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sábado, 29 de enero de 2011

Sobre el arte de mudarse dentro de la propia habitación

Un poeta no habita en casa sino en las encrucijadas.
Marina Tsvetaieva

Me mudo a razón de 5 o 6 veces por año desde hace 3 años, pero el departamento donde vivo actualmente me gusta tanto que podría quedarme aquí por tiempo indefinido. No es sólo vivir con gente que además de querida tiene la rara cualidad de ser inteligente, sino que la ruta a mi trabajo se hace en tiempo récord para esta ciudad, los gastos no son tales que me tengan al borde de la aterradora fame, como en otras ocasiones, y he sido adoptado por dos gatas hembra que me hacen compañía de un modo discreto, frío en ocasiones, pero que en todo caso va muy bien con mi necesidad de espacio.

Sin embargo, mudarse para mí es lo que podríamos llamar una condición espiritual. Si creyera en esa tontería de las vidas pasadas, podría pensar que en otra reencarnación fui un prófugo de la justicia y que la costumbre permaneció a través del proceso metempsicótico hasta esta carne que se siente encerrada luego de pocos días en los mismos espacios, las mismas rutas y los mismos nombres. Ante la imposibilidad de dar cuenta del mencionado proceso, me voy por la hipótesis de que simplemente me aburro con facilidad, y el aburrimiento es algo que me aterra genuinamente, casi tanto como el hambre.

Por eso, y a la espera conjunta de que Nancy se mude conmigo, he comenzado un juego formal para responder a mi necesidad de vistas y espacios nuevos, que es lo que ocurre básicamente cuando uno se muda, y que es como decir que mudarse de espacio es mudarse de ojos y mudarse de vida. El juego consiste en mudarse, pues, dentro de la propia habitación. No es una tarea titánica realmente, dado que por el mismo rasgo paranoico que me ha hecho mudarme tantas veces (aunque no ha sido siempre por aburrimiento, y en algo el azar aporta su cuota de incertidumbre) mis posesiones caben siempre en una camioneta no muy grande, con el fin inconsciente de poder escapar durante la noche --como ha ocurrido alguna vez-- sin que nadie escuche los ruidos propios de la fuga. Así, no es lo mismo despertar cerca de la ventana que del otro lado de la habitación (no muy grande, a todo esto), ni tomar los libros del pequeño librero con un movimiento de poco esfuerzo que tener que levantarse del escritorio y dar un par de pasos hasta ellos.

La mudanza intra-habitacional se resume en una dinámica de gestos. Recuerdo de pronto un cuento de Milorad Pavic, "La jaula blanca de Túnez en forma de Pagoda", contenido en el libro Siete pecados capitales. El narrador de este cuento se muda imaginariamente a diferentes casas que observa por la calle; las amuebla en su imaginación durante sus largos periodos de insomnio. El narrador se propone la difícil tarea de amueblar una casa específicamente para empatar con los movimientos de JM; para ello, realiza un "diccionario de movimientos". Atención: no es un inventario, pues un inventario sería únicamente la computación de cada movimiento. El valor del diccionario (como en la obra --obras, en rigor-- más conocida de Pavic, El diccionario jázaro) estriba en que hay una intención cualitativa, interpretativa en lo que de otro modo sería mera acumulación. Valdría más un pequeño ejemplo de las múltiples posibilidades gestuales:
Ordené los picaportes y cerraduras del maestro Lunich, cuyo taller estaba cerca de Kalemegdan. De él ordeno todo el latón cuando trabajo en edificios reales. Pero aquí los pedidos eran especiales. Ni siquiera dos picaportes debían ser iguales. La razón era simple. Cada uno de los picaportes induciría un ademán diferente en los largos dedos de JM. (...) Uno tenía la forma de un pájaro que estaría en la mano de JM cada vez que abriera la puerta de la sala de baile en el piso superior, otro era como el mango de un arco de violín, el tercero como un abanico chino.
(p. 17. Ed. Sexto Piso)

Tal vez sin proponerme una especificidad como esta, sí me planteo que la cotidianidad es una especie de coreografía improvisada. A la manera del jazz, uno dispone de tiempo y de instrumentos, pero la combinatoria, si bien no infinita, admite numerosas permutaciones. Sin ir más lejos, para tomar Siete pecados del librero he debido mover la silla hacia atrás, impulsándome levemente con los pies de la pared detrás del escritorio, me he levantado, he dado tres pasos de espaldas al escritorio y he realizado la operación inversa luego de tomar el libro. No se me reprochará que, por ejemplo, la cita que he elegido para ilustrar mi punto sobre los gestos, además de una cita bella, pudo ser de otra parte del cuento, de otro autor, o incluso que, en un acomodo intra-habitacional distinto yo ni siquiera me plantearía el asunto de escribir un texto sobre las mudanzas dentro de la propia casa. Es una baile improvisado sobre la música del azar.

Hace unos días veía con unos amigos la película Black Swan, del director Darren Aronofsky, y de la cuál mi amiga Victoria Guerra escribió algo sumamente interesante. Uno de mis amigos resintió físicamente la, valga la redundancia, fisicidad de la película. JM del cuento de Pavic es precisamente una bailarina, tal como Natalie Portman, tan flaca que parece que se va a romper, pero es hermosa y lo será hasta que se muera, como una maldición; no podría contarse una película alrededor de bailarines, creo (y pienso en The company, de Robert Altman, por ejemplo) sin una clara y recurrente referencia al cuerpo, porque los bailarines sólo son bellos en escena, fuera de ella son insoportables, tienen los pies espantosos y hábitos detestables, como mantener una dieta a base de queso, uvas y cocaína. También: el instrumento del baile es el cuerpo. En fin. Mi amigo vomitó después de las múltiples metamorfosis de Portman; Valeria y yo, en tanto, con un estómago más resistente, comentábamos la película. Yo hablaba sobre cómo hacia el final (y no hay que temer spoilers a partir de este punto, seré cuidadoso), Nina utiliza gestos y expresiones que son el correlato de su cambio interno, su expresión palpable y sobre-escénica, es decir, que van más allá de lo escénico, que son como una personalidad añadida. Adivinaron: la palabrita mágica es otredad. Así, los gestos nos vuelven otros. No podría ser de otra forma: los gestos son la expresión inconsciente de lo que somos, el lugar de mediación entre nuestra economía psíquica y el mundo.

Por eso al mudarse dentro de la propia habitación uno debe hacerse por lo menos una idea del tipo de otro que pretende ser. Mucho se dice sobre el "ordenado desorden" en las habitaciones de adolescentes; debemos sospechar que algo hay de pereza en tal desorden, como repiten los padres, sin embargo hay que considerar igualmente que la personalidad está definiéndose durante esos años según un molde que el adolescente busca desesperadamente romper. La búsqueda de la individualidad (o "construcción de la subjetividad", como quiere la jerga académica que le quita el sabor épico a la vida...) es, desde cierta perspectiva, la búsqueda de los gestos propios del yo. ¿Cuáles podrían ser? Uno no lo sabe y mientras los descubre o los inventa (en las palabras que usa, en el hecho de fumar o no hacerlo, en la cantidad de movimientos que requiere la vestimenta, etc.) el yo va tomando un aspecto reconocible con el que un adolescente puede volverse esa misteriosa creatura que la sociedad ha llamado "persona adulta". Por supuesto que juego de algún modo al peterpan a través de mi mudanza intra-habitacional: temeroso como soy de identificarme con un yo mío, con un self, si no he entendido mal, que dicen los psicólogos gringos, busco evadir esa identificación castradora con un yo mismo al cuál tenga qué responder frente a cualquier acción o decisión, ese Superyó, ese Ello, esa Loi que Sartre cree haber evadido por el accidente de no tener padre, y que, desde mi modesto juego, creo evadir también a través de la mudanza intra-habitacional y, en otro frente que no me ocuparé de describir, desde la escritura. Me parece mucho más interesante pues el j'est une autre que el I am mine

Cuando Nancy se mude, y sólo ella sabrá cuánto tiempo falte, seguiré moviéndome dentro de este lugar que poco a poco se va convirtiendo en mi casa, pero deberé aprender a respetar su espacio propio (the room of her own, que dice Virginia Woolf), su decisión de estar o moverse, de ser ella misma u otra. 

