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domingo, 26 de noviembre de 2017

Crónica (interrumpida) de la presentación de "La rebelión de los negros"

Una publicación compartida de Ámbar Cooperativa Editorial (@ambar_editorial) el

+ Xel-Ha:
caja negra (respondencias) submarino
argentino. La caja negra es naranja.
Naufragios modernos. Edición pirata
no oficial, rayoneada, subrayada,
confrontada. Engargolado impreso
en tapas negras (pdf materializado,
simulacro del libro). Convenciones
de presentación de libro estándar:
subvertirlas. Sudor frío: lo va a hacer
puré. Convocación a Montalbetti:
los poetas no son serios / esta no es
una novela seria. Y eso está bien.
Convocación a Hito Steyerl:
el trabajador de choque. En el tintero:
hablar de Ivan Ilich y el trabajo
fantasma. Convocación a Walter
Benjamin: sólo un poeta
pudo leer al ángel de la Historia.

+ Cristina:
Resistir por todos los medios
la escritura como un proceso de
domesticación. Mantener en ella
una tensión que permita que el otro
se afirme ahí --no necesariamente
el yo, este yo--. Los escritores
aceptan hablar de cualquier cosa
menos de trabajo. Menos
de trabajo asalariado. Menos
de las condiciones materiales
de producción de la literatura.
La pregunta (fundamental)
por la acumulación:
-de cuartillas
-de capitales simbólicos
-de fogueos ahogados
-de amistades tensas
-de currículos
La cuestión del nombre (propio,
impropio y/o apropiado):
impostar un nombre
implica una impostura.
Un autor(a) es alguien que escribe
a nombre propio como si lo impostara.

+ Tintero
"Escribe en tus ratos libres".
La escritura no se considera
un trabajo, salvo retroactivamente.
La escritura se asimila --tal vez
desde la perspectiva de los que
no escriben, o de los que quisieran
escribir pero no escriben--
a una forma menor de entretenimiento:
a un hobby pretencioso, a un
macramé con ínfulas. Bordieu:
la firma del costurero. No hay
afuera del capitalismo, de la maquinaria
editorial, de los circuitos de producción
y distribución de las escrituras
--pero hay grietas. ¿A quién
le pertenece un autor? Tania
pregunta en el stand de Tusquets
por Chantal Maillard: "Ya no es
de nosotros", le dicen. Funcionaria dice
con su voz menos discreta:
2 minutos, Xel-Ha hace eco
2 minutos mientras leo, Cristina
2 minutos mientras me interrumpo.
Señor en la sala: "¿O sea que ya
nos podemos ir?" Erandi: "¡Nadie
está aquí a la fuerza!" Yo:
le regalo los dos minutos.

"¿Pero qué sucedería si, en lugar del nombre de un poeta, o de un autor, aparecieran en las portadas de estos libros dialógicos, de estos libros escritos, de hecho, en la más estricta de las coautorías, los nombres de todos los involucrados? ¿Qué tal si no apareciera ninguno?" --CRG. Los muertos indóciles, p. 91.

Telón.

lunes, 16 de enero de 2017

Reflexiones sobre el fascismo democrático: Alain Badiou

Transcripción de la charla ofrecida por Alain Badiou el 9 de noviembre de 2016 en la Universidad de California en Los Angeles, como parte del programa de Teoría Crítica Experimental del Centro de Estudios Rusos y Europeos. (Tomada de: http://mariborchan.si/video/alain-badiou/reflections-on-the-recent-election/)

Pensaba acerca de la poesía francesa, que está en una obra de Racine, de hecho. Es una frase hermosa, hermosa. En francés: “C’était pendant l’horreur d’une profonde nuit”. En castellano: “Fue durante el horror de una profunda noche.” Tal vez Racine pensaba en la elección de Trump. Fue durante el horror de una noche profunda. Y así, se volvió una obligación para mí el hablar, el discutir, esta clase de acontecimiento, en un sentido negativo, pues es imposible para mí estar aquí frente a ustedes y hablar de algo muy interesante en términos académicos. Creo que es necesario pensar, discutir, qué ocurre durante el horror de una noche profunda, la de ayer.

Saben, para mí, pero creo que para mucha gente, ha sido, en algún sentido, una especie de sorpresa. Y nos encontramos a menudo en esa especie de sorpresa bajo la ley de los afectos: miedo, depresión, enojo, pánico, y demás. Pero sabemos que filosóficamente, todos estos afectos no son realmente una buena reacción, puesto que de alguna manera, son demasiado afecto de cara al enemigo. Y así, me parece una necesidad pensar más allá del afecto, más allá del miedo, la depresión y demás —pensar la situación de hoy, la situación del mundo de hoy, donde algo como esto es posible, que alguien como Trump se convierta en presidente de los Estados Unidos.

Así pues, mi objetivo esta tarde es presentar, no precisamente una explicación, pero algo así como una clarificación de la posibilidad de algo como eso, y también algunas indicaciones, puestas a discusión, concernientes a lo que debemos hacer a partir de ello; lo que debemos hacer, que no está precisamente bajo la ley del afecto, del afecto negativo, sino al nivel del pensamiento, la acción, la determinación política, etcétera.

Entonces comienzo con una visión muy general, no de la situación actual de Estados Unidos, sino de la situación del mundo hoy. ¿Cómo es el mundo de hoy, donde este tipo de hechos es posible? Y creo que el punto más importante de inicio es la victoria histórica del capitalismo global. Debemos partir de cara a este hecho. De alguna manera, a partir de los 80s del siglo pasado hasta hoy —esto es, durante cuarenta años, ya casi medio siglo—, tenemos la victoria histórica del capitalismo global, por muchas razones. Primera, naturalmente, el fracaso completo de los estados socialistas (Rusia, China) y más en general el fracaso de la visión colectivista de la economía y las leyes sociales de los países. Y, este punto, no es un punto menor. Este punto es realmente un cambio no sólo en la situación objetiva del mundo actual, sino tal vez también al nivel de la subjetividad. Durante más de dos siglos, siempre existieron en la opinión pública al menos dos caminos concernientes al destino de los seres humanos. Podemos decir que, aproximadamente antes de los 80s del siglo pasado, siempre tenemos en el nivel general, en el nivel subjetivo general, dos posibilidades concernientes al destino histórico de los seres humanos. Primero, el camino del liberalismo, en su sentido clásico. Aquí, liberal tiene muchas significaciones, pero tomo liberal en su sentido primitivo, esto es, fundamentalmente que la propiedad privada es la clave de la organización social, a costa de enormes desigualdades, pero el precio es el precio. Al final, para el liberalismo, la propiedad privada debe ser la clave de la organización social. Y del otro lado, tenemos el camino socialista, el camino comunista —son palabras diferentes— en su sentido abstracto, esto es, el fin de las desigualdades debe ser el objetivo fundamental de la actividad política humana. El fin de las desigualdades incluso a costa de la revolución violenta. Así que, por un lado, la visión pacífica de la historia como continuación de algo que es muy antiguo, esto es, la propiedad privada como clave de la organización social; y por otro lado, algo nuevo, algo que probablemente comienza con la Revolución Francesa, que es la propuesta de que existe otro camino, de que de alguna manera, la continuidad de la existencia histórica de los seres humanos debe aceptar una ruptura entre una muy larga secuencia donde las desigualdades, la propiedad privada y demás son la ley de la existencia colectiva, y otra visión de qué es ese tipo de destino, donde lo más importante, de hecho, es la pregunta sobre la igualdad y la desigualdad, y este conflicto entre el liberalismo en su sentido clásico, y la nueva idea bajo distintos nombres —anarquía, comunismo, socialismo y demás— sea probablemente la gran significación del siglo XIX y de gran parte del siglo siguiente también.

