miradas, reflejos y espejismos que nos conforma se lleve a cabo, sin nosotros.


, Sería el equivalente a montar una obra de teatro y representarla a condición de que no hubiera un sólo espectador presente.


, Otra relación: la Casa Farnsworth de Mies van der Rohe: una casa de condición inhabitable según un régimen clásico de mirar.


, ¿Qué mirada se pone sobre lo propio? Una prestada, del otro, de la sociedad. La mirada propia debería empezar por la indiferencia.


, Sólo la radical diferencia frente a la identidad de lo propio, digo, podría permitirnos mirar lo propio como indiferente, como relevante o no por sí mismo. ¿Pero dónde queda todo ese espectro de la existencia que adquiere visibilidad únicamente por su relación con lo propio, es decir, con la narrativa del yo? ¿Es posible imaginar que puede renunciarse a ella? ¿Que es posible subvertirla? ¿Que podemos decidir nuestro grado de participación en la simulación que constituye el espacio de la vida social del hombre?


, ¿Que podemos ser radicalmente Nadie?


, Ante la imposibilidad de ser Nadie, ensayar la indiferencia como la he descrito en el espacio de lo que antes se conocía como "géneros literarios."


, Ensayar la radical indiferencia entre modelos de escritura.


, Hipótesis: en esa indiferencia radica la escritura posible como sujeto de sí misma.


, Esta hipótesis ya ha sido "comprobada", por así decirlo (vanguardias, conceptualismo, uncreative writing, etc.); pero asumir una "hipótesis" en escritura (no sé qué es y no me interesa más el ente "literatura") sería tanto como asumir un marco de trabajo científico. Un modo indiferente de asumir una hipótesis sería asumir lo comprobado como hipótesis, el resultado perpetuamente puesto de vuelta en el lugar anterior a su representación. El punto final es una ilusión.


,Este es el punto final.

domingo, 6 de mayo de 2012

Desgaste

, Nací cansado. Gestarme, entrar en materia, literalmente, me dejó agotado. No me he repuesto ni creo reponerme. Soy la posibilidad desgastada, desgastándose, del ser. Soy, sobre todo, un tipo cansado con cierto talento para la semántica.

, Todo acto de escritura implica una realización con respecto a algo que rebasa el campo del texto mismo, es decir, que escribir es siempre hacer acto una parte de lo que no puede decirse: es desgastar la materia de lo indecible, sin agotarla. En este sentido formal, no existe, no puede existir, un acto exhaustivo de escritura, un acto realmente agotador, un vaciamiento completo: todo lo que hay es cansancio y parcialidad, acumulación de cansancios y acumulación de parcialidades.

, La noción de agotamiento sólo se entiende en términos de cantidad, es decir, de abstracción; en este caso, de una abstracción energética. Hay una potencia para hacer cosas; luego esa potencia es cíclica, cambiante, se llena y se agota. Pero no conozco el pleno de mi energía. Probablemente sólo soy un perezoso, sólo me gusta no hacer nada y leer. Me aterra pensar que le exijo a mi cuerpo más de lo que puede dar: que mi mente sabe que tengo demasiados pendientes que resolver, pero que mi cuerpo tenga otras prioridades; dormir, por ejemplo. Por otro lado, muchas tradiciones ascéticas han visto en el desgaste del cuerpo una via de exploración espiritual. Ampliaremos.

, Interpretar cansa. El sentido es dirección pero también el participio de una sensación. Lo sentido cansa. Interpretar, esto es, determinar la direccion de las percepciones sensoriales a través de la razón, cansa. Medra. Agota. Desgasta. Y además está el trabajo, los amigos, tú, por supuesto (que me agotas en ocasiones con tus berrinches) y en general el mundo. Por extraño que parezca, la rutina a veces me revitaliza: tuve un periodo feliz de varios meses en 2010 cuando hacía exactamente lo mismo todas las mañanas, empezando por el café, por alimentar a las gatas, por escribir mientras veía el amanecer. Pero desde entonces ningún día ha sido igual a otro, y en lugar de estar cansado de la monotonía estoy cansado de la inestabilidad. de las mudanzas, de la gente. Eso sí y aquí seré intransigente: hasta ahora no me he cansado de mí mismo. Aunque no suelo estar de acuerdo conmigo en todo, sé que siempre puedo hacerme plática o quedarme en silencio, como una palma abierta.

, Sueño: alguien que representó mucho tiempo un modelo escritural para mí se aparece en la forma de una enorme piedra. Está burdamente modelado como un samurai. Estamos en el centro de una arena y hay muchas miradas de viejos maestros alrededor. Debo enfrentarlo en un duelo de espadas. Tengo un sable chino (un arma con la que entrené pero que nunca dominé): ataco. Mis embates no medran al enemigo. Me agoto. Sólo cuando estoy verdaderamente cansado la piedra habla. Sólo en el agotamiento absoluto viene la revelación del sueño, su secreto.

, Ahora, por ejemplo, no quiero escribir. No quiero terminar esta entrada. Los ojos duelen: es sábado y media noche, pero llevo despierto desde las 9 am. Dormí generosamente después de una noche de fiesta: 7 horas. Por lo general duermo 5 o 6. "Por lo general" son varios meses, tampoco es para tanto. Pero para mantenerme económicamente produzco tanto texto todos los días que me queda muy poca energía para escribir, para lo que se dice escribir, así, en itálicas. Hoy vi dos documentales, asistí al seminario teórico de dos horas y media con mi queridx abuelx Javier Norambuena, edité para Mutante, hice un primer borrador para una colaboración en Barricada, te extrañé (a ti, sí, a ti) y toqué mi guitarra mucho rato. Y ahora, por ejemplo, no quiero escribir.

, En esta inscripción, a la vista, no hay nada. Lo que se ve es un saldo por venir.