Yo la quiero a ella, no importa quién sea.





.

viernes, 16 de abril de 2010

Mudanza


 Lapas

, Dato: en la preparatoria tuve un lapsus en que me enamoré de la biología marina. El Carcharodon carcharias era mi obsesión: soñaba tiburones. Mi primera frustración académica fue la cancelación del viaje de investigación programado a las costas de Baja California Sur, donde ayudaría a realizar un reporte de los hábitos del pez y su impacto sobre la población. Una de tantas vocaciones abortadas, o por lo menos, postergadas (sé que estudiaré mineralogía, incluso, en algún momento). 

Pero el recuerdo más grato de mi amor fugaz por la biología del tiburón blanco fue aprender que, si éste deja de nadar, por ejemplo, cuando sus aletas son arrancadas en una pelea con otro tiburón, se ahoga: el tiburón vive a condición de moverse. Quedarse en un sólo lugar los ahogaría; los tiburones sueñan en movimiento.

, No son infinitos los lugares en que he dormido desde que llegué a la ciudad, pero ciertamente  son muchos. Sofás en su mayoría, lo que no tiene nada de romántico (ya no digamos cómodo). Sórdidas habitaciones de hotel; otras, con servicio a cuarto 24 horas. Algunas familias hospitalarias me han abierto su casa, terriblemente arrepentidas al poco tiempo. No soy un inquilino terrible, más bien soy un inquilino flotante. Y la falta de certeza con respecto a mis comportamientos y hábitos de entrada y salida suele provocar estragos y no pocas fricciones.

, Pero esto no podía seguir así. KT, probablemente la persona más inteligente que conozco (la de mejor gusto en todo, eso seguro) me hizo algunas preguntas certeras después de un delicioso desayuno de medio día --y sí, los lumpen también bruncheamos. "Búscate un cuarto que sea tuyo, como dice Virginia..."

Si fuera una escritora inglesa de principios del xx, sólo me faltarían las 500 libras de renta para ser feliz: el cuarto me encontró al tercer día.

, ¿Qué se muda cuando uno se muda? Se vacían los cajones, se encuentran los libros que se creían prestados o perdidos, se hace recuento de cosas inútiles. Danza callada de los objetos que nos siguen, como lapas sobre las aletas. Y de las personas que se quedan donde ya no seremos bienvenidos.

, Si mudanza es cambiar de posición en el mundo, a cada mudanza cambiamos de mundo.

, Secreta gloria adolescente: pensar que nadie nos comprende. Secreta gloria adulta: pensar que todos nos comprenden. 

El misterio de la madurez debe ser que no hay misterio: se da el salto en el vacío y las posibilidades se reducen a la caída o al vuelo. Ninguna importa, el salto importa. Y si lo anterior es incorrecto, sigo en la deriva. Respirando, eso sí, hasta nuevo aviso.

lunes, 18 de enero de 2010

Historia personal de dos (o más) ciudades


No es ningún secreto entre mis pocos pero entrañables amigos que he jurado un odio ciego e irracional a la ciudad de Querétaro. Plano secuencia de mi primer exilio, sustituto de mi ciudad natal, Querétaro estaba condenado a ser una idea que me ligó desde siempre al dolor de la pérdida de la infancia. Nací en Ciudad de México y llegué a vivir aquí al principio de mi interminable adolescencia. Duré poco, me pasó de todo y ahora vivo muy feliz en una pequeña casa desde donde son visibles las garzas blancas sobre la niebla de Xochimilco, por la mañana. Aclaro que, como los mentados amigos suelen decirme, Querétaro es en sí una ciudad muy bella. No podría estar más de acuerdo. Bella y cómoda, un jardín de niños rodeado por el paisaje del semidesierto. Y su belleza es su misma maldición: no se puede vivir sobre un monumento histórico, donde todo parece recién pintado, recién instalado, con la fragilidad de lo que no perdura. Qué diferencia con la CIudad de México, que no teme mutar, reinventarse, destruirse si es preciso para sobrevivir.


Así, quedará entendido que mi odio por esta ciudad está decantado sobre unos cuantos desafectos y memorias, algunas personas que no por la lejanía les guardo menos gratitud, y sobre todo, aunque desentone, por el implacable sol vertical que todo lo erosiona -no es el sol oblicuo y sereno, templado de Ciudad de México, sino un peso de calor como en el norte sangriento, una luz como un animal de vidrio derretido sobre la espalda. Mi enemistad con esta ciudad, sin embargo, está acotada por una imagen que poco a poco se vuelve recurrente y sustituye las memorias oscuras, el tiempo perdido, la gente que me mostró la vileza y la disciplina y el amor, la frialdad de mi habitación en casa de mis padres, por todos los rasgos una tumba abierta, cuando vuelvo a pensar en Querétaro.


Desde el cuarto que aún conservo en casa de mis padres, en las afueras de la ciudad, se ve un monte de nopales, huizaches, ortigas, biznagas, garambullos, yucas y mezquites retorcidos. Hace unos años aún se veían conejos pardos y algunas serpientes; hoy se desarrollan grandes proyectos residenciales en la zona y el monte desaparecerá en pocos años. Mientras estoy en esta casa por la ventana se ven siempre colibríes, rápidos y agudos como abejas enjoyadas. Pájaros mucho más bellos que sus parientes de la ciudad, hay que decirlo: aquí son verde brillante, exagerada y precisa la comparación del jade, mientras que en el DF son opacos, grises o cafés, y mucho menos numerosos, lo que en el caso de los colibríes es un factor del asombro, acrecentado por el número de ellos. La cercanía de la campanilla o hueledenoche detrás de la cerca que separa la casa de mis padres del monte debe ser, sin duda, la razón de la preferencia de esta parvada de pájaros-insecto por el ángulo visual que coincide en altura con mi ventana. Todo lo demás de esta ciudad puedo -debo- olvidarlo.

No puedo evitar relacionarme también con esa sensación entre llanamente fría y sosegada, descrita maravillosamente por Jorge Eduardo Eielson en esa novela-poema que es Primera muerte de María. Este fragmento en especial, en uno de los capítulos intercalados donde el relato se interrumpe y un fronterizo personaje Eielson medita sobre su trabajo, se traslapa sin violencia desde su intención original, Lima, sobre la circunstancia histórica de Querétaro. Me parece, además,  muestra exacta de esa sensación distante y tranquila que Eielson ha desarrollado sobre su relación con la ciudad de Lima, y a la cual no puedo sino aspirar. Producto, por supuesto, del replanteamiento de la relación sujeto-ciudad en el tiempo y el espacio. Distancia y años son la fórmula de la paz. La madurez será, lo creo, un asunto más complicado.


" 11 de septiembre de 1980

Pero, qué es Lima para mí, hoy, se me preguntará. He aquí una respuesta: nací en Lima de casualidad, como he podido nacer en Pekín, Roma o Iquitos. No me liga a mi ciudad natal sino un recuerdo borroso como su garúa y su neblina, y una infinita abulia, seguramente generada por la esterilidad de su paisaje. (...) Mis pocos afectos familiares son igualmente tibios y tranquilos como el clima, y los dos o tres amigos que allí me quedan, sinceros y permanentes. Una suerte de tabula rasa, una horizontalidad, una discreta sonrisa geográfica -el mar que lame sus flancos- han hecho de la anémica Lima una suerte de limbo. Nada sobresale de la chatura dominante, nada detona ni desdice -aún hoy- su pequeño abolengo español, con aires de gran ciudad y alma provinciana. (...)

Sin embargo, para mí que nací exiliado y moriré exiliado, porque el exilio es mi estado natural, geográfico, social, afectivo, artístico, sexual, Lima no es una ciudad para vivir sino, al contrario, un lugar ideal para morir: un cementerio."

Jorge Eduardo Eielson
Primera muerte de María
FCE, 1988, 1a ed.

lunes, 11 de enero de 2010

Libros de enero, 2010

, Roberto Bolaño- Los perros románticos.
, José Kozer- Bajo este cien.
, José Lezama Lima- Paradiso.
, Roberto Bolaño- Llamadas telefónicas.
, Matsúo Basho- Senda de Oku (sí, traducción de Paz).
, Jorge Eduardo Eielson- Primera muerte de María.
, Eugenia Revueltas- José Revueltas en el banquillo de los acusados.
, Muriel Barbery- La elegancia del erizo.
, León Tolstoi- Relatos.
, Yorgos Seferis- Seis noches en la Acrópolis.
, Roberto Bolaño- Los detectives salvajes.
, Eugenia Revueltas- Vasos comunicantes.
, D. Wayne Gunn (selección)- Escritores norteamericanos y británicos en México.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Des-en-Canto: o cómo dejé de ser un plagiario adolescente




1.