Entonces, durante casi aproximadamente dos siglos, tenemos algo así como una elección estratégica, concerniente no sólo a los acontecimientos políticos locales, las obligaciones nacionales, las guerras y demás, sino concerniente a lo que sería realmente el destino histórico de los seres humanos en cuanto tales, el destino histórico de la construcción de la humanidad como tal. De algún modo, nuestra época, de los 80s a la fecha, es la época del fin aparente de esta elección. De la progresiva desaparición de ese tipo de elección. Hoy en día, de hecho, tenemos la idea dominante de que no existe elección global, de que no hay otra solución. Fueron las palabras de [Margaret] Thatcher: no hay otra solución. No hay otra solución excepto, naturalmente, el liberalismo, o el que hoy generalmente conocemos como neoliberalismo. No hay otra solución. Y este punto es muy importante porque Thatcher misma no dice que sea una solución muy buena. Ese no es el problema para ella. El problema es que es la única solución. Y entonces, vemos en la propaganda contemporánea, el punto no es decir que el capitalismo global es excelente, porque claramente no lo es. Todos lo saben. Todos saben que las monstruosas desigualdades no pueden ser la solución del destino histórico de los seres humanos —todos saben eso. Pero el argumento es, “De acuerdo, no es muy bueno, pero es la única posibilidad real.” Así pues, en mi opinión, la definición de nuestra época es la pretensión de imponer a la humanidad a escala mundial la convicción de que sólo existe un camino para la historia de los seres humanos. Y sin decir que este sea un excelente camino, que este camino sea uno muy bueno, sino diciendo que no existe otra solución, ni otro camino.

Así, podemos definir nuestro momento como el momento de una convicción primitiva de que el liberalismo —dominante en forma de propiedad privada y libre mercado— constituye el único destino posible para los seres humanos. Y también es una definición del sujeto humano. ¿Qué es, desde esta visión, un sujeto humano? Un sujeto humano es un mendigo, un consumidor, un propietario, o nada en absoluto. Esa es la definición estricta de lo que es hoy un ser humano. Entonces esa es la visión general, el problema general, y la ley general del mundo contemporáneo.

Ahora bien, ¿cuáles son los efectos políticos de todo esto, a nivel de la vida política? ¿Cuáles son las consecuencias de esta visión dominante de un mundo en donde sólo podemos hallar un camino? Todos los gobiernos deben aceptar que ese es el caso; en el mundo de hoy no podemos estar en la dirección de un Estado sin aceptar la visión de la unicidad del camino. No tenemos gobierno alguno en el mundo que diga otra cosa. ¿Y por qué? Porque, finalmente, si examinamos la posición del gobierno “socialista” francés, de la dictature [dictadura] del Partido Comunista en China, o del gobierno de los Estados Unidos, o del gobierno de Japón, de la India, todos dicen lo mismo —que el capitalismo globalizado es el único camino para la existencia de los seres humanos. Pienso que toda decisión política, a nivel de Estado, hoy, se encuentra en estricta dependencia de lo que llamo “el monstruo”: el capitalismo globalizado y sus desigualdades. De alguna manera, no es verdad que un gobierno de hoy en día sea algo libre. No es libre para nada. Se encuentra dentro de la determinación global, y debe afirmar que lo que hace se encuentra en dependencia de esta interioridad de la determinación global. Y el monstruo es más y más un monstruo. Debemos conocer la situación real en lo concerniente a las desigualdades. Tenemos el fenómeno fundamental de la concentración del capital; la concentración del capital hoy en día es algo extraordinario. Debemos saber que hoy, 264 personas tienen como propiedad el equivalente a 3 mil millones del de otras personas. Es mucho más que en la existencia primitiva de las monarquías y demás. La desigualdad de hoy es mucho más importante que en cualquier otra situación en la historia de los seres humanos. Así que ese tipo de monstruo histórico que es también el único camino de existencia de la humanidad se encuentra realmente en la dinámica de mayores y mayores desigualdades, y en absoluto de más y más libertad.

Y la posición del Estado hoy es la misma en todas partes. Es ley aceptada por el gobierno francés, por el Partido Comunista chino, por el poder de Putin en Rusia, por el Estado Islámico en Siria, y naturalmente es también la ley del presidente de los Estados Unidos. Así que, progresivamente —y esta es la consecuencia más importante en lo que concierne a la elección de Trump— progresivamente, toda la oligarquía política, toda la clase política, se vuelve el mismo grupo, a nivel del mundo mismo. Un grupo de gente que sólo está dividida en un nivel abstracto: republicanos y demócratas, socialistas y liberales, izquierda y derecha, y demás. Todas esas supuestas divisiones de hoy son puramente abstractas y no reales, porque todo ello ocurre en el mismo trasfondo económico y político. Esta oligarquía política de hoy en el mundo occidental está perdiendo progresivamente el control de la maquinaria capitalista —esa es la realidad. A través de crisis, falsas soluciones, todos los gobiernos políticamente clásicos crean, a gran escala, en su propia gente, frustración, malentendidos, enojo, y oscuros levantamientos. Todo esto dirigido en contra del único camino propuesto por todos los miembros de la clase política actual, con algunas diferencias, con algunas pequeñas diferencias. El ejercicio de la política actual es el ejercicio de unas muy pequeñas diferencias dentro del mismo camino global. Pero todo esto tiene muchos efectos en la gente en general; efectos de desorientación, total ausencia de orientación o dirección de vida, falta de visión estratégica del futuro de la humanidad, y en ese tipo de situación una gran parte de la gente busca en la oscuridad por el lado de las falsas novedades, visiones irracionales, retorno a tradiciones muertas, y demás. Así que, de cara a la oligarquía política, tenemos la aparición de nuevos tipos de activistas, nuevos soportes de demagogia violenta y vulgar, y estos fulanos se parecen más a los gángsters y a la mafia que a los políticos educados. Y así la elección aquí ha tenido lugar entre este tipo de fulano y el resto de políticos educados, y el resultado ha sido la elección legal de una nueva forma de vulgaridad política y algo subjetivamente violento en la propuesta política.