Desde hace algunos años le tengo terror a la palabra PLAGIO. Dos o tres personas que me conocen saben por qué. Al plagio creativo, se entiende. Y bueno, ¿quién en su vida no ha "tomado sin pagar" tres o cuatro (cinco o seis...) libros aquí o allá? Cuando te mueres de hambre y no hay nada que leer, el hambre aumenta. Pero esa es otra historia.


La palabra plagio (del latín plagium, hijo de puta ratero, fraude) como corolario de una vida poco creativa, mediocre. Plagio como algo que se toma de otro para provecho de uno. Y sí: sin citar la fuente. 


Leyendo la biografía de Jimi Hendrix me encuentro que lo abuchearon en cierta ocasión en un showdown guitarrístico porque sus licks y riffs eran evidentemente calcas de los de B.B. King. Es una condición del plagio: que no importa cuán honesto sea, ingenuo o bienintencionado sea, se nota. Hendrix todavía no sonaba a Hendrix. Pero es un paso que todo artista debe recorrer, ¿no? La senda de los maestros, tropezar con los cadáveres que dejaron en el camino, et caetera. Pero a ese aprendizaje no le llamamos aprendizaje y cuando osamos mostrarlo a nuestros fellow coleagues o maestros, se nos llama plagiarios. 


Hablo pues de cierto plagio como aprendizaje. No como la atribución de ideas de otros a uno mismo. Eso es un crimen y se paga con cárcel, decapitación y vergüenza. No: mi plagio es un estadio de aprendizaje. Uno duro.


Me defendí (onanistamente) frente a mí mismo, en el tiempo que siguió a ese vergonzoso incidente con esta cita de los Cahiers de Paul Valéry: "Plagio es el arte de escoger; es un gran arte". Pero para mí no resultaba un gran arte.


2.


Cuando empezaba a borronear poemas en las últimas hojas de mis cuadernos de la secun, me movían dos emociones. Escribir:


1) como extensión del dibujo, mi primera gran pasión, escribir como dibujando palabras, por el sonido de la pluma haciendo mínimos crujidos y grietas sobre el papel. Una cosa dibujada para verse. Una escritura sin sonido; y
2) como reproducción por escrito de la emoción original que me había dejado alguna lectura. Escritura, pues, como deuda que había que saldar. 


Así, me sentí Pierre Menard muchas veces. 


3.


Es familiar a cualquiera la sensación de estar leyendo algo que uno (o sea tú, yo) debíamos haber escrito. Pero que no escribimos. Esa sensación de transparencia que dejan los buenos poemas, es decir, los poemas que nos dan vida y nos alimentan. O pinturas, o sinfonías, como sea. Y el terror de verse incapaz de producir esos efectos por cuenta propia, en la etapa de aprendizaje, se torna motor creativo, imaginación, requerimiento: exigencia. O no, y simplemente escribimos el mismo poema que nos ha encantado. La palabra es precisa: poema de cuyo influjo no podemos evadirnos. Encantado, como en los juegos infantiles. Y no puedes moverte hasta que alguien venga y te toque y te diga: levántate y anda.


4.


Mi memoria nunca ha sido la mejor. Puedo parafrasear lo que pasa en este o aquel poema (novela o cuento), pero rara vez puedo recordar las palabras precisas. ¿Cómo así ser un plagiario competente? Esta memoria mala, me digo, reconstruye las sensaciones de los poemas en mi inconsciente y me los dicta cuando escribo. Luego entonces, me veo de 20 años escribiendo los poemas que me gustan. Y no eran los poemas de otros, eran mi visión de los poemas de los otros desde sus ruinas, como relojes desarmados y vueltos a armar o ciudades deshabitadas. A qué engañarme, no eran mis poemas.


Por ese procedimiento escribí poemas de Gonzalo Rojas, de Octavio Paz, de César Vallejo, de Neruda en etapa Barcarola, o remedos torpes y ciegos que tenían en esos grandes nombres (y aún muchos otros) su origen. Hallo en esto originalidad, entendida no como virtud de lo novedoso sino como la intención textual de referirse a un punto de irradiación, de origen. Y si Vallejo hubiese leído mis pobres balbuceos trilceanos seguramente hubiera reaccionado del mismo modo en que ese gran poeta al que mostré mis versos reaccionó. No lo culpo. Es más, lo entiendo. Pero eso era lo que hacía yo en esos años, y me vi como Casandra dando explicaciones y visiones que podían ser ciertas pero que eran incapaces de convencer. En el borde del patetismo, intenté reinventarme de tantas formas que apenas reconozco ya al ingenuo individuo que pedía opiniones a gente respetable, o por lo menos, admirable. El trabajo se hace a solas o mejor que no se haga. No hay por qué andar ventilando abortos en público. 


y 5.


Desde hace un tiempo, me parece, he empezado a escribir mis propios poemas, con la materia de mis propias obsesiones, ese rezago que damos por visto debido a su excesiva familiaridad. Investigar mis emociones me hizo escribir algo que ya no se sentía como ejercicios de estilo o imitación, sino algo que poco a poco -el proceso sigue vivo- se va pareciendo a mí mismo. Esto puede no ser necesariamente maravilloso. Pero la ruina por lo menos tiende a volverse intransferible, es decir, unívoca. Una ruina recién descubierta, una ruina desde donde se puede reconstruir. Así, no hay necesidad de hacer Roma si Roma ya existe. Intentemos Troya, que la soñamos o no existe.






Crédito de la imagen e información (a veces divertida) sobre el plagio literario: elplagio.com

lunes, 9 de noviembre de 2009

Beach or Bust

Yo por mi lado me impresiono por bien poca cosa; me asombra todavía el hecho de haber nacido. Luego uno debe aprender las ciencias y de memoria las explicaciones más complicadas para ver el mundo, para habitarlo, que queda francamente poco tiempo para cualquier otra cosa. El mundo debiera venir con un manual de uso para desubicados; uno de sobrevivencia por lo menos, para evitarnos este andar brincando entre carreras y camas y cantinas buscando
LA VERDAD,
y, como magistralmente nos recuerda Jack Nicholson desde "A few good men": no sabemos que hacer con la verdad. La ignorancia, el temor, el miedo paralizante a la acción pueden justificarse en la inseguridad, pero a la inseguridad no la justifica nada sino el miedo a adoptar o construir una imagen propia. Hoy ando infantil, y me pregunto: ¿por qué imponerme la impostura de la coherencia? Abrir la boca como Lacan, y ver qué sale, y partir de ahí para lo demás... Pero luego viene la mano de la sociedad y nos cierra la boca a puñetazos, o como esa imagen tan lograda de Raúl Zurita: nos lanza un escupo en la boca que esperaba un beso. Noto aquí cierta baba romántica... Yo Vs La Sociedad... No, no me lo creo. Debe haber algo más. Algo que me responsabilice de mi temor a ser humano. Una nota suicida parece tener la misma estructura de composición que un discurso (así sea inesperado o improvisado) de aceptación de un premio Oscar: se empieza enumerando las circunstancias que llevaron al merecedor a estar frente a un auditorio, real o supuesto, haciendo tabula rasa y diciendo: no hubo sino esto, que dio como resultado esto. Así comienza la autocrítica, partiendo del ahora para sopesar los aciertos y torpezas del pasado. En alguna parte escribí: escribir cualquier cosa con la intensidad de una nota suicida, como constancia del estar que se evapora. Hoy ya no sé cómo hacerlo, y no sé si antes lo supe. Temo estar entrando en una (otra) fase neurótica de incapacidad para regular verbalmente mi propia circunstancia. Pérdida de la capacidad narrativa, así de simple puede definirse la neurosis, porque dice la Zambrano que "nadie es completamente desdichado si puede contarse a sí mismo su propia historia". Pero me parece lejana ahora esta facultad, no sé qué me estoy negando o a qué estoy escapando. Lo estoy haciendo, sin embargo. Algo estoy evitando. Un no sé qué que queda balbuciendo. Foto: "Beach or Bust" de Anna Gay, http://www.flickr.com/photos/annagaycoan/3942153630/