De algún modo, esta nueva figura política —Trump, pero muchos otros también— está cerca de los fascistas de los 30s. Hay algo similar. Mas, ay, sin sus fuertes enemigos de los 30s, que eran los partidos comunistas. Es una suerte de fascismo democrático, es decir, están dentro del plano democrático, dentro del dispositivo democrático, pero tocan algo distinto, otra música, en ese contexto. Y, me parece que no es el único caso aquí, con Donald Trump —racista, machista, violento, y también (la cual es una característica fascista) sin ninguna consideración por la lógica ni la racionalidad; porque el discurso, el modo de hablar de ese tipo de fascismo democrático es precisamente una suerte de dislocación del lenguaje, una suerte de posibilidad de no decir nada, y lo contrario de nada —no hay problema, el lenguaje no es el lenguaje de la explicación, sino un lenguaje para crear algunos afectos; es un lenguaje afectivo que crea una falsa unidad, aunque una unidad práctica. Así pues, tenemos eso con Donald Trump, pero ha sido el caso antes en Italia con [Silvio] Berlusconi. Berlusconi puede ser, me parece, el primer personaje de esta suerte de nuevo fascismo democrático, exactamente con las mismas características: vulgaridad, una especie de relación patológica con las mujeres, y la posibilidad de decir y hacer, públicamente, algunas cosas que son inaceptables para la mayor parte de los seres humanos hoy en día. Pero también era el caso con [Viktor] Orbán en Hungría hoy, y a mi parecer, en Francia, ha sido el caso con [Nicolas] Sarkozy. Y es progresivamente el caso en India o en Filipinas, e incluso en Polonia o en Turquía. Así que realmente es, a escala mundial, la aparición de una nueva figura de determinación política, la cual es una figura que a menudo está dentro de la constitución democrática pero la cual también, de algún modo, está fuera. Y me parece que podemos llamarlos fascistas —porque era el caso en los treintas; después de todo, Hitler también salió victorioso en elecciones— así que llamo fascista a esta clase de fulano que se encuentra dentro del escenario democrático, pero también de alguna manera afuera: adentro y afuera. Y adentro para finalmente estar afuera. Así que se trata realmente de una novedad, pero una novedad que se inscribe dentro del panorama general del mundo actual porque también es algo para mucha gente —no una solución sino una nueva actitud de estar en el escenario democrático, la cual, desde el lado de la oligarquía clásica, no presenta diferencia alguna. De algún modo, el efecto principal de Trump es el efecto de algo nuevo. De hecho, en los detalles, no hay nada nuevo, pues es imposible pensar que es nuevo el ser racista, machista, y demás —cosas muy viejas, cosas muy viejas. Pero en el contexto de la oligarquía clásica actual, estas cosas tan viejas parecen ser algo nuevo. Así pues, Trump está en la posición de decir que la novedad es “Trump”, en el momento en que dice cosas que son absolutamente primitivas y absolutamente viejas, anticuadas. Y así, estamos también en la época donde algo como un retorno a la vieja existencia de algo puede aparecer como nuevo. Y esta conversión de lo nuevo en lo viejo es también característica de esta especie de nuevo fascismo.

Todo esto describe, me parece, nuestra situación presente al nivel político. Debemos considerar que nos encontramos entre la dialéctica fatal de cuatro condiciones.

Primera, la completa brutalidad y violencia ciega del capitalismo de hoy. De acuerdo, en el mundo occidental no estamos viendo por completo esta brutalidad o violencia, pero si estás en África, observas eso, en verdad, y si estás en el Medio Oriente también, y finalmente si estás en Asia también. Así que es una condición, una condición fundamental de nuestro mundo actual. Es el regreso del capitalismo a su sentido más propio, es decir, la conquista salvaje, la lucha salvaje de todos contra todos, en pos de la dominación. Entonces, completa brutalidad y violencia sangrienta del capitalismo salvaje de hoy: la primera condición.

Segunda condición: la descomposición de la oligarquía política clásica. Los partidos clásicos —demócrata, republicano, socialista, et al.— descomposición en la dirección, finalmente, de la aparición de una especie de nuevo fascismo. No conocemos el futuro de esa especie de aparición: ¿cuál es el futuro de Trump? De algún modo, no lo sabemos, en verdad, y tal vez Trump no sepa su propio destino. Pudimos verlo anoche. Tenemos al Trump antes del poder y el Trump en el poder, el cual de algún modo está asustado; no completamente satisfecho, porque sabe que no puede hablar con tanta libertad como antes. Y hablar libremente era exactamente la potencia de Trump, pero ahora con el gobierno, la administración, el ejército, los economistas, los banqueros y demás, es otra historia. Y así, hemos visto durante la noche a Trump pasar de un escenario a otro escenario, de un teatro a otro teatro; y en el segundo teatro no era tan bueno, no era tan bueno como antes. Pero no sabemos, en verdad, no sabemos cuál es la posibilidad real de ese tipo de fulanos cuando se vuelven presidente de los Estados Unidos. En cualquier caso, tenemos un símbolo de la descomposición de la oligarquía política clásica, y el nacimiento de una nueva figura, de un nuevo fascismo, con un futuro que no conocemos, pero creo que ciertamente no es un futuro muy interesante para la gente en general.

Tercera, tenemos la frustración popular, la sensación de un oscuro desorden, en la opinión pública de muchos, y principalmente de los pobres, la gente de los estados de provincia, los campesinos de muchos países, y también de los trabajadores sin empleo, y demás —toda esa población, la cual es reducida progresivamente por la brutalidad del capitalismo contemporáneo, a nada en absoluto, quienes no tienen existencia posible, y quienes permanecen, en algunos lugares, sin trabajos, sin dinero, sin orientación, sin orientación existencial. Y este punto es la tercera y muy importante condición de la situación global hoy. La falta de orientación, de estabilidad, la sensación de destrucción de su mundo, sin la construcción de otro mundo; una especie de destrucción vacía.

Y la última condición, la cuarta condición, es la falta, la completa falta de otro camino estratégico; la ausencia, hoy, de otro camino estratégico. Existen muchas experiencias políticas —no digo que no exista nada de este lado. Nos enteramos de nuevas luchas, nuevas ocupaciones de lugares, nuevas movilizaciones, nuevas determinaciones ecológicas y demás. Así que no se trata de la ausencia de toda forma de resistencia, de protesta —no, no estoy diciendo eso. Sino la falta de otro camino estratégico, es decir, algo que esté en el mismo nivel que la convicción contemporánea de que el capitalismo es el único camino posible. La falta de fuerza de la afirmación de otro camino. Y la falta de lo que yo llamo una Idea, una gran Idea. Una gran Idea la cual es la posibilidad de unificación, unificación global, unificación estratégica de todas las formas de resistencia e invención. Una Idea es una especie de mediación entre el sujeto individual y el colectivo histórico y la tarea política, y es la posibilidad de acción transversal y con muchas subjetividades diferentes, pero bajo la misma Idea en cierto modo.

Estos cuatro puntos —la dominación estratégica y general del capitalismo globalizado, la descomposición de la oligarquía política clásica, la desorientación y frustración popular, y la falta de otro camino estratégico— componen en mi opinión la crisis de hoy. Podemos definir el mundo contemporáneo en términos de una crisis global la cual no es reducible a la crisis económica de los últimos años, la cual es mucho más, me parece, una crisis subjetiva, porque el destino de los seres humanos es cada vez más incierto para sí mismos.

Después de esto, ¿qué hacer? La pregunta de Lenin. Creo que en lo que respecta a la actual elección presidencial, la elección de Trump, pienso que debemos afirmar que una razón para el éxito de Trump es que la verdadera contradicción de hoy, la real contradicción hoy, la más importante contradicción, no puede estar entre dos formas del mismo mundo. El mundo del capitalismo globalizado, de guerras imperialistas, y de la falta de cualquier Idea concerniente al destino de los seres humanos. Sé que Hillary Clinton y Donald Trump son muy diferentes —no digo que debamos identificar a Trump y Hillary Clinton— pero esta diferencia, que es importante… existe un nivel donde esta diferencia, es la diferencia entre el nuevo fascismo y la vieja oligarquía política —esa es la diferencia— (y toda oligarquía política es menos horrible que el nuevo fascismo, así que entiendo perfectamente que al final prefiramos a Hillary Clinton) pero no podemos olvidar que en cierto sentido esta diferencia se encuentra al interior del mismo mundo. No es la expresión de dos visiones estratégicamente distintas del mundo. Y pienso que el éxito de Trump es posible sólo porque la verdadera contradicción del mundo no puede expresarse, no puede ser simbolizada, por la oposición entre Hillary Clinton y Trump, porque Hillary Clinton y Trump están en el mismo mundo —muy distintos, pero muy distintos en el mismo mundo. De hecho, durante toda la preparación de la elección, durante las [elecciones] primarias, la verdadera contradicción, en mi opinión, ha sido entre Trump y Bernie Sanders. Era una verdadera contradicción. Podemos pensar lo que queramos con respecto a los dos términos de esta contradicción. Podemos decir que tal vez Trump es algo excesivo, que está del lado de un nuevo fascismo y demás, y podemos decir que Bernie Sanders es algo que de alguna forma es de naturaleza socialista, finalmente, Bernie Sanders debe pasarse del lado de Clinton y demás y demás, pero pienso que en el nivel de la simbolización, que es tan importante, la verdadera contradicción de nuestro mundo fue simbolizada por la oposición de Trump y Bernie Sanders, y no por la oposición de Trump y Hillary Clinton, porque tenemos que en Bernie Sanders, en la propuesta de Bernie Sanders, hay algo, algunos puntos que están más allá del mundo como es. Y no tenemos nada parecido en la propuesta de Hillary Clinton. Así, tenemos una lección de dialéctica; es decir, la teoría de las contradicciones. En cierto modo, la contradicción entre Hillary Clinton y Trump era una contradicción relativa y no absoluta; es decir, una contradicción en los mismos parámetros, en la misma construcción del mundo. Pero la contradiccion entre Bernie Sanders y Trump era, de hecho, el principio de la posibilidad de una verdadera contradicción; es decir, una contradicción con el mundo y con algo que se encuentra más allá del mundo. En cierto sentido, Trump estaba realmente del lado de la subjetividad popular oscura y reactiva, dentro del mundo como es, pero Bernie Sanders estaba del lado de la subjetividad popular racional, activa y clara, orientada más allá del mundo como es, incluso dentro de algo que no era claro —no era claro, pero estaba más allá del mundo como es.

Así que el resultado de la elección es de naturaleza conservadora, es puramente conservadora, porque es el resultado de una falta contradicción, en cierto sentido, una contradicción que no es una verdadera contradicción, y que es también, a través de esta elección, la continuación de la crisis de hoy, la crisis de las cuatro condiciones que expliqué anteriormente. Hoy, contra Trump, no podemos desear a Clinton, ni a nadie del mismo tipo. Debemos crear un retorno, si esto fuera posible, a la verdadera contradicción; es la lección de este tipo de acontecimiento terrible. Es decir, debemos proponer una orientación política que vaya más allá del mundo como es, incluso si es, en un principio, de carácter poco claro. Cuando comenzamos algo, no conocemos el desarrollo completo. Pero debemos comenzar. Debemos comenzar, ese es el punto. Luego de Trump, debemos comenzar. No es solamente resistir, negarse y demás. Debemos comenzar algo, en verdad, y esta pregunta por el principio es el principio del retorno a la verdadera contradicción, a la elección real, a la elección estratégica real que concierne a la orientación de los seres humanos. Debemos reconstruir la idea de que en contra de las desigualdades monstruosas del capitalismo presente, en contra también de los gángsters de la política clásica, como Trump, es posible crear, una vez más, un campo político a partir de dos orientaciones estratégicas, y no sólo de una. El retorno de algo que ha sido ocasión de grandes movilizaciones políticas en el siglo XIX y a principios del siglo pasado. Debemos —si es que puedo decirlo en su carácter filosófico—, debemos ir más allá del Uno, en la dirección del Dos. No de una orientación, sino de dos orientaciones. La creación de un nuevo retorno a una nueva elección fundamental es la esencia misma de la política. De hecho, si solamente existe un camino estratégico, la política desaparece progresivamente, y de algún modo, Trump es el símbolo de ese tipo de desaparición, porque, ¿cuál es la política de Trump? Nadie lo sabe. Es algo así como un personaje, no una política. Así que el retorno a la política es necesariamente el retorno a la existencia de una elección real. Así que, finalmente, al nivel de las generalidades filosóficas, es el retorno dialéctico al Dos real más allá del Uno, y podemos proponer algunos nombres para ese tipo de retorno.

Como saben, mi visión es proponer la palabra corrupta “Comunismo” —corrupta, ya lo saben, por las experiencias sangrientas y demás. El nombre es sólo un nombre, así que somos libres de proponer otros nombres, no hay problema. Pero tenemos algo interesante en el significado primitivo de esta palabra vieja y corrupta. Y este significado se compone, de hecho, de cuatro puntos, cuatro principios, y este tipo de principios pueden ser de ayuda para la creación de un nuevo campo político con dos orientaciones estratégicas.