domingo, 26 de julio de 2009

Cuando suficiente no es suficiente

, Suficiente amor, suficiente paz, suficiente poesía; suficiente sexo, suficiente dinero, suficiente espacio, tiempo suficiente. ¿Cuándo? En el exceso. , La suficiencia es no necesitar más de lo que se tiene; es la satisfacción exacta del deseo, balance, ¿perfección? El nivel en el que añadir o disminuir atentaría contra el todo. Todo es suficiente; más, menos, no. Pero satisfacer el deseo es también clausurar la posibilidad del deseo cumplido, volviéndolo necesidad. El deseo, cuando es real, es imposible de satisfacer. , Esta filosofería --que, como saben, pueden hallar expuesta en suficiencia y mayor belleza en Maimónides-- llega en medio del espectáculo de la insuficiencia, un espectáculo natural de la posmodernidad: las ruinas de una fiesta. , El que se queda, no ha tenido suficiente. El que se va, no es que haya tenido suficiente tampoco, ¿que no puede tener más? Tal vez. El que se va no ha tenido suficiente, como tampoco el que se queda porque la fiesta (una buena fiesta, vamos) parece ser el deseo y la consumación del deseo alimentándose a sí mismos. , La reflexión es pertinente porque necesito saber en qué momento va a callarse la música (horrible, horrible) y podré dormir un poco para levantarme temprano mañana y avanzar el trabajo. Tengo sueño y tengo una muela del juicio menos. Me cuesta trabajo, disculpen ustedes, no dar un rodeo inmenso para llegar a lo que quiero decir. Las buenas noticias son que el dolor y la sangre se mantienen dentro de lo razonable. , Volvemos al problema de la suficiencia: a pesar de que me han quitado un tercer molar, y como todos saben, es una cosa incómoda, me lo he pasado muy bien en la fiesta. He tenido suficiente. Es decir, que menos fiesta me hubiese dejado indiferente, y más, me lleva al hartazgo y a un deseo nuevo: escribir porque dormir es improbable. ¿Deseo? Condición. Condición asumida, necesidad... Alguien rapea sobre el nerd posteando en medio del mundanal ruïdo. , De alguna forma escribir ahora es un acto de escapismo y exhibicionismo. No pretendo que nadie me vea escribiendo, acaso irritarlos un poco, hacerles saber que aburren... Pero no son mis invitados, y no tengo razón para ser grosero. En otras palabras me tienen contra la pared. Mierda. , ¿Cuál es el tamaño de la suficiencia? ¿El tamaño del deseo? ¿Suficiencia es paz? ¿Suficiente es suficiente? ¿Saber dejar de desear? ¿No desear más que lo que ya se tiene? Unos salen a buscar más chela. Otros entran juntos en un cuarto para buscarse las cosquillas. Otros quedan pendientes de los mínimos cambios en el color de la pintura. Lo encontrarán cerca del amanecer, asumo. O lo seguirán buscando. , Facebook y más facebook. Pensar en lo que hace falta hacer mañana, lo que tengo que leer y entregar temprano. Terminar el último vaso de agua. Tomar analgésicos. Intentar fumar. Verse derrotado, definitivamente. Más analgésicos. Cacahuates. Leer lo que hacen los amigos (que para eso son elecciones afectivas, ¿que no?) Más facebook. Cacahuates. Mensajes. Agua. Facebook. Música muy fuerte, pero menos gente. El dolor es fuerte lo soporto porque sigo pensando en tu amor. Quiero verte, tenerte y besarte, y entregarte todo mi corazón. , Si esta fiesta no se muere pronto, habrá que matarla...

lunes, 20 de julio de 2009

Sobre la madurez, Gabriel Zaid y Paris Hilton

, Llevo algunos días pensando que la edad adulta empieza realmente cuando descubres una orfandad escencial, una que no tiene que ver con tener padres, sino con una distancia abismal entre el origen y el presente. Hay un atisbo de esperanza en esto, porque si estoy interpretando correctamente, me convertí en adulto hace 16 días, luego de un proceso largo y tortuoso de tres años. Si interpreto mal, sólo tengo blues o indigestión. , Porque crecer (estirarse) no puede ser todo el juego. Me rehúso a creer que el ser humano ocurre para pasar por la adolescencia solamente. Para fazer la lucha, tal vez; para fines de interés universal, muy poco probable; para ¿trascender?, lo dudo. Pero algo hay que hacer en lo que estamos. Y tal vez parte de esa madurez beata de los sabios consiste en la conciencia de la inherente intrascendencia de cualquier acción. Por eso se puede embarcar en grandes acciones cuando se es sabio, porque da lo mismo hacerlo que no hacerlo. , Se atraviesan los asuntos eufemizados bajo la inocua fórmula "modo de vida". Bueno, hacerse de un "modo de vida" me parece la cosa más cruel, inútil e idiota que ha hecho la especie contra sí misma. En efecto, vengo de leer los Clasificados. , Gabriel Zaid ha dicho que hacerse de un modo de vida, para el artista, no debería ser tan difícil, porque parte del supuesto de que ganar dinero es un modo de creatividad, un arte práctico. Por otro lado, afirma que no fue la locura de Van Gogh la que hizo la obra de Van Gogh, sino su salud; de lo contrario, todos los neuróticos del mundo serían grandes artistas. De lo que se deduce que si hacer dinero es una labor creativa, Paris Hilton es la gran artista de nuestros días. , Carrusel: las humanidades consisten en formar profesores que enseñen cómo volverse profesor de humanidades, pero se mantienen vivas porque es más divertido subirse a los caballos que ver cómo pasan desde el suelo.