El primer punto es que no es necesario que la clave para la organización social sea la propiedad privada y las desigualdades monstruosas. No es una necesidad. Debemos afirmar que no es una necesidad. Y podemos organizar experiencias limitadas que demuestren que no es una necesidad, que no es cierto que la propiedad privada y las desigualdades monstruosas deban ser para siempre la ley del porvenir de la humanidad. Es el primer punto.

El segundo punto es que no es una necesidad que los trabajadores sean separados por un lado en el trabajo noble —como la creación intelectual, o dirección, o gobierno— y, por el otro lado, el trabajo manual y la común existencia material. Así que la especialización de la etiqueta no es una ley eterna, y especialmente la oposición entre trabajo intelectual y trabajo manual debe ser borrada en el largo plazo. Es el segundo principio.

El tercero es que no es una necesidad que los seres humanos sean separados por fronteras nacionales, raciales, religiosas o sexuales. La igualdad debe existir a pesar de las diferencias, de manera que las diferencias no sean un obstáculo para la igualdad. La igualdad debe ser una dialéctica de la diferencia misma, y debemos rehusarnos a que en nombre de las diferencias, la igualdad sea imposible. Así que, fronteras, rechazo del Otro, en cualquier forma, todo eso debe desaparecer. No es una ley natural.

Y el último principio es que no es necesaria la existencia de un Estado, en la forma de un poder armado y separado.

Así podemos resumir estos cuatro puntos: colectivismo en vez de propiedad privada; trabajador polimorfo en contra de la especialización; universalismo concreto contra identidades cerradas; y asociación libre en vez de Estado. Solamente es un principio, no es un programa. Pero a partir de este principio podemos juzgar todos los programas políticos, decisiones, partidos, ideas, desde el punto de vista de estos cuatro principios. Toman una decisión: ¿esta decisión va en la dirección de los cuatro principios o no? Los principios son un protocolo de juicio con respecto a todas las decisiones, ideas, propuestas. Si una decisión, una propuesta, va en dirección de los cuatro principios, podemos decir que es buena, podemos examinar si es posible y demás. Si claramente va en contra de los principios, es una mala decisión, una mala idea, un mal programa. Así que tenemos un principio de juicio en el campo político y en la construcción de un nuevo proyecto estratégico. Esta es de algún modo la posibilidad de tener una visión verdadera de lo que va realmente en la nueva dirección, la nueva dirección estratégica de la humanidad en cuanto tal.


Bernie Sanders propone construir un nuevo grupo político, bajo el título “Nuestra Revolución.” El éxito de Trump debe abrir una nueva oportunidad para ese tipo de ideas. Podemos confiar en él por lo pronto, podemos juzgar si realmente es una propuesta que va más allá del mundo presente, podemos juzgar si algo propuesto está en conformidad con los cuatro principios. Podemos hacer algo. Y debemos hacerlo, porque si no hacemos nada, nos quedamos solamente en la fascinación, la estupidez de la fascinación, el triunfo depresivo de Trump. Nuestra revolución —por qué no— contra su reacción, nuestra revolución, es una buena idea. En cualquier caso, estoy de este lado.

Versión de Javier Raya

martes, 2 de junio de 2015

Segunda persona

a Lucas

Al anunciado en la despaciosa explosión del vientre,
a la semilla germinante en mil ombligos,
al enraizado en el cascarón de su propio nombre,
atado provisionalmente por un hilo de carne
a la mujer que multiplica en su nombre
el caudal del amor: dicen que eres sordo
durante tus meses de cautiverio; dicen
que el sonido se pierde entre los pliegues
que te esconden, como el de estas sílabas
que te traigo como un alimento simbólico
de tan minúsculo: alimento de víscera
de aire, de tripas iracundas para mostrarte
como partir el aire de un rugido: mi casi,
mi por nacer, mi nombre amado, mira
cómo nos tienes a todos con el pendiente
del más mínimo de tus gestos, de tus
incursiones en la pila de clavados
amniótica, mira cómo te esperamos
como una promesa largamente postergada,
mira cómo te guardo tu sitio en la especie
aquí junto a nosotros; acuérdate
de nuestra impaciencia en las horas lúgubres
o adolescentes cuando maldigas tu nacimiento,
cuando maldigas tu nombre, tu padre
y tu Dios como todos los demás antes de ti,
y piensa que también los lejanos planetas
se atraen ciegamente unos a otros,
también blanden sus plumas de metales
iridiscentes, también queman hidrógeno
para alumbrar su cacería, también se tienden
junto a la materia deseada, como un hombre
y una mujer anudados en la noche humana
antes de traerle al aire los kilogramos
de tu inquietud nonata: pequeña gota mercurial,
este vaso se ha desbordado hace mucho tiempo,
el mundo se desaloja ya por los bordes,
pero te esperamos tu madre, tu hermano
y yo con la paciente brutalidad
de una supernova tintineando en la negrura
como una vela velando sobre el pabilo:
con la fuerza de la semilla
que parte la tierra con sus apéndices vegetales
y abre sus manos en el párpado dormido
de lo oscuro: con el temperamento del aire
despeinado que nuestra voz dispersa
en las sílabas de tu nombre como semillas:
con dos gotas de sangre y una de agua
reunimos los elementos inconscientes de tu embrión:
trueno, trompeta de carne, terremoto:
deslízate por las olas de la luz, más allá de las rendijas
que no te permiten todavía tener una voz: esa voz
que matará lo que hay en ti de topo para dar
a luz al grito, esa luz que hundirá sus flancos
en tus ojitos acostumbrados a la opacidad cavernosa,
esa luz que va a revolverte la mirada
cuando termine esta interminable recta final:
ruge para que tiemble de vida
el polvo apelmazado de la luna,
ruge para que las montañas agiten
sus bigotes de nieve y los volcanes
surtan el cielo de fanfarrias:
ruge, ruge para salir de la oscuridad
y entregarte otra vez a ella, Lucas,
que la vida es este parpadeo delicado de luz
que interrumpe provisionalmente
la noche hermética de los elementos.

martes, 10 de julio de 2012

Plantarse: órbita de la Acampada Revolución 132

La Acampada Revolución 132 es la réplica de uno de los actos de protesta que obtuvieron la atención internacional el año pasado a través de los movimientos Occupy en diferentes ciudades de Estados Unidos. Está en juego no sólo la recuperación ciudadana del espacio público y su re-simbolización, su vuelta al carácter significativo dentro de la gramática del espacio urbano: están en juego también, sobre todo, nociones como "utopía", "democracia", "comunidad".

Otras experiencias de ocupación y revaloración del espacio urbano (entendido este como una práctica social y no sólo como la osificación de la memoria a través de monumentos o plazas), como el Grupo de Arte Callejero o el movimiento Iconoclasistas en Argentina han conformado modelos de organización de los que el caso mexicano puede nutrirse creativamente. Sin embargo, me gustaría puntualizar un par de semejanzas entre el amplio movimiento Occupy y YoSoy132, concretamente a respecto de la Acampada Revolución y el grupo que, mientras escribo, se encuentra afuera de las instalaciones del IFE (Instituto Federal Electoral) en la Ciudad de México. (Un resumen comentado de los movimientos de protesta más relevantes de los últimos tiempos puede leerse aquí.)