domingo, 8 de marzo de 2009

Everything in it's right place

, Sí, es una canción de Radiohead. Sí, también es un estado mental. Sí, es mi estado mental actual. (La lectura recomendada de este post debería acompañarse con la canción).
, La Señorita acaba de irrumpir. No sé cómo, pero aquí está. La consecuencia inmediata es la confirmación de que la vida sigue. Hay veces en la vida en que es fundamental recordarlo. La consecuencia, no secundaria, sino de más lenta asimilación, de la irrupción de la Señorita, es que todo va tomando su lugar, su proporción, su forma. El pasado empieza a reconfigurarse (no diré que para traerme a este punto de tan benéfica ataraxia) según la importancia verdadera de sus eventos, de la composición del recuerdo en experiencia verdadera. Sí, todo lo que hice me ha traído hasta aquí, pero no por un alarde metafísico, sino porque el presente es ineludible y las cosas no son sino como tienen que ser. Cuando existe coordinación entre voluntad y la forma del presente, lo llamamos felicidad.
, Nuevas preocupaciones, nuevos errores: si hay algo que puede ponerme nervioso en este momento, aterrorizado, es encontrarme con los Palabracaidistas. Los admiro independientemente de lo mañoso de un nombre colectivo; sus méritos son individuales y sólo cada uno podría hacer lo que hace. Escribir aplicado a ellos es más bien una obviedad: descienden de la vieja estirpe donde el poeta cuenta el mundo a partir del ahora. Mi problema es que soy naturalmente lento y demasiado analítico. Soy un imbécil, vamos. Lo que implica que por lo general me es imposible seguir el paso de la locura. Me oyera ahora mi psiquiatra, estaría muy orgulloso. La cosa es que hay una veta en la palabra hablada (en todo el rollito genial del spoken word) que me llama y al que no pienso resistirme hasta entenderlo con mis medios y según mi propio proceso de aprendizaje. Me quedé pensando en mi psiquiatra: huevos, grandísimo hijo de puta.
, Estuve pensando que gente cuyo trabajo admiro, como Julián Herbert o Alan Mills, no están realmente tan lejos, (Felipe Kong, también) en cuanto a potencia expresiva de raperos que he visto últimamente o "palabreros", slameros, o como quiera llamárseles. Alguien levanta la mano: "claro que no, idiota, si todos parten de la palabra para decir lo suyo..." Cierto, pero hay una especie de resistencia cuando se habla por un lado de poetas, y por otro de slameros. Es como si vinieran de planetas diferentes; uno y otro "bandos" no dejan de desestimarse mutuamente, no al grado de atacarse, sino más bien relativizando los medios expresivos de los demás, los recursos, hasta anularse y ningunearse. Recuerda a la soporífera dicotomía entre filósofos y poetas. Es una cosa de ver quién la tiene más grande
, El argumento contra los slameros es el reproche por lo deportivo, por la facilidad de los recursos, por la referencialidad fijada en referentes culturales, por populares, aparentemente menores, etc.; por el lado de los poetas, lo engolosinado del sonido, la autorreferencialidad de los imaginarios, el culteranismo...; hacia ambos, los excesos interpretativos, lindantes en lo ridículo muchas veces, el creerse el cuento de que se es artista (unos, como una élite del arte; otros, como parias valemadristas) y quien da cuenta de todo esto son los poemas mismos (sonetos, rap, o vociferamiento, como se quiera), que al final, se ríen en la cara de nuestra mentecata ingenuidad. 
, El arte sin concesiones debería ser algo innombrable como clase privativa de sí misma; es decir, que primara la obra en vez del análisis de la obra. Un arte verdadero sería en todo caso extensivo a todo lo humano; pasión y trabajo siempre hay de por medio, pero parece que estorbara la nomenclatura. Como la felicidad, la poesía me parece más bien una cuestión de actitud; una voluntad de querer asombrarse. Donde alguien oye tráfico John Cage escucha el sonido actuando. El puro goce de una experiencia verdadera donde las categorías realmente se disfrazan o se evaporan. Pudibundas, se hallan sin fijeza que nombrar.
, Convengamos, liminarmente, en que es poesía la sensación que se obtiene del goce estético, venga de donde venga: de la pintura, la literatura o los pasteles. Leí hace poco que la sensación de dar un beso o hacer el amor es la que nos da nuestro propio cuerpo al ser estimulado. Sí: el otro (la otra, mucho más conveniente en mi caso) nos estimula, pero es nuestra piel la que percibe: nos disfrutamos a nosotros mismos, cuando disfrutamos. Sienta lo que sienta el espectador de la obra artística, no puede transmitirlo sino reduciendo (es decir, desintensificando) su experiencia de la obra. Este proceso de bajar el volumen al gozo para hacerlo transmisible, es la crítica. Pero el hecho de la recepción, con ciertos matices que habría que apuntar, es de suyo intransferible: sentimos nuestra alma/mente/espíritu/inconsciente o lo que sea, reaccionando ante algo. 
, Todo lenguaje (es decir, todo medio de recepción) es artístico; el contexto es el que, al limitar su radio de acción, lo referencia y lo planta en su algo delimitado. No me saquen el argumento de que no hay belleza en una botella de coca-cola: 
Entonces la intención del asombro sería, en términos muy fríos, una descontextualización o recontextualización sistemática de los lenguajes. De otra forma, un acto de conciencia por el que nos descubrimos, descubriendo. Aún en otra forma: todo lo que perturba --en el sentido más amplio de la expresión, sin la referencia a lo siniestro, o no necesariamente-- es poesía. ¿Niveles? Sin duda. Pero ganamos el mundo o muchos mundos cuando el concepto de belleza se hace extensivo a todo lo que pasa por la conciencia y la experiencia. 
, Haya goce incluso en lo desconocido. Cuando releemos, reelaboramos, añadimos o sustraemos una primera impresión de la obra. El sentimiento de lo bello es la presencia de lo desconocido, el terror sublime de Kant, si se quiere. Entonces las obras, como botellas de coca-cola, sin ser más que sí mismas, están en perpetuo cambio, y como también nosotros somos bípedos de fabricación que, no por artesanal deja de ser línea de producción, al cambiar, cambia nuestro acceso a la obra, nuestra consideración de lo bello, el río en que nunca volveremos a bañarnos. Posibilidad de posibilidades, todo es posibilidad.
, Sobre la Señorita: me tiene loco y me niego a ponerme aristotélico al respecto. Todo, así, está en orden. 

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Para recibir el año que nadie parece querer

No conozco la etimología de "nueve", y sería sencillo googlearla, pero prefiero no saberla de cierto para suponer que viene de "nuevo", nuovo, lo más reciente de cuanto hay. Las noticias con respecto al mundo para el año que llega son poco alentadoras. Al parecer se nos vendrán encima las consecuencias de todos los años anteriores. Será entonces un año de cancelaciones con el pasado, una erupción volcánica sobre un prado gastado de cuyas negras rocas nacerá todo lo que no puede haber aún. Para perderle el miedo al nueve
Ah, si quieren saber el futuro llamen a madame Sasú o a Walter Mercado. El mañana es un misterio y el presente es un regalo. Por el tiempo se agradece, ¿a quién?, es lo de menos. Vivimos el mismo día perpetuo de la creación del universo, venimos llegando, como dice el querido Gonzalo Rojas, si separamos las estaciones, los días, las horas, es para entender nuestro "cuándo". Eso es un año y nada más, un cuándo que se objetiva en un día preciso al principio de las calendas. Lo recibimos con fiestas porque es un regalo; hacemos toda clase de rituales (barrer las entradas, salir con las maletas a la calle, tirar moneditas de baja denominación en las banquetas) para que la buena fortuna venga a nosotros y se quede todo el año. Es un día feliz porque es el único del año en que hay un sentimiento común de estar estrenando el tiempo. Es como cuando se cumplen años: se lleva la cuenta, claro, se hace un balance de lo que fue desde el año anterior, la vida, y se pide un deseo (¡o muchos!) en el pastel para la vida que llega nuevamente; se celebra la vida. Los días de Año Nuevo son como la celebración de la vida del tiempo. Contarlos es lo de menos, ya se sabe que los judíos van por el 3000 y algo, los chinos otro tanto, y que a cierto Papa le pareció buena idea borrarle unos años a la historia... Los aztecas también dejaban días sin nombre, porque lo adverso también debe tener sitio en el tiempo. Me gusta pensar también que cada año tiene un alma (ah, que nos estamos poniendo cursis, chale...): la del 2006 para mí fue terrible, hice mucho daño a los que amaba; el 2007 fue de puras consecuencias, "coseché" todo lo que sembré, como dicen, y perdí todo lo que creí tener; el 2008 fue muy raro, una vida nueva en un lugar nuevo, o más bien, la construcción de esto mismo, una re-construcción para mí, de lo mío. El 2009 sólo puedo pensarlo como el definitivo pase de abordar a mi vida inaugurada de nuevo, a seguir leyendo cuanto pueda, a aprender todo lo que pueda, a compartir con la gente que me rodea, a trabajar mucho, a dar todo lo que pueda. Sí, ya sé, se oye muy bonito a medianoche de Año Nuevo... pero francamente me daría mucha hueva ponerme tan alarmista como todos. El Pinche Nico dice que el 2009 no será tan malo como se dice, pero que es mejor exagerar un poco para que no nos agarren desprevenidos los golpes que el destino da. Y bueno, qué estoy queriendo decir... Pues eso, que no me quiero dejar convencer de lo que se dice del 2009. Si no tuvieramos este nuevo tiempo que se nos da ¿cuándo componer lo que no nos hace bien? ¿Cuándo planear dejar de fumar, aprender francés, casarse, esas cosas que la gente no se atreve a hacer? Pues ahora. Los noticieros, como el infierno, también se hacen con las mejores intenciones; pero si Lezama dice que el infierno está vacío, y Elizondo dijo que en lo eterno el suplicio se vuelve placer y contemplación de la ausencia de dios, que no por ausencia deja de ser divina, entonces no hay qué preocuparse tanto por nuestros infiernitos. Preocuparse lo necesario porque son nuestros: pre-ocupación ya es el inicio de la acción sobre lo que angustia, es lo anterior al acto. Espero que tanta preocupación del mundo en estos días sea el germen de lo bueno que nos falta. Bueno ya, ese fue el mensaje zen, felices fiestas, intoxiquen sus cuerpos de la manera que les sea más placentera, mucha fiesta, harto sexo, abrazo a los conocidos cuando los vea, y a los desconocidos en la distancia. El abrazo más sincero para la gente que no conoceré nunca, que su año sea todo lo que necesiten.

martes, 25 de noviembre de 2008

Filosofía y niños

1. Mi primo pregunta: ¿por qué Jesús es Cristo? Coño. Se llama David. Tiene 6 años y es una pirinola. Y ahora resulta que de la nada se le despertó la curiosidad teológica. A su edad, Dios era lo que más me angustiaba a mí. Acaso siga siendo mi pensamiento más extenso durante el día. ¿Pero por qué preguntarme a mí, a un cuasi hereje? Pues bueno, le expliqué lo que dice la iglesia, lo que le dicen los domingos: "Dios Padre hace que su hijo venga a la Tierra para enseñar el amor..." --¿Pero si es Dios, por qué muere? (fuck!) --Bueno, porque al venir a la Tierra era un hombre, como nosotros. --¿Y por eso lo matan? Yo no creo que Cristo sea Dios. Creo que Jesús el Nazareno era un excelente propagandista, alguien que legítimamente quería aportar felicidad a los demás, un filósofo popular, un enemigo del César que mereció la cruz como tantos otros. ¿Pero qué le contestaba a mi primo? --No importa cómo murió, piensa mejor cómo vivió, cómo le dio esperanza a la gente mediante la palabra... Luego me preguntó sobre el Mal, sobre la confesión, sobre el arrepentimiento. Es enfermo que exista un dispositivo espiritual que le genere una angustia tal a un niño. ¡Cómo se puede pensar en el mal! Y claro, yo tenía una culpa grande por cualquier cosa, por cualquier pequeño pecado de pensamiento-palabra-obra y omisión... Otra cosa: tiene dos nombres, el del rey David y Azael, ángel que "convive con las hijas del hombre", según Enoc. Es decir, ya en su nombre hay una carga simbólica muy fuerte de transferencia: está destinado inconscientemente a matar gigantes, a ser un picaflor. Le dije: Dios te dio el libre albedrío, sé lo que tú quieras mientras te sientas feliz. De acuerdo, la felicidad está sobrevalorada. Pero la búsqueda de la felicidad es más legítima que la de la verdad. La verdad podemos conocerla, si acaso, por lo bello: lo bello es bello tanto que bello. No aspiro a otra verdad realmente. Y la felicidad es tan efímera que hay que pensarla en fracciones de tiempo ínfimas. Esperaré hasta su siguiente cumpleaños para hablarle del nihilismo... 2. Hubo dos cosas maravillosas en la lectura del viernes pasado en el Claustro: 1) Que Edmée descubriera que después de todo era poeta. 2) Azul. Azul es una niña (¿4, 5 años?) hija de una de las poetas que leyeron ese día. A su madre como a ella las vi también en un evento de "Poesía y Movimiento" en el metro Bellas Artes donde también me encontré a Rojo. La pobre Azul estaba harta (¿qué es esto de que la gente en esta historia tenga nombres de colores? ¿Influencia inconsciente de "Reservoir Dogs"?), y recuerdo que pasó a nuestro lado indignada por el trato que estaba recibiendo... Pero con todo y el frío que hizo en el claustro este viernes, Azul se veía de lo más feliz. Mientras me discurría en profundas libaciones, la pequeña Azul me tomó de la mano y me pidió que la subiera al escenario. Arriba, sintió un poco de miedo escénico, que se diluyó rápidamente. Su madre le pidió que bajara. Azul me asegura que en una próxima lectura leerá ella misma sus versos. Los imagino bellos. Reencontrarse con amigos, atenazar el miedo a lo propio, fundar nuevos recuerdos. Si eso no es poesía, entonces no es nada. ¿Y una niñita llamada Azul viene y me toma de la mano? Haya esperanza.

miércoles, 22 de octubre de 2008

La vida y la letra, 3

,
El gorrión de Gombrowicz. Parte 1 de 2
,Parto de la “falacia de la creación”, esa caracterización del artista, del poeta, como el místico que saca mundos de la nada, como conejos de chistera. La metáfora del mago no es gratuita: hay más de ilusión (de simulacro, de percepción dirigida) en los efectos que la poesía consigue que de magia verdadera.
,Como en los antiguos, la magia consiste y acaso siempre consista en un trabajo de voluntad que involucra un modo de fe con un efecto en el mundo; pero al final, la magia surge sola y casi como a pesar de lo que podamos decir o hacer. Al igual que en el tiempo mágico del sueño, la conciencia asiste únicamente al instante mágico, inflexible ante su voluntad. Blanchot: “uno escribe un poema, pero no puede hacer, por su sola voluntad, la Obra” (o algo así, de “El espacio literario”).

,No hay nadie más escéptico que yo sobre aquellas teorías del “hombre cósmico”, o “el destino del hombre en el universo”, etc. Me parecen mala literatura e ideas muy gratuitas. Pero una cosa no deja de ser cierta, si se quiere, en términos físicos: la materia no es permanente, sino que es permanente estado de mutación, de revolución, de cambio. Aquí está la mística oriental, el I-Ching: lo permanente es el cambio, idea cara a Octavio Paz para caracterizar el flujo de la historia y de la literatura. Así, no me parece excesivo hablar de un movimiento astronómico en clave dialéctica de creación-destrucción como un transcurrir traslapado, simultáneo, del que la vida, la obra humana será un eco ínfimo e inapreciable. La vida del universo, podemos decir sin violencia, excede fácilmente toda medida temporal humana.

,La “obra humana”, la Historia o lo que se quiera -harto más frágil que el universo, ese contexto excesivo e inapresable, está condicionada a reducirse, o si se quiere, a reintegrarse a la nada absoluta del mismo devenir del universo. Si hacemos caso a los físicos doctos en estrellas, nuestro planeta es joven, pero nuestro sol envejecerá y nos engullirá, o un astro colosal barrerá todo nuestro orgullo humano con todo y sistema solar, en cualquier momento. Ojo: no soy fatalista, es el contexto en que se posibilita la vida. Esa reintegración o reducción a nada será ulteriormente tan absoluta, tan total, que no podemos imaginarla en cifra de olvido –una pequeña nada que se da por descuido o saña contra el otro-; una Nada tan absoluta que será como si el hombre nunca hubiera existido: tendríamos que destruir el universo en su totalidad, como un acto humano supremo, para marcar una impronta real en el devenir de lo cósmico. Y si a eso, a la desaparición, se reduce lo humano, bueno, uno puede trabajar y vivir en el mundo con el cuello de la camisa un poco más holgado.

,Pensaba, caro Lector, en estos días raros en que cumplo por cierto 23, que si, como los cristianos en sus momentos más felices, yo también podría ver en mi vida una misión o algo que se parezca a un destino en mi día terrestre. Uno se pone místico en fechas que constatan el paso del tiempo. Y pienso que si he venido a algo ha sido a leer. ¿No a cortar el césped, no a atender una pizzería, a conducir un camión? No: a leer, a aprender a leer, a tratar de leer el mundo, a recibir, que es una forma de darme al mundo, de estar en él.

Lo que pomposamente y no sin sonrisa podría llamar “mi escritura”, si parte de algo, parte de la ruina. Pienso en la María Zambrano de “El hombre y lo divino”: no se puede partir, trabajar sobre algo que ya está hecho: el parto mismo, el dar a luz, es nacer a partir de la ruina, de la muerte del feto, de dejar el cuerpo de la madre destrozado por nuestro paso brutal al mundo; el proceso histórico de conquista, la historia de los imperios, para su constitución, no parten de nada, de algo virgen, sino que, o se hace tabula rasa como en la colonización sajona de norteamérica, o bien se asume la ruina como cimiento para el mestizaje cultural, como en la conquista de México, proceso de asimilación no exento de una brutalidad similar a otro parto. Partir de la tierra fértil dejada por el paso de la piedra volcánica que ha arrasado con lo que había, y deja la devastación lista para lo que viene. Partir de la ruina: ¿cuál? La de los ídolos, las utopías, las ideologías, que como vestigios conforman momentos de lo real y se suceden ante nosotros; o de esa otra ruina que es la palabra, imaginada torre de marfil para lo más grato que puede dar el hombre (los salmos del Rey David, la Vita Nuova de Dante, Platón mismo); pero también de su contrario, la constatación del fracaso de lo humano, del dolor, de la imposibilidad de ser algo más que sí mismo (el libro del Eclesiastés, Job, Rimbaud, Philip Roth)