Llama la atención, por ejemplo, el que la Acampada Revolución esté situada en la explanada oriente del Monumento a la Revolución del Distrito Federal: la zona agrupa en torno a dicho monumento las sedes de distintas organizaciones sindicales, algunas tan antiguas como la de ferrocarrileros, además de comités del PRI, cuyo edificio aporta una presencia si no amenazante, al menos constante sobre la Acampada. De igual modo, en torno al monumento se encuentra el edificio sede de una enorme compañía de telemarketing, la cuál emplea jóvenes bilingües para atender la demanda de soporte técnico de proveedores de televisión por cable... en Estados Unidos.

La localización de Occupy Wall Street tenía características similares, al menos en el nivel simbólico (o en lo que más arriba llamé la "gramática del espacio urbano") con la Acampada Revolución: también los grupos que articularon expresiones de descontento social en el circuito financiero más importante del mundo en Nueva York tenían sobre sí la presencia de los poderes fácticos de la economía y los medios de comunicación. También tuvieron que mantenerse moralizados a través de una simbología que llamara a la acción, que combatiera los signos de cansancio moral y físico de toda protesta duracional, y también tuvieron que llevar a cabo in situ, sin ensayo previo, modelos de organización comunitaria.

Otra similitud es el carácter de "nodo" o centro gravitacional de protestas descentralizadas en otros espacios, en otras ciudades. Las réplicas de Occupy Wall Street, como si se tratase de las réplicas de un terremoto, atravesaron el territorio de los Estados Unidos hasta Los Ángeles, pasando por todas las ciudades económicamente poderosas entre ambas costas del país. De igual modo, YoSoy132 tiene claro que el movimiento debe descentralizarse (comenzando por la articulación de células delegacionales y luego comités en todas las ciudades de México), aunque en la práctica la capital mexicana siga siendo un referente. Una causa de esto claramente es la coyuntura postelectoral: un movimiento "espontáneo" de universitarios se conforma en torno a una situación política que aún está lejos de resolverse.

Si YoSoy132 se desacelera ahora (cosa que no pasará, al menos en el corto plazo) quedará como referente del sondeo de medios y el señalamiento del traje nuevo del emperador; sólo que el emperador, en el caso mexicano, no son los partidos políticos (desnudos y en ese sentido, desacreditados, para cualquier observador), sino el del imperio de los medios de comunicación. La modesta victoria --que no victoria menor-- que hasta el momento ha tenido YoSoy132, además de provocar una mirada diferente de la sociedad sobre sí misma, fue la de ser un referente obligado para entender el proceso electoral en México durante el 2012.

Por último, la Acampada sirve para aprovechar la energía producida en el descontento ciudadano por una situación sociopolítica a través de una nueva articulación, es decir, un nuevo pacto con la dinámica de la ciudad. Muchos recordarán los disturbios generados el año pasado en Londres, de los cuáles, en un principio, incluso los medios ingleses culparon a los videojuegos por el grado de violencia aparentemente gratuita que los jóvenes produjeron en las calles; o aún antes en París, donde las imágenes de vehículos quemados se hicieron más y más frecuentes. La respuesta sencilla sería decir que los brotes de violencia y descontento son provocados por agitadores o por jóvenes con graves problemas psicológicos. La respuesta larga y compleja, la verdadera respuesta que debe articularse a través de la participación de la sociedad en su propia conformación, sólo vendrá del análisis de la situación sociopolítica de cada caso teniendo en cuenta el contexto global en que se han generado. La respuesta vendrá cuando se atiendan los urgentes problemas de educación y empleo para la población más joven, de manera integral, y no con placebos como el de la empresa de telemarketing que mediante el modelo de outsourcing ofrece cubículos donde las mejores mentes de mi generación arreglan desperfectos técnicos de las señales de cable de otros países. Es en este punto que la acción de la Acampada Revolución cobra fuerza: su situación dentro de la gramática del espacio urbano los coloca como una partícula mediadora entre la memoria simbólica (representada por el monumento, donde esta noche dormirán, como ayer y antes de ayer, decenas de personas), y los poderes del Estado y la economía de mercado. El neoliberalismo ya no es sólo un término en boca de los críticos especializados de los sistemas económicos: entender su funcionamiento y la incidencia de las prácticas económicas de la población general en el sustento de una macroestructura económica con alcances globales, se vuelven cada vez más necesarios. Plantarse en el eje tanto referencial como simbólico donde las fuerzas del neoliberalismo se articulan es el sentido de la protesta, a mi parecer, de la Acampada Revolución. Plantarse para no olvidar que lo que necesitamos es la respuesta larga, la que el Estado en sus términos actuales no ha podido proveer. Plantarse para servir como un separador incómodo en un libro de Historia que ya nadie abre: quedarse ahí para recordarnos que hay pendientes inaplazables. Plantarse para contrastar el tiempo de la hiperaceleración de los mercados y el consumo con una vuelta a las formas más básicas de organización, el grado cero de la comunidad en el centro de la hipercomunidad alienada.

Quedan muchos otros cuestionamientos en el aire. A últimas fechas, sobre todo, la creciente percepción de que YoSoy132 está pretendiendo promoverse como el único agenciador legitimado de la protesta pública, "voceros oficiales de la indignación" y similares. Al menos desde lo que yo he podido ver, desde una órbita cercana a ellos, me parecen de lo más abiertos a recibir propuestas de organizaciones, grupos o simpatizantes casuales con causas comunes en cuanto a ejes de acción política, económica, de comunicación, de cultura e incluso del uso consciente de los recursos ambientales, elemento que enfatizo al ver que en el medio político mexicano el "Partido Verde" genera, por ejemplo, tanta basura (material y mediática) como cualquier otro partido político. Es por eso que digo que la Acampada funcionará (en un escenario optimista) como un nodo que logre poner en contacto a distintos agentes de cambio y actores de la sociedad en torno a una nueva forma de relacionarse con la vida pública. Si la Acampada (como centro visible del movimiento) y el movimiento en sí logran resolver sus problemas internos de organización y comunicación, de los cuáles son más que conscientes, están llamados a cultivar el capital político que les dio la coyuntura electoral: el de servir como un un interlocutor privilegiado entre los actores políticos y la sociedad civil; el de constituirse como un órgano de vigilancia permanente de los procesos de la administración del Estado, y de conformar un contrapeso visible --que no necesariamente unívoco-- de lo que se perfila como una virtual e imparable vuelta del partido único al poder, el PRI. Es casi seguro que el PRI vuelva, pero se encontrará con una sociedad sumamente distinta a la que existía en el 2000, cuando desalojó por primera vez en su historia el palacio de gobierno. Una sociedad consciente de sí misma, una sociedad que poco a poco va perdiendo el miedo al cambio.

domingo, 22 de enero de 2012

Alegato contra la voz

1.