,Todo trabajo, toda escritura, parte de una grieta, de una escisión que amenaza con rompernos. El poeta Milán ha dicho que la permanencia abierta de la herida es lo que hace posible la escritura. ¿Cuál es esa herida, esa grieta? Primeramente la inserción violenta en el mundo, el sí-mismo de ser hombre. Si a mis tres lectores les parece demasiado gratuita mi respuesta, piensen que no sólo la escritura, o el arte, sino cualquier actividad humana parten de la existencia en el mundo (aquí me confieso existencialista irremediable) para dar paso a lo demás, y que lo demás, es decir, la vida en el mundo, está limitada por la condición mortal, y posteriormente, excediendo todo término humano, por la del proceso de destrucción en que se debate la vida del universo. Así, no sólo la escritura, sino la contaduría, la alfarería, la pesca deportiva, el tenis de mesa, cualquier actividad humana, es prolongación, remedo del nonsense que da lugar al universo. No estamos hechos para durar: nos hacemos creer que duramos (oh, Augusto) para no pensar en la muerte, la mayor cobardía imaginable. ¿Aceptaremos los dones de la vida y no la condición mortal que los hace posibles? El empeño, la necedad, de la creación poética es la intuición de ser eco de ese movimiento mayor del universo; que ante la palabra somos un poco eternos, como dios, esa forma en que el universo se concreta, sin dejar por ello de ser hombres. De ahí nuestro entusiasmo; de ahí nuestra derrota.

,A veces imagino que ese gorrión colgado (que es pretexto y principio de esa novela diáfana y enfermiza que es “Cosmos” de Witold Gombrowicz) que encuentra el personaje Witold en medio de unos arbustos, no fue muerto y luego colgado, o apretado por una mano siniestra hasta la muerte, sino (ay, si seré cruel por imaginar estas cosas) atado vivo por el cuello de un cordel acaso muy corto, donde para respirar, para seguir un vivo, el gorrión no podría sino volar. Imagino a veces que somos como ese gorrión colgado, condenado a su aleteo feroz y desesperado –desesperado por la pérdida de toda esperanza, como en la entrada al Infierno de Dante-, y ya por desesperado, por irremediable, placentero -como el Infierno de Elizondo, donde en lo Eterno el tormento físico sería expresión divina, por tanto comunión con Él-; o si no placentero, por lo menos no inmediato; y en este no-ser-inmediato, lo suficientemente extenso para ensayar el vuelo acrobático, la arquitectura de catedrales efímeras de vuelo, teorías veloces de los mejores modos para enredar la soga del cuello y desenredarla, escritura de alas, conocimiento basado en la fenomenología del vuelo circular hacia la muerte; incluso canto.

Será necesario cantar incluso en el agotamiento de fuerzas, el suave sopor de los músculos de las alas, alas que poco a poco se enredan en sí mismas, el mareo de vuelta y vuelta por el eje terrible de la rama donde no podemos posarnos, la presión de la soga alrededor del cuello que sugerente invita más bien a rendirnos que a continuar el vuelo hacia ninguna parte; todo mientras se cantan los estados del cansancio, las flores que se ven alrededor, el sol altísimo, el niño siniestro que nos observa a distancia prudente, y cantar durante el trayecto circular las estaciones de nuestro patíbulo de aire.

,En estos términos, la "falacia de la creación" equivaldría a decir que ha sido el gorrión mismo el que se echó la soga al cuello. Lo más cercano a la verdad, según mi parecer, sería asumir que la condición del canto es la cuerda; que acaso enmudeceríamos sin la bendita cuerda: seríamos inmortales. Qué severidad...

Imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiwXArY6iA3iXReN9v8fVLTxy5ty1vlPkvQVo6FUdq8BFHe6Ha23ZSOoVadie4L7DNfUmwOJgU6kiXtijR89FEuD-X4ZDgJMJwYLFfbggUZaHVDlXsAILn3fH3yeF_b8eYsOskdRi1ptGeA/s1600-h/Witold+Gombrowicz+COSMOS.JPG

domingo, 19 de octubre de 2008

De poetas y por qué deberíamos matarlos

, , Poeta, poetas, poesía, poesías, poesías completas, poema, el poema. Estas palabras son para mí lo más tenebroso. Adivine qué púdico irremediable soy; sí, me asusto con bien poco. , Me son tenebrosas más que ninguna otra palabra, tal vez por el grado de incertidumbre de su sentido. Entendamos: una palabra debería revelar, con relativa claridad, su sentido. Pero es cosa de las palabras más simples ocultar un sentido de lo menos evidente (piénsese en “vida”, “muerte”, “historia”, “amor”…) Son conglomerados de sentido más que palabras, cuyo sentido por cercano se vuelve indefinible. Todos sabemos qué es la poesía, la sensación de lo poético, vamos; sabemos también que los libros de poesía los escriben unos señores que se llaman poetas. Ya dependiendo del diccionario utilizado, poesía son ya los rengloncitos entrecortados, rimados o no, a cuyo conjunto (es decir, a la suma de varias poesías) se llama “poema”, o bien, en un juego de intercambios, poema y poesía designan la zona mínima de un texto poético. Ajá. , Pero la vieja interrogante se mantiene: ¿qué es la poesía? Si no seguimos preguntando esto a pesar de 3000 años de poesía occidental (oh, Diosa) es evidente que la pregunta acaso sólo se responda desde la práctica. Tratados sobre el tema se escriben, pero en general sobre arte y en particular sobre poesía, toda teorización cobra la forma de un sistema riguroso de lo subjetivo; una disquisición profunda sobre una cuestión absolutamente personal. Acaso la condición misma de la poesía sea su carácter irresoluble. Así de entrada, la poesía es un problema. Pero dice Lezama: sólo lo difícil es satisfactorio (¿así dice?) , La interrogante del poeta: según Keats, el poeta tiene todos los rostros, lo que equivale a decir que no tiene ninguno (acá entre paréntesis, con perdón de todos, el poeta Keats me aburre profundamente por etéreo, pero tal vez sólo soy una mala persona); según Mallarmé, poeta es el que devuelve su sentido original a las viejas palabras de la tribu --¿antropología verbal?...; según Hölderlin, el poeta es Otro; según Gombrowicz, forma parte de una ridículo club de posers, que se dedican a escribirse unos a otros y a darse premios; según Milán, hace pirámides; según los surrealistas, somos todos; según la Castellanos, no eres tú; pero yo me quedo con Platón: el poeta, perdón, el Poeta, es un Nadie a quien debiera dejarse Fuera, de quien debiéramos Cuidar a nuestros niños, Alejarles de Su Compañía: el Poeta es un autosugestionado esquizoide, enamorado de las apariencias, perjuro, porque no busca la verdad, y habríamos, vamos entendiendo esto de una vez, de prontamente colgarlos a todos (como al gorrión de Gombrowicz, esperando que se cansen de volar y acepten su frío destino) , O será que el Poeta, lo que es decir los poetas, no son tan terribles y yo soy el único que anda de pleito con ellos; o no con ellos (con algunos, sí, cómo no), sino más bien con la fanasmagórica “Institución Poeta”. , Al susodicho Poeta no puede definírsele por su ser social: ¿tienen un modelo específico de trabajo que determine su impacto social? ¿Cómo impacta su trabajo el producto interno bruto de los países? ¿Es tasable en términos económicos una obra literaria? ¿Un libro de poemas tiene un modelo claro de certificación para volverse tal? ¿Se preocupa por la responsabilidad social? Al plantear estas preguntas, entendemos claramente la desconfianza del lego cuando se encuentra un poeta por la calle: “ajá, eres poeta, ¿pero en qué trabajas?” ¿En qué medida está en contradicción lo brumoso del trabajo literario con el hecho de que México sea uno de los países que otorga más apoyos, incentivos y becas a la producción cultural? Estoy confundiendo dos cosas: 1) el poeta es a pesar de su medio; 2) el poeta es. Madres. , Estoy persuadido a partir de la lectura de Gombrowicz, de que el poeta sólo puede ser en compañía de otros poetas. Es como un elemento químico que sólo por la violencia del análisis puede separarse de su contexto natural; y esta violencia, si queremos entender qué es un poeta, no nos dice mucho, porque al aislarlo encontraremos seguramente un hombre, una persona, pues, una biografía. Raras veces una mujer :) , Lo que molesta es que en los poetas TODO sea de la más absoluta importancia, TODO sea inaplazable, o TODO sea el trasunto general de un ESTO, y en ese juego de contradicciones nos quedamos embelesados y no entendimos nada. Eso explica por ejemplo el terrible carácter de los poetas. Soportan alguna ingenuidad de los mortales de vez en cuando, pero saben que en el fondo siempre tienen la razón. Son maestros de la eurística, el arte de disfrazar un argumento para que parezca válido y total. Mienten. Son maravillosos con las señoras que asisten a escucharlos, cálidos, sensibles a sus impertinencias, y con gracia firman lo que les pongas en frente. Pero en privado confiesan terribles antinomias con mordacidad, fundan sus enconos; son la gente menos digna de confianza: siempre lo entienden todo al revés, su trabajo está en leer mal. Prestidigitan los libros que les prestas, cheques de varia procedencia, licores duros, sobre todo caros aunque no se explique uno cómo se los costean (tal vez para develar este misterio haya querido o en algún momento, ser como ellos); se introducen sustancias de todo tipo en cualquier orificio a manera de divertimento. Ríen y hablan muy fuerte, de manera que se les note. Huelen mal. Mastican las palabras como bestias, salivando retazos de sílaba por las luengas barbas o resecos y lampiños mentones (hay calaña de toda variedad). Y si se trata de una poeta, la cosa empeora, porque en algún momento la plática se convertirá en un discurso por alguna clase de reivindicación, y todos los presentes serán los acusados, primeramente, de ser hombres necios y acusar a la mujer blablabla… y luego, de no citar (en un ruso decente) en el último poemario a la Ajmátova o la Tsevaieva, o de no erigir monumentos y quemar incienso en memoria de la Plath. Algunos poetas hasta son buenas personas. Toda mi fe está en toparme alguno. , Algunos libros de poesía parecen incluso un catálogo de crímenes, la poesía debe ser el arte de la delación, de la traición al secreto, la palabra como tortura que lleva el germen de la confesión: pienso en Las flores del mal de Baudelaire, en el poema “¿Qué se ama cuando se ama?” de Gonzalo Rojas, en uno de Gelman… ah, ¿cómo se llama? Los de esa serie que se parece a los de Spoon River de Lee Masters… Joder. ¡Tienen pacto con la memoria, además de con el diablo! , Vamos, que no hay ni que escribir hoy día para ser poeta. Ahí está don Alí Chumacero, para quien es señal de inmadurez escribir poesía luego de los 40. , Creadores al fin, se creen divinos: por gracia de su santo Patrono, el milagroso niño Orfeo, dan y quitan sus dones (su amistad, por ejemplo) como si tal cosa, por desavenencia ya de forma o fondo; es bueno, parecen decir, pensar y compartir, siempre y cuando al final, yo tenga razón. ¡La historia de la literatura es una summa de destazamientos! Luego entonces, poesía y poeta son cosas (mutuamente excluyentes) que existen para saciar diversas intensidades de destrucción. , Esta enumeración mala-lechosa (que bien pudo llamarse: Haz patria, mata un poeta) es, sí una suma de discordias y decepciones del que escribe. Pero me baso en observaciones de primera mano: 3000 años de poesía no pueden estar equivocados.

lunes, 6 de octubre de 2008

La vida y la letra, 1

, Abrimos el compás: en cualquier actividad humana hay un principio de corrección, de lo que puede o no puede un hombre en un trabajo; y una ética, lo que debe y no debe por ninguna razón; lo cerramos: en arte, esto es determinante; lo constreñimos: en poesía, es vital. , Hablando con una amiga artista plástica, me cuenta que pinta para sí y tal (tiene años dando un taller en Juárez). Yo le cuestioné sobre su negativa a exponer, es decir, a publicar su trabajo. No es necesario, es mío. Puntos suspensivos. Claro, ¿pero no hay como una cancelación de las posibilidades de la obra cuando se recluye? ¿Cuándo se encarcela por miedo nuestro en vez de por pudor intrínseco de sí misma? No creo que una buena obra sea pudorosa, por lo demás. Creo que puede hablar en voz baja (¡que debiera aspirar al susurro!), o callar completamente, que no es lo mismo que ocultarse, que negarse la posibilidad de ser. ¿Ser en lo oculto? No estoy seguro. , Primer plano: la obra expuesta/publicada/ejecutada, es. Es, porque entra en oposición a lo que no es, a lo que está en la nada, en lo increado, en lo imposible. Si es una obra imposible (ciertas partituras imposibles de ejecutarse de John Cage), es en latencia, esperando al virtuoso, por ejemplo, o al contrario, siendo –obra, plena de sí- simplemente como posibilidad, como silencio impreso que sabe que su ejecutante no llegará, y qué bueno. , Segundo plano: hay un mecanismo de recepción de la obra que no es claro, que no tendría por qué serlo. Dice Casar que el crítico es un lector especializado. Entiendo el sentido, pero me suena como que esa “especialización” legitimara artificialmente una función. ¿No sería mejor decir que el crítico hace posible un horizonte de disfrute? Pero pervive la imagen del crítico feroz como oficiante del principio de corrección: esto puede y debe hacerse, esto no puede, y bajo ninguna circunstancia, debe hacerse. , La institución crítica implica una toma de temperatura de una obra y lo suyo. Es la apuesta por un margen de sentido en referencia a la obra. Respuesta a ese apostar primario de la obra; réplica sin la que puede vivir la obra, pero no mejor. , Me preocupa, sobre todo en los talleres literarios o las publicaciones estudiantiles, esa como justificación sin justeza del “es que escribo para mí” o sus variantes: escribo: -desde el alma -porque sí -pero no me interesa explicarlo -pero no quiero entenderlo -pero me vale si no se entiende -pero cállate ¿Entonces qué coño hacen en un taller? ¿Por qué publican? , Hay buenas razones para publicar; hay mejores, tal vez, para no hacerlo. Desde Paz que aconseja publicar todo lo que se escriba (y predica con el ejemplo), hasta Borges, que lo ve como un fin puramente práctico: publiquemos, así no nos pasaremos la vida en correcciones. , Alguien me dejó en mi cara-libro: “ya publica buey”. ¿Qué? ¿Dónde? ¿Para qué? , Me di cuenta de que me aterra la crítica. La crítica revela: es la luz que revela la forma del monstruo. Más: el monstruo es revelación, pues todo en él está expuesto, no hay ocultamiento. Como la doctora Revueltas, pienso en Coatlicue: ¿dónde está lo hermoso de la piedra gigantesca, con todos esos dientes y víboras? Todo es evidente: órganos de vida, mismos que de destrucción. Creo que también Paz la refiere… Ok, cambio de referente. ¿Les parece dios? Bueno, dios siempre se revela. Dios no es lo evidente en términos de cercanía sensorial, de “evidenciable”, sino que su manera posible es la revelación. El “silencio” que viene como corolario a la oración cristiana, el silencio divino, la no-revelación de su potencia en favor del suplicante, se interpreta también como una respuesta divina, una revelación de la intención divina que es una anti-revelación, una revelación por ocultamiento. Ergo, dios es un monstruo. , Antes aguantaba más vara: podían decirme que mi (según yo) logradísimo poema, con un chingo de imágenes (según yo) bien acá era la cosa más pendeja que se había escrito desde que Cervantes inventó el español (me refiero a Francisco, no a Miguel); o que cuando (según yo) hablaba de algún tema trascendente, a saber dios/muerte/pájaros/pechos, en realidad estaba exponiendo las excrecencias de un profundo e infantil complejodedipo, que la verdad era más gracioso e interesante que el poema mismo. Lo que se aprende es que la palabra implica la responsabilidad por la palabra. No confío en los artistas que dicen “una vez que la obra sale de mí, ya no es mía”. Creo que lo leí en una entrevista con Mutis y me quedó zumbando. No es posible desentenderse de esa manera. ¿Vamos a recibir los premios y todas esas cosas de los aparatos culturales, pero, ah, nos negaremos a recibir de buena gana un par de puntapiés en el ego, o como dice Raúl Zurita, un escupo en plena boca, cuando lo que esperábamos era un beso? Según yo, es el mismo movimiento.