Tenemos, cada uno de nosotros, dos presencias: una, evidente, este cuerpo; otra, más sutil, la de la voz. Podemos grabarla, perderla, educarla, hacer que copie sonidos, pero la voz es un animal salvaje que manifiesta algo ajeno a nosotros. Algunos tratan de domesticarla: le enseñan trucos, la hacen saltar por aros de fuego, alcanzar el preciado do de pecho; gentil como un gato de la selva, de pronto se vuelve grito y somos apenas una fuente, un accidente natural como un volcán. El tigre blanco muerde al entrenador frente a la comitiva de las Vegas, y no se limpia las manchas de sangre de los belfos. La voz puede amaestrarse, pero no domesticarse.

2.

Como bien saben los cantantes, el cuerpo es una caja de resonancia; en cierto sentido, el cuerpo es el eco de la voz, además de su pilar. Una evidencia de que la voz no está supeditada al cuerpo podría ser que crecen, voz y cuerpo, a intervalos diferentes: una voz joven y melodiosa puede emerger de un cuerpo enfermo y castigado, mientras que una voz muerta --casi un ruido sordo, se diría-- puede venir de un cuerpo hermoso, pero, como dice el vox populi, que se ve mejor callado. Claro, el cuerpo impregna a la voz de ciertos estados, pero al ver la fotografía de alguien raramente podemos darnos una idea de su tono, timbre o coloratura de voz. No es raro sentir que las voces de las personas no corresponden en general a su fisionomía.

3.
Dos experiencias me han mostrado que la voz no sólo es un atributo sobrevalorado y utilizado con poca pericia, sino que a veces es del todo innecesaria: 

Tuve la oportunidad de asistir a una obra de la compañía teatral Seña y Verbo, integrada por actores sordomudos. Presentaban un compendio de la historia de México; sus cuerpos, de más está decirlo, hablaban. Pensé en el conocido dictum de Huidobro para los poetas: “No cantes la rosa, hazla florecer en el poema”. Estas palabras, cosa rara, adquirían pleno sentido precisamente en ausencia de palabras; y sobre todo, de voz. Las manos dúctiles de los actores tomaban las formas más inesperadas: armas, monumentos, espacios, campos, explosiones, sangre. Los ojos tenían una plasticidad y una transparencia que reflejaba y proyectaba las intenciones del cuerpo: se dice que los ojos son espejos del alma, pero pocas veces se dice que son también su amplificador. Cabe decir que, fieles a una dramaturgia grotoskiana, el escenario estaba habitado solamente por las tres presencias de los actores, y no utilizaron escenografía ni utilería casi. Si no necesitan voz --que en el escenario valdría por la representación utilitaria de sentimientos a través del parlamento--, me dije, mucho menos decorados figurativos --que en el escenario valdrían por la representación del mundo, contra la que el Teatro Pobre se impuso. Como en la danza contemporánea, por ejemplo, lo que está en juego es una escritura basada en el cuerpo; o mejor: una escritura escrita por el cuerpo. Objeto de escritura y producto de la escritura.

4.
La segunda experiencia que muestra la poca si no nula utilidad de la voz, me la contó una profesora que tuve en la facultad de Letras. Maestra en lingüística con doctorado en semántica, docente, investigadora y portadora de todos los títulos que la castración simbólica impone sobre el sujeto académico como los frutos de un árbol muy cargad, o las evidencias de una mente abocada a las ciencias del lenguaje, esta querida mujer decidió un buen día asistir a un retiro Vipassana. Esta es una antigua técnica de meditación basada en la auto-observación. Durante 10 días se vio virtualmente encerrada en la naturaleza, como sugería Fichte a los jóvenes idealistas en el xix, junto a un grupo mixto de unas 15 personas. En ese tiempo, el practicante de Vipassana debe adscribir una sólida disciplina basada en el silencio: un voto que arranca la voz como estructurador de deseos, que la suprime de un sólo golpe. 

Este silencio no implica, por decirlo así, solamente el “no uso” de la voz, sino el silencio de todos los lazos que lo unen al mundo: celulares, laptops, iPods, incluso libretas o libros y todas las prótesis que impidan al practicante observarse de cerca deben dejarse en la “civilización”. Su relato al volver fue asombroso y terrible. En absoluto silencio durante las largas horas de meditación, durante las tareas comúnes --cocinar, lavar la ropa, etc.-- y durante los pocos espacios de ocio, el pequeño grupo de desconocidos conformó una pequeña aventura digna de un drama shakespereano: intrigas, negociaciones, grupos de poder, incluso romances rotos y recuperados y todo sin la intervención de una sola palabra. Cierta pareja resolvió incluso divorciarse (se me ocurre que, sin voz, no podían sostener el relato fantasmal de su relación). Por su parte, la doctora se enfrentó a una decisión brutal: ¿cómo practicar la docencia y la investigación de los códigos del lenguaje articulado si enfrentó por sí misma la ineficacia misma del lenguaje, o la victoria del silencio sobre la comunicación? "El lenguaje no sirve para nada", nos dijo. Estas consideraciones, vale decirlo, la atormentan aún hoy en día.

5.

Un viejo dicho árabe dice "si no puedes decir nada más bello que el silencio, calla." ¿Pero cómo poder sostener esta prerrogativa moral frente a un mundo de ocupaciones, de intercambios inanes que dan la sensación de comunidad, de producción vocal sin fin del ego para hacerse notar frente a los otros? Cómo, pues, cuando una importancia tan grande se le atribuya a la "sociabilidad", al "verbo", que en jerga popular de México indica el parlamento de la conquista amorosa: su contenido no importa, pero su eficacia lo es todo. Desde una posición cínica, podríamos afirmar que el hombre ejerce este "verbo" para dar a la mujer la ilusión de comunicación, de intimidad. Ella sabe que él no es el príncipe azul, pero se comportará como si lo fuera de acuerdo a la eficacia del "verbo". Ella quiere creer, y también él, a su modo, en lo que se dicen mutuamente.

Paradójicamente, cuando uno es tímido casi a niveles patológicos, como es mi caso, se tiende a llenar el diálogo de discurso, a desviarlo, a explorar nuevas aristas de cosas sin importancia. "Salir" con alguien, en el sentido de preparar un terreno neutral para que dos personas se conozcan y evalúen mutuamente como posibles compañeros de celda, digo, de relación, en lo que respecta a la voz, obedece a la misma lógica de las campañas políticas: el candidato usará su voz para persuadir, convencer, desvirtuar al enemigo --la figura problemática de los ex--, así como para encomiar y atraer hacia sí al otro. La voz es también el dispositivo de la promesa: a través de ella se articula el futuro, todo lo que no es. La voz siempre pertenece al pasado o al futuro, nunca al presente.

6.

La palabra poética, sin embargo, al no perseguir un objetivo cuya eficacia se mida por su eficacia comunicativa, hace uso de la voz de una manera muy distinta. La risa, como sabía Bergson, sigue los mismos mecanismos que lo poético para estructurarse: es una respuesta involuntaria que indica aceptación, y que distorsiona la voz para habitar el espacio de la recepción del sentido. Somos parte del sentido, por eso reímos.

Hoy asistí a una intervención poético performática en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Fue convocada por Victor Ibarra Calavera (cuyo libro RQIEM es uno de los objetos literarios más provocadores que se hayan visto) y sus secuaces, ínclitos situacionistas de la escena chilanga. De camino encontré a Carlos Atl, cuya voz sobre un escenario merecería un post aparte. Caminábamos y hablábamos y llegamos a la plaza, tomada ya por un altar de libros, decenas de ellos, formando un medio círculo en el suelo. Unos gritaban en un megáfono roto, otros tocaban notas al azar en un saxofón, una guitarra, un bajo. Un chico gritaba cosas ininteligibles a través de un largo altavoz de cartulina (y cuando digo "largo" piensen en algo de más de dos metros de largo que se ve a la distancia.) 

Aquello era un carnaval situacionista. Atl dejó de caminar conmigo y se integró naturalmente al ritmo de la escena: roció agua sobre un libro que se quemaba y comenzó a gritar, a saltar, a bailar. Asumí la peligrosa posición de espectador y vi un celular caer del cielo y destrozarse, un libro quemándose, un chico siendo atado con cinca adhesiva, máscaras de José Emilio Pacheco en los rostros de los niños, gritos desaforados en una bocina portátil y mímicas de orangutanes. Además, una suerte de performance duracional que consistía en seguir a un incauto transeunte con un megáfono mientras se emiten ruidos guturales a pocos centímetros de su cabeza, luego a otro, luego a otro. Esta vez nadie salió lastimado. No siempre ha sido así.

Carnavalización caníbal, fiesta peligrosa que convirtió en escenario el espacio público, apuesta por la negación de la literatura y la tradición, la creación de una atmósfera subversiva por cualesquiera medios al alcance exceptuando la palabra. Fue un domingo cualquiera. 

Una fiesta en general depende poco de la palabra y mucho de la risa, en lo que tiene ese gesto de reconocimiento del otro. Pero el espacio de convención de la fiesta está limitado por un bar, una sala, un lugar propicio para su tener lugar. Pienso en la coreografía de una fiesta "normal": bebemos, bailamos (bueno, algunos fracasamos miserablemente en el intento, pero hay mujeres que son como esos yogis que comunican conceptos bailando, cifrando un lenguaje a través del cuerpo), hablamos (frente a atronadoras bocinas, cuántas veces), discutimos, abrazamos, reímos. Es decir, hacemos lo que se supone que se debe de hacer en una fiesta. ¿Pero qué pasa cuando el lugar de la fiesta es la acción? Acciones como la de Tlatelolco de hoy crean su lugar mediante la acción, y toda acción en este contexto es pertinente. Aunque no soy muy adepto a ninguno de los dos tipos de fiestas descritos, debo confesar que esta ruptura de convenciones me llega a veces como aire fresco. 

Me quedé cosa de una media hora, durante la cuál el ritmo de las acciones no disminuyó en intensidad. A manera de despedida, tomé un libro, arranqué hojas y me las metí en la boca, escupiéndolas a Calavera quien me guiaba con una risa loca a través del espacio.

La voz no es sólo palabras, y las palabras no necesariamente comunican. Ya lo decía Nicanor Parra: me doy a entender a estornudos.

Las palabras invisibles también son palabras.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Fin de un mundo

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domingo, 2 de octubre de 2011

Yo no te puedo querer igual en la guerra

Yo no te puedo querer igual en la guerra.
Yo no te puedo seguir queriendo
como si nadie se estuviera muriendo.
Yo no te puedo querer igual 
frente al rostro sin ojos de la muerte.


Yo no te puedo escribir un poema de amor,
hoy, que no sea de algún modo
un poema de muerte.


Yo no sé si alguien puede seguir escribiendo
poemas de amor
que no sean, a su modo,
poemas políticos,
con todo lo que detesto
los poemas políticos
y casi todos
los poemas de amor.
Con todo lo que detesto
en general, los poemas
y a todos los putos poetas.


Yo no sé cómo la gente
puede seguir escribiendo, o sobre todo
cómo puede seguir queriendo.
Queriendo hasta que uno se muere.
Uno o el otro.
Uno y el otro.
Aunque por querer
uno se muera
en el otro.


Pero sin adjetivos te quiero,
te tengo que querer,
me tengo que forzar a quererte.
Me tengo que forzar 
a escribirte que te quiero,
a guardar un pedazo humano
(una mano, un hueso húmero)
en el fondo del poema
para quererte desde esa mano
o desde ese hueso
que protege esta palabra
que late como una tripa
desde este cuerpo
que los asesinos del mundo
todavía no se llevan.


Me tengo que forzar a quererte
porque si no
ellos habrán ganado.
Tengo que quererte
como si no fueran a matarnos,
como si no nos fueran a matar
nunca, 
con la misma urgencia
que tendría de ti
si fuéramos a vivir para siempre.


Yo entiendo poco de política,
muy poco o casi nada
de literatura mexicana del siglo xviii
(que me parece soporífera).
Odio las ciudades,
odio el campo,
odio cada una de las flores amarillas
de la carretera, profunda
personalmente.
Yo no salvaría
ni siquiera uno o dos ríos,
y no me ocupa
que a dos o tres nombres propios
se los lleve en buena hora el carajo.
Pero te quiero,
y casi es posible
que lo único realmente bueno
de mi parte a esta parte
sea quererte salvaje,
cruel,
violenta,
brutalmente.


Yo no te puedo seguir queriendo igual en la guerra,
aunque esto ni guerra sea.
Yo no te puedo seguir queriendo igual
en el horror;
en el horror
tengo que quererte
también,
sobre todo,
por lo que todavía queda de mundo
sin horror.
Porque estás en el mundo
y el mundo es horroroso, lo cuál,
en mi libro,
hace del mundo un lugar digno.
Un lugar posible.
Algo que todavía no se inventa,
porque lo que todavía no nace
está libre del horror y de la muerte.



Yo no sé cómo la gente
puede seguir escribiendo, o sobre todo
cómo puede seguir queriendo,
pero te voy a seguir escribiendo
que te quiero
de todas formas
porque pues el amor no es un saber,
ni que fuera hermenéutica,
el teorema de Fubini
o una bomba por armar;
porque pues el amor es amor.
O algo.
Y así.